22.10.12

SOBRE "TALLER SUB VERSO" DE GIANCARLO HUAPAYA




Lo subverso y lo subclásico en Taller sub verso, de Giancarlo Huapaya



Un libro también puede ser una apariencia de libro. Una suerte de calco de sí mismo que, en su automímesis, no llega a captar su propia imagen por completo –sin que ello nos aleje demasiado del mito de Narciso y de su muerte. Un libro puede ser un taller y la parodia de un taller. Un libro puede ser muchas cosas hoy; pero no puede ser una promesa incumplida. No lo puede por una sola razón: el incumplimiento. No, porque no debe haber una promesa de libro, sino un libro, aunque sea fallido. Un libro tiene que ser una promesa y su (intento de) cumplimiento, pues…

…no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes. Cuando se atribuye el libro a un sujeto, se está descuidando ese trabajo de las materias, y la exterioridad de sus relaciones. Se está trabajando un buen Dios para movimientos geológicos.
(…)
Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con deslindar, cartografiar, incluso futuros parajes. (pp. 10-11) (1)

La cita de Gilles Deleuze, nos alarma por algo que se nos escapaba en el momento de leer el libro de Huapaya (1): el yo poético en Taller sub verso propone planteamientos, resignifica, crea conceptos de mayor o menor debilidad lógica. Instruye (como en los talleres). Esto solo lo podemos tomar de una forma paródica. Y, en verdad, sería mejor que el autor haya tomado de esa misma manera su propuesta de libro, pues de otra forma, es indefendible.

Compuesto por textos titulados con cada una de las letras del alfabeto, sorprende el tono categórico e impositivo que se impone renuentemente a lo largo del volumen. Abunda en verbos en modo imperativo:


“Realicen”

“Flexionen”

“Conviertan”

“Gesticulen”

“Politicen”

“Rumbeen”



Aunque también se insertan otros textos construidos a partir de una primera persona del plural, y que resultan acaso los más interesantes, pues no están rociados con esa pátina un tanto edificante, constructiva de significaciones en relación con el mundo:

Este taller será sumergido en el mar. Ahí vamos a construir una ciudad erógena, con babosas medusas y malaguas de todas partes del narcoestado. Este taller ahora será enterrado en el subsuelo. Antibiótico. Sus dominios tendrán que sobrepasar las vidas y las muertes.

Aún así, demasiada claridad. Sobreexposición al foco del significado. Programatización de un libro que pudo ser, como lo sugiere el mismo Deleuze, más una cartografía, un registro simbólico territorial y deslindado, que un manual de instrucciones con resonancias épicas.

¿Fue hecho Taller sub verso, como me pareció en el inicio, con un afán (auto)irónico, paródico, o fue un frustrado intento de narcotizar --en griego, "narciso" y "narcótico" tienen la misma raíz: narké (2)-- al lector, de zombizarlo (perdonen el neologismo) para que el yo poético se erija jerárquico, incólume, estridente en su inútil didactismo?

Algo que abona a favor de la narcotización es la presencia, inusitada y divergente, de una línea escrita en primera persona, con una (re)carga personal y un desespero rupturista inocultable:

Trátame como si fuera tu inodoro… (W)

Por fortuna, en los pocos textos escritos en segunda persona hay algo que escapa a una determinación neoclásica, o subclásica, que, pese a los riesgos formales asumidos, predomina mayoritariamente en el resto de Taller sub verso. No se engañe el lector, sin embargo. Con aquella fisura confesional (“Trátame como si fuera tu inodoro”), con esa demanda que sería la delicia de un psicoanalista, lo que se busca no es erosionar la preeminencia del yo poético: ¡todo lo contrario! Se procura constituirlo como algo inmune incluso a las abyecciones: el director del taller seguirá siendo el director del taller, lo traten como lo traten. ¡Miren! Incluso él mismo pide que lo dañen para hacerse más fuerte (y con ello más clásico, mal que le pese).

Estamos frente a un libro en cierto modo interesante, por su esfuerzo de sobreponerse formalmente a todo lo que intenta significar. Es un libro, no obstante, que no pone entre paréntesis, rediseña o elide la función clásica del yo poético; más bien, se regodea en esa función cubriéndose muy mal con la frazada siempre corta de lo sexual-subversivo-político. El frío del suelo de mármol (sub)clasicista siempre cala, sin embargo, y hace daño si lo que se busca es de algún modo el embuste (todo taller tiene algo de embuste) y no poesía concreta (atención: no concretista). Ello, al menos, en el caso de Taller sub verso.



Notas

 (1)  Giancarlo Huapaya es un entusiasta performático, además de un interesante generador de eventos poéticos y de otros tipos. Acá, nos hemos centrado en su último libro hasta ahora.

(2) DELEUZE Gilles, Mil mesetas. Pre-Textos, 1980. Introducción.

(3) CAIRO Giovanni, Dizionario ragionato dei simbolo. Forni Editora Bologna, 1967. Página 198.


(En la imagen: el poeta y su libro.)

8 comentarios:

  1. Anónimo22.10.12

    Coral, estoy de acuerdo con lo que dices, pero cómo se te ocurre escribir esta reseña si Huapaya está organizando un festival de poesía ahorita. Falta de cálculo.

    Richi

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  2. Mi estimado "Richi", si yo me rigiera por calculos no escribiría casi nada, salvo cherris. Respondo a mi parecer con esta reseña.

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  3. Anónimo23.10.12

    Guapaya es un escritor del próximo siglo, él ha refundado la poesía peruana y ha hehco que la porquería salgan de las catacumbas y se punestre tal como es, su taller debería hacerse realidad, él tiene mucho que enseñarte, tú eres un clásico que solo sabes escribir, él tiene un equipo que lo llevará a Marte!!!!!!

    Juana

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  4. Anónimo23.10.12

    Ja ja ja Juanitanaaaa

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  5. Anónimo25.10.12

    Mary Juana.

    Pobres.

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  6. Anónimo3.11.12

    Me parece mal que un poeta que solo tiene un poemario publicado Frido Martin, se codee con grandes poetas peruanos como jorge pimentel, o hinostroza. Es la tercera vez que se presenta este poeta que solo con bachillerato ha dictado en maestria en San Marcos. Hasta Luucho Chueca tiene más obras y doctorado en Chile. Frido es envarado y ahora hace ayuda social? Gana como 4000 soles al mes debe ayudar a Guillermo Gutierrez.

    Petronio (y no soy neonazi)

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  7. ¿Y como cuántos poemarios crees que uno tiene que tener publicados para "codearse" con los "grandes"?

    Con respecto a la vida académica de los nombrados, no tengo la más mínima información ni me parece relevante.

    Más bien sería interesante hacer un seguimiento hacia atrás a un profesor de San Marcos que se fue del Perú en los 90 con un cartón de Azángaro.

    (Pero eso déjamelo a mí :)

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