22.11.12

Henry Miller y Yorgos Seferis: el encuentro



El encuentro entre grandes escritores y poetas es normalmente un hecho memorable. Recuerdo dos casos históricos notables: el más bien desencuentro entre Hölderlin y Goethe, a instancias de Hegel, y el misterioso encuentro entre Paul Celan y Heidegger, en la casa de Selva Negra del filósofo.

El encuentro entre el autor de Trópico de Capricornio y el poeta griego laureado en 1963 con el Nobel de Literatura, fue más bien amable. Se dio poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Apunta Miller:

Seferis es más asiático que cualquiera de los griegos que he conocido. Originariamente es de Esmirna, pero ha vivido muchos años en el extranjero. Es lánguido, afable, vital y capaz de realizar sorprendentes proezas de fuerza y agilidad.

(…)

Es un apasionado de su país y de su pueblo, no por obstinado fanatismo, sino como resultado de un paciente descubrimiento hecho durante años de estancia en el extranjero. En otros pueblos tal actitud la encuentro desagradable, pero en el griego me parece justificable y no solamente justificable sino emocionante y estimulante en extremo.

Tenía una especial manera de proyectar su mirada hacia el porvenir o el pasado, de hacer dar vueltas sobre sí mismo al objeto de su contemplación, a fin de poner así en evidencia sus múltiples aspectos…

Seferis, por su parte, como muestra de amistad, le dedicó a Henry Miller su poema “Los ángeles son blancos” –título sacado de una novela de Balzac--, que comienza con estos versos:


Como el marinero en los obenques, se deslizó a lo largo
Del Trópico de Cáncer y del Trópico de Capricornio,
Y era muy natural que no pudiera detenerse ante
Nosotros, a la altura de hombre.

Y termina con esta voz:


“Los ángeles son blancos, calentados al blanco, y el ojo
Se aja cuando se atreve a mirarlos de frente.
Y no hay otro camino; es preciso volverse como la piedra
Cuando uno busca la compañía de la piedra,
Y cuando uno busca el milagro es preciso sembrar su
Sangre a los ocho rincones del viento,
Por cuanto el milagro no está en ninguna parte, sino que
Circula por las venas del hombre”.

---Hydra-Atenas, noviembre de 1939.

(En la imagen, el poeta griego recibiendo el Nobel en Suecia.)

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