28.5.12

Handke y la soledad de la literatura


Reseña del filósofo español al libro de Edgar Borges El hombre no mediático que leía a Peter Handke.





Viernes, tarde, calor. Una luz cegadora aplana las calles. Escondidos tras el ocio estival presentamos ayer en un pequeño espacio de Madrid, ante un reducido público desconocido, el hermoso libro de Edgar Borges El hombre no mediático que leía a PeterHandke. Bajo este largo título, dentro de una cubierta azul, se escondía el sencillo diario de una indagación sobre el destino de la literatura en este tiempo de estruendo.

El libro de Borges tiene todas las características de una obra fronteriza: no es exactamente una novela, aunque tiene elementos de ficción; ni un diario, ni un ensayo, aunque contiene abundantes reflexiones; ni una narración al uso. Se podría decir que estamos ante una obra fronteriza que no podría no haber sido hecha. El propio autor aparece dentro de ella como un personaje obsesivo, un poco fanático, enfermo por el encierro en una investigación que no acaba de cerrarse y le obliga a romper amarras con el mundo comercial de la literatura y sus agentes comerciales.

La familia del autor, sus hijas Camila y Miranda, su mujer Nathalie, que aparecen en un delicioso claroscuro tras la obsesión creciente de Borges y su encierro, también sufren las consecuencias prácticas y diarias de esta “investigación” frenética. Hay algo del Elloegoísta del escritor, que no acepta aplazamientos ni compromisos externos, que hace sufrir un poco a las dos encantadoras niñas que se insinúan al fondo, también a la paciente Nathalie, que más de una vez parece a punto de romper la baraja de la convivencia.

Todos los elementos de incomprensión cívica que rodean a la literatura se presentan desde las primeras páginas de este libro, a pesar de que las tres figuras femeninas están rodeadas de un halo de gracia que no siempre, los que tenemos una labor así de absorbente, tenemos la suerte de encontrar. Pero la literatura no sería nada sin la prueba de la incomprensión externa y las servidumbres cotidianas (ganar dinero, cuidar a los tuyos) que la sociedad representa, encarnada en la figura del agente literario que sabe lo que se vende y lo que la gente quiere.

Aparentemente, el libro de Borges está plagado de nombres del mundo literario, de Vilá Matas a Barjau, de Handke a Vicente Luis Mora. Bajo esta superficie reconocible, creo que el objeto de la investigación es más bien el sentido anónimo de vivir. Quiero decir, la soledad del sentido (no sólo de la literatura, también de la vida) bajo este régimen de poder que Borges denomina “absolutismo social” (p. 219), este masivo control que hace tan difícil hoy pensar y vivir de modo distinto sin ser un marginal.

Para combatir este cerco, Borges utiliza la capacidad asombrosa de Handke para cruzar umbrales, para recrear estados mentales y físicos que siempre están en tránsito, despejando cercos, cruzando distintas prisiones. Diría que las dos niñas que pululan por la casa, y la sabia silueta de Nathalie, no dejan de representar la imagen de una infancia que no sabe nada y lo sabe todo a la vez. Una adolescencia, una crisis, que lejos de ser una etapa que se puede dejar atrás, siempre vuelve como la vacilación crucial que atravesamos en el umbral de cualquier decisión. La juventud, si se quiere, no como una edad más, sino como el punto de fuga de cualquier edad. El filósofo Giorgio Agamben explica muy bien en “Genius” (Profanaciones) el lugar capital de estas crisis inconfesables.

El proyecto de Borges, su investigación, como a Handke y a su personajes, le obliga a estar en perpetuo movimiento, atravesando Puertas (así se llaman los capítulos), pasillos, umbrales, estancias. A veces el cansancio agudiza la percepción, la hace enfermiza y permite (en casa o en la calle) ver y oír otro sonido del mundo. Con frecuencia el libro toma la forma de un diario donde se anotan los segundos (7:32) precisamente porque el tiempo no pasa, o transcurre infinitamente lento en la espera de algo. Mientras tanto, nada parece ocurrir. ¿Qué ocurre cuando no pasa nada? ¿Qué es la vida cuando los segundos transcurren a cámara lenta y golpean las sienes? Esta es otra pregunta contemporánea que Borges modula en distintos registros.

Se podría decir ahora que, de todos modos, el destino atormentado e incomprendido de Handke es el de la misma literatura. Aunque él no hubiera tenido el infortunio de tropezar con el caso Serbio, Handke sería igualmente poco incomprensible para un público cautivo de la información y sus consignas generales. Casi podríamos agradecerle a la implicación de Handke contra las injusticias cometidas con esa nación satanizada, el haberle librado de un éxito y una popularidad que, para el autor de Carta breve para un largo adiós, eran a todas luces equívocos.

Para un autor que tiene algo que decir, algo que le atraviesa y no es de su propiedad, el “éxito” no es menos peligroso que el “fracaso”. El éxito puede se también un mecanismo de anulación, no más fácil de llevar que la impopularidad o el silencio. Para empezar, el éxito comercial confunde (a veces, al propio autor) sobre una cuestión básica: la inmediatez mortal, el secreto común del cual se ocupa la literatura, jamás será patrimonio de este totalitarismo de la transparencia pública. La vida jamás pasará a la Historia, por más que se empeñe el oscurantismo de la información.

Clarice Lispector, por ejemplo, nunca ha sufrido un “tropiezo” publicitario como el que afectó a Handke y sin embargo es tan celebrada como ignorada. Bajo su halo de estrella mundial de las letras, permanece escondida para un gran público y una maquinaria cultural que sólo buscan en la “ficción” el suplemento de efectos especiales que complemente la esclavitud universal a la economía, ese pragmatismo que rige sobre todo las intimidades.

Aparte de las razones políticas, no tuvo mal olfato literario Sartre cuando rechazó el Nóbel. En todo caso, estoy de acuerdo con Edgar Borges en que lo más herético de Handke es su forma de intentar comprender al hombre, su perpetua metamorfosis, esa atormentada incomunicación de unos personajes que, aprisionados en un interior que reproduce el mundo, ayudan a despejar barreras y a entender la vida de otra forma. Por eso los personajes de Handke, en su perpetua ambivalencia, no dejan de representar elcualquiera que somos bajo nuestra costra de identidad.

La gente no lee porque no quiere estar sola ante eso. Las pantallas tiene la ventaja de que te conectan al estruendo gregario; están pobladas de enlaces, opiniones, fotos, comentarios y todo ese narcisismo compartido en que se ha convertido la comunicación. Por el contrario, la literatura brinda una comunicación que una y otra vez ha de atravesar la incomunicación de vivir y ser único. Una página de Handke o de Lispector te devuelve a un mundo primario donde la tecnología y su religión de la seguridad no valen nada. La literatura nos arroja a una infinita soledad en la que hemos de atravesar páramos sin la cobertura y las “aplicaciones” que el dios Sociedad maneja, protegiéndonos del miedo mientras nos hace sociodependientes.

Borges reproduce varias veces una obsesión de Handke: aplazar la opinión salvadora, insistir en la contemplación, en la duración de esta fugacidad inmediata, hasta que nazca la gravedad de una sensación nueva. La idea se parece mucho a ese reto del músico John Cage: escuchar los sonidos del mundo antes de que sean un signo que circula, un código universal. En los dos casos, como en otros, se trata de perseverar en la percepción hasta que se convierta en imagen. Siguiendo a Handke, Borges llega a hablar de una “ecología de lo no advertido” (p. 247), podríamos decir, de lo que para la sociedad es imperceptible. El cansancio, el de la creación, transfigura el mundo, nos hace porosos a la epopeya de todos los seres vivos.

Por eso, instintivamente, los creadores como Handke han de viajar continuamente para desquiciar la seguridad, para percibir los signos por fuera de nuestro dogma in-formativo. Se trata, para mantener la ciencia del ser único que respira en lo inmediato, de mantener buena relación con el movimiento y mala con la fijeza que nos retiene.

Entonces uno, bajo las tonterías de la identidad, roza el “comunismo” de ser cualquiera. Bajo la literatura subyace la herejía de que la “cura” del hombre, su salud y su seguridad, se encuentran en aceptar la enfermedad de vivir, una subversión que comenzaría por la aceptación. Pero nuestra sociedad no puede dejar de ser oscurantista y represiva en este punto. Como estamos incapacitados para la afirmación, desde la condición mortal, nuestro Bien sólo puede basarse en un Mal continuamente sustancializado en otros. Por eso nos pasamos la vida buscando judíos, musulmanes o serbios a los que masacrar impunemente.  

No es fácil que, con o sin el escándalo del “caso Handke”, una literatura que apuesta por la afirmación del universo mortal de la inmediatez encuentre el aplauso de la aldea global, un “supuesto mundo” que nunca ha salido de la mitología del recambio perpetuo, de la velocidad como gran idea fija. Es de agradecer que Edgar Borges, con su estilo aparentemente modesto, nos haya recordado toda esa grandeza que habita en la cercanía de unos seres que respiran, como los árboles, indiferentes a la historia. (Ignacio Castro Rey. Madrid, 19 de mayo de 2012)

Siu Kam Wen venció a los dragones editoriales y publicó




La periodista Maribel de Paz le hace una larga entrevista al escritor Siu Kam Wen, quien, por fin, acaba de publicar su nuevo libro, El verano largo. Les dejo la primera parte de la entrevista para Caretas.


Sentado ante un té jazmín en un chifa en pleno Barrio Chino, la primera constatación salta a la vista: Siu Kam Wen sí existe. El escritor chino que pasó su juventud en el Rímac para luego afincarse definitivamente en Hawaii, ha sido de un perfil tan bajo que hasta su mismísima existencia parecía habérsele negado cuando en 1986, luego de que saliera a la venta su primer libro El tramo final, alguien comentó que nombre tan oriental bien podía tratarse de mero seudónimo de otro autor. Ahora, dueño de perturbadora fascinación juvenil por los venenos, Siu Kam Wen anduvo de paso por Lima para presentar el pasado 17 de mayo su última novela, El verano largo (Casatomada, 2012), libro basado en el encuentro y posterior reencuentro de una pareja con 38 años de por medio. Ambientada en la conflictiva Lima de 1971 con sus enfrentamientos políticos y marchas estudiantiles, la obra llega precedida por proverbial epígrafe: “una vida sin amor es como un año sin verano”
.
–Has dicho que tu vida en Lima fue traumática pero, también, que recalar en el Perú fue lo mejor que te pudo pasar. ¿Cómo se conjugan esas dos situaciones?

–Porque sin trauma mi vida hubiera sido bastante monótona, y justamente porque sufrí mucho durante mi juventud es que he podido usar material autobiográfico para mis novelas. Una infancia feliz no sirve como material literario.

24.5.12

Antonio Cisneros como crítico




Hace poco consulté a un todavía joven poeta de poco reconocimiento si podía colaborar conmigo con una reseña sobre un libro de su propio amigo. La respuesta fue lacónica (no, la cómica, ojo): “Yo no soy crítico, soy un creador”.

Ver a la crítica literaria como “intelectual” y “árida” frente a la feracidad y proteinismo supuestos de la creación es, a estas alturas, una idea tonta y poco reflexionada. Volví sobre este gracioso suceso cuando, rebuscando entre mis archivos, encontré una imperdible entrevista a Antonio Cisneros hecha nada menos que por Mirko Lauer en 1993, en el ya desaparecido suplemento de Artes & Letras de La República. Dice Cisneros:

Creo que en el periodo del boom la literatura era alimentada  por una idea universalista, que incluía la omnipotencia del escritor (…) que pretende explicar los grandes temas abarcando  largos periodos históricos.

Según el crítico Cisneros ello cambió llevado por la gran crisis de los años 80 en el mundo, donde cada uno tenía que ver por sí mismo y los grandes relatos colectivistas cayeron en desgracia. El autor afirma que las nuevas generaciones de creadores, incluidos los poetas, tenían un sino más modesto pero más perturbador a su manera:

Aparecen los géneros testimoniales, pero no testimoniales de la sociedad, sino de las propias ordinarias vidas de los autores. (…) Estamos hablando de escritores amarrados a su pequeña peripecia personal, que se ríen de sí mismos, y con muchas ganas.

Es decir, es el triunfo de la petit historie frente a la desbocada intención universalista.

Finalmente, en una entrevista muy ordenada, como una clase universitaria –no olvidemos que Cisneros fue docente de San Marcos durante años--, el poeta dictamina que a nadie le interesa ya escribir el Ulises de su ciudad y que la eficacia, la prolijidad (aunque no define qué entiende por aquellos abstractos en la nota) y la intimidad (en el caso de la poesía) predominan sobre otras intencionalidades.

Hasta ahí como diagnóstico, perfecto. La pregunta es: ¿tan difícil es para un poeta hacer un diagnóstico sucinto de la poesía de su tiempo sin sentirse amenazado y mostrarse ofendido?

¿No saben acaso que los grandes poetas de todos los tiempos han tenido escritos teóricos y críticos sobre literatura y aun sobre periodismo: Dante, Víctor Hugo, Coleridge, Goethe, Baudelaire, Mallarmé, Borges, Vallejo…?

Últimamente empiezo a revisar la poesía reciente de Cisneros, la que empieza, creo yo, con Las inmensas preguntas celestes, y empiezo a encontrar señas de exploraciones por territorios nuevos, más personales e intimistas que, lejos de repelerme como me sucede con otros autores, me interesan. Pero esto será motivo de un ensayo que resolveré más adelante.

21.5.12

SALIÓ "ESTANTE" N° 2, REVISTA DE CRÍTICA LITERARIA

AYER SALIO,COMPLETAMENTE GRATIS, EL NUMERO 2 DE LA REVISTA "ESTANTE", CON RESEÑAS DE LIBROS DE MIGUEL GUTIÉRREZ, THOMAS PYNCHON, UNA ENTREVISTA AL POETA URUGUAYO ROBERTO ECHAVARREN, Y MÁS CRÍTICAS A LIBROS DE VERÁSTEGUI, SOSA, ALBERT ESTRELLA Y OTROS AUTORES.

PUEDEN LEER LA REVISTA EN ESTA DIRECCIÓN:


http://es.scribd.com/doc/94154688/ESTANTE-2-version-final



¿Y "CAMBIO DE PIEL" DE FUENTES?




He leído doce artículos y "homenajes" a Carlos Fuentes en los últimos días y me sorprende un poco que la mayor parte de ellos hable de La muerte de Artemio Cruz, Aura, La región más transpararente y aun de Federico en su balcón; pero son realmente muy pocos los que valoran la novela Cambio de piel, para mí una de las mejores del Boom.

Sospecho que ello tiene que ver con la supuesta condición "burguesa" y poco izquierdista de la novela, ahora que se valora tanto la condición de "actor social" del gran escritor mexicano. Dice Alonso Cueto, en su columna de hoy de La República, que la primera parte de la novelística del azteca, "incluyendo novelas como  'Cambio de piel', "sigue siendo interesante; pero que luego sus otras obras fueron perdiendo intensidad o haciéndose desmesuradas.

Discrepo en dos puntos: Terra nostra sigue siendo todo un reto para el lector contemporáneo familiarizado o no con la historia y el barroco latinoamericanos. Gringo viejo es una novela corta que cumple bien su cometido y retiene al lector.

Pero más allá de todo esto, no hay novela más moderna que la historia de Javier y sus amigos en Cholula, México. Tal vez haya sido superada décadas después por algunas novelas de Del Paso, pero su presencia es patente y comprensible, por ejemplo, en una de las mejores novelas latinoamericanas de amor y desamor posmodernos que se haya escrito: El pasado, de Alan Pauls, novela de la cual pueden leer una reseña que escribí hace unos años.

17.5.12

¡ADIÓS, CARLOS!

Carlos García Miranda (1967-2012)

LAS REJAS, RONCAL, SANTIVAÑEZ Y TODA LA BELLA GENTE QUE FUE


El bar “Las Rejas” debe de haber cerrado hacia 1993. Así que muchos de los “bohemios” que hoy trafican Quilca deben de haber estado comiendo pan con atún en el recreo del colegio primario mientras con mis 16 años, y Josemári Recaldi con sus 14, íbamos casi todas las noches a beber cerveza –cosa rara en el lugar—y hablar de poesía con los amigos Juan Ramírez Ruiz, Roger Santiváñez, Grover Gambarini, Los dos Pochos (Ríoso y García) y Hudson Valdivia, aunque pocas veces cono todos ellos juntos, porque a Juan nunca le gustaron los “sapos” ni los “camarones”, aunque sí lo pesqué una vez comiéndose una vez un chupe de aquellos animalejos de río.

Allí también era asiduo mi pata Kilowatt (QEPD), insuperable cantante de rock e insuperable también en la preparación de “mixtos”, quien se ufanaba delante del propio Santiváñez (“saltimbanqui” lo llamaba) de haberle “roto el hocico” al hoy Ph D por la Universidad de Sainth Joseph, Filadelfia. En ese entonces Roger andaba tan mal que unos años después su mejor y único amigo que le quedaba lo tuvo que llevar a EE. UU. para que arreglara su vida y compusiera su alma –cualquier parecido con otro caso es pura coincidencia y obviamente cuando digo “romper el hocico” es una figura para representar el hecho de dar alguien a otro, por primera vez, a probar una droga o alcohol--.

¿Por qué recuerdo todo esto? Porque me acaban de hacer llegar a domicilio el libro de Roncal Granizo (MP de Cajamarca, Fondo Editorial, 2011), con prólogo del buen Roger. El libro estremece por su lirismo y su autenticidad. Dice el prologuista:

Rabanal es un lírico absoluto. Solo así podemos apreciar versos de intensa factura (…) No se crea que crea que Rabanal es simplemente un poeta naive; la cultura aparece en sus poemas aludiendo a los lienzos de José Sabogal, cajamarquino para más claridad…

Santiváñez hace énfasis también en la narratividad incorporada parcialmente en los poemas de Granizo. Un poemario extraño en nuestra tradición actual que recomiendo.

12.5.12

El pulpo de Herman Melville




Pocos escritores hay en lengua inglesa tan complejos, parcialmente valorados y sinuosos como Herman Melville. Su novela más conocida, Moby Dick (1951), no es la mejor estructurada –la superan la poco estudiada Pierre o las ambigüedades y El hombre de confianza, para hablar solo de novelas extensas--.

En el libro LIX de la traducción de José María Valverde, que tiene logros agradables, el Pequod se topa con este monstruo marino que emerge y se sumerge en las aguas en su enormidad inconcebible, haciendo incluso que los tripulantes piensen que se trata de la ballena blanca y se apresten a darle caza. 

Pero el pulpo desaparece como monumental sorbo bajo el agua. 

La simbología del pulpo es clara: simboliza la inteligencia oculta del hombre, los pensamientos de las profundidades, del subconsciente, que constantemente emergen y se sumergen en nuestra psiquis.

Pero Melville no deja las cosas allí. Discurre sobre la naturaleza del pulpo según el naturalista noruego Erik Pontoppidan (cuyo apellido cita equivocadamente) y hasta se da tiempo para citar a la Biblia al final: un bajón narrativo que pudo haberse evitado si el genio estadounidense hubiera contenido su inclinación a la digresión y a demostrar erudición, como lo hace en tantos otros pasajes de Moby Dick.

(Como una nota amena adicional, en otro pasaje del libro, Melville se refiere al Perú como un reino bárbaro y fabuloso donde a los reyes se los nombra con epítetos como "grandes elefantes blancos").



8.5.12

RED CULTURAL LIMA NORTE


NORMAS DE CONDUCCIÓN DE LA RED CULTURAL DE LIMA NORTE

1. Definición:

La Red Cultural de Lima Norte es una sociedad civil constituida bajo el principio de libre afiliación y libre desafiliación y conformada por los Municipios y Universidades que la suscriben.

La Red Cultural de Lima Norte es una instancia de coordinación y recíproca complementación entro los órganos responsables de la gestión cultural de Universidades y Municipios de Lima Norte.

La afiliación a la Red Cultural no conlleva obligaciones económicas, ni laborales de ningún tipo y cualquier aportación para solventar iniciativas culturales es de carácter voluntario y está sujeto a obligada  transparencia y rendición de cuentas de parte del receptor.

2. Objetivos:

2.1. Ensamblar esfuerzos para dinamizar la vida cultural y concertar una Agenda Anual de Lima Norte.
2.2. Intercambiar información y experiencias entre los miembros de la Red apuntando a la elaboración del Directorio Cultural de Lima Norte.
2.3. Coordinar iniciativas comunes y canalizarlas ante las instancias respectivas: Ministerio de Cultura, Municipalidad de Lima Metropolitana, etc.
2.4. Movilizar a las instituciones locales y organizaciones barriales a favor de la protección del patrimonio cultural y arqueológico respaldando la acertada y oportuna iniciativa de “Lima Milenaria”
2.5. Convocar anualmente a los Juegos Florales de Lima Norte.
2.6. Distinguir anualmente a nombre de Lima Norte a los más destacados personajes de la Cultura.
2.7. Apoyar las iniciativas culturales de Municipios y Universidades amplificándolas y multiplicando las señales de convocatoria por toda la Red Cultural.
2.8. Coordinar Mega eventos centralizados o eventos descentralizados y escalonados en diferentes escenarios de Lima Norte con el fin de optimizar resultados y abaratar costos de los espectáculos.

3. Conducción y Funcionamiento:

La Red Cultural de Lima Norte opera bajo la conducción de un Directorio y la supervisión de un coordinador elegido por el Directorio.

Conforman el Directorio de la Red Cultural los Subgerentes de cultura de los Municipios y de Directores de Cultura de las Universidades que hayan suscrito su afiliación a la Red Cultural.

En caso de no contar con Subgerencia de Cultura o Dirección de Cultura el Municipio o la Universidad respectiva designará al funcionario que ejerza esa función.

La agenda de las reuniones la elabora el coordinador pero puede ser ampliada a solicitud de cualquier miembro del Directorio.

El coordinador de la Red Cultural pone a consideración del Directorio el Plan de Acción semestral o anual para su aprobación o rectificación.

El plan identifica las tareas, los ejecutores, los recursos  y las metas a alcanzar y las comisiones encargadas de su cumplimiento.

El coordinador es responsable del manejo del Libro de Actas hasta el término de su mandato.

Situaciones no previstas por las Normas de Conducción de la Red Cultural de Lima Norte se resolverán en arreglo a la legislación vigente y en ánimo de armonía y cooperación recíproca de los suscriptores.

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