29.12.13

Ampuero saca cara por “Contarlo todo”, de Jeremías Gamboa




Como sabemos, el inicial entusiasmo generalizado por la ópera prima de Gamboa se ha ido relativizando en las últimas semanas. Luis Aguirre, en Caretas, ha sugerido que la novela es un producto del márketing y que carece de unidad.
Por otro lado, Rodolfo Ybarra, en su blog, se ha tomado el trabajo de señalar los numerosos errores ortográficos y gramaticales que mellan la escritura de JG; un examen de estos, aquí, excedería largamente la naturaleza de un post de blog.

En la ya legendaria revista Confabulario (segunda fase), de El Universal de México, Guillermo Espinosa Estrada afirma sobre “Contarlo todo”:

"Es difícil no desilusionarse ante un volumen que luce un cintillo con la siguiente leyenda: “Una primera novela que sacude el panorama narrativo en lengua española”, frase que da pie a una de Vargas Llosa: “Un escritor perfectamente dueño de sus medios expresivos, que sabe concentrase en lo esencial, que es siempre contar una historia bien contada”. Las solapas insisten —una novela “que ha generado una expectativa completamente inusual”—, pero después sólo habla el texto: 507 páginas que defraudan las promesas del departamento de ventas. Y es que Jeremías Gamboa ha firmado, en el mejor de los casos, un libro ligero, convencional, predecible y asombrosamente complaciente."
Por si poco fuera, el escritor peruano Ulises González, desde su frecuentada página web, ha afirmado categóricamente sobre la novela:

"Gabriel Lisboa, el protagonista de Contarlo todo,  merced a ese departamento de ventas de Mondadori, tal vez permanezca algunos años más en la memoria de unos cuantos miles de lectores engañados por la comparación. Sin embargo, a quienes nos gusta sentirnos orgullosos de nuestros héroes literarios, lamentaremos que se pretenda coronar a un escritor sólo con las armas del mercado."

El tiro de gracia contra Contarlo todo lo pretende dar el “recuento del año” de la antaño prestigiosa revista Somos, donde Enrique Sánchez Hernani simplemente elidió de su listado a la novela de moda en Lima.
Frente a todo ello, mi amigo el narrador Fernando Ampuero, ayer mismo, salió en defensa de la novela, relativizó los gazapos y alimañas lingüísticos hallados hasta ahora (se acercan a la centena), y publicó a dos páginas, en La República, el texto que preparó para la presentación del libro en el local de moda en Lima: Ayahuasca.


Por mi parte, sinceramente leí con fluidez al menos dos terceras partes del libro, pasando por alto deliberadamente las imprecisiones del lenguaje de que habló Alonso Cueto en su respectiva y elogiosa reseña. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en que una novela que el mismo autor califica de “realista”, no puede darse el lujo de carecer de unidad temática y cohesión internas.
Veremos qué ocurre luego de todo lo dicho.

---Fernando Ampuero arremete contra lo que llama "crítica radical".

24.12.13

ME PUBLICARON UNA RESEÑA EN LA REVISTA LITERARIA "LUVINA", DE MÉXICO

Me acaban de avisar que mi reseña sobre el reciente libro de ensayos del poeta Eduardo Chirinos ha sido publicada en la reciente edición de la famosa revista literaria LUVINA, de México. Pueden leer la reseña completa aquí.


"Nueva miscelánea antártica confirma y amplía esta visión de un poeta no sólo dedicado a la creación, sino preocupado por los caminos sinuosos y ocultos del fenómeno poético y su forma de darse en el mundo. El libro se abre con «Las resquebrajaduras de Babel», un texto a mi juicio esencial, donde se discute la ya venerable y poco resuelta (en la cabeza de muchos poetas en ciernes) idea de que existen, o coexisten, dos tipos antagónicos de crítica literaria: la impartida desde los estrados universitarios, y aquélla interpretativa, y por ende más ideológica, apoyada en el marxismo, la fenomenología, el psicoanálisis, entre otras disciplinas. Entre estos dos muros opuestos y a la vez cercanos, se cree que no cabe la figura del poeta. Vale la pena citar, entonces, lo que piensa Chirinos sobre las famosas reticencias de Northop Frye a que el poeta ejerza la crítica: «No se trata de algo reprobable: un escritor que hace crítica hace uso legítimo de su saber literario y de sus propias experiencias de lectura. Un escritor no debe temer el ejercicio de la crítica, ni dejar que los críticos se lo impidan en nombre de la especialización de los saberes». "
 
 
---Este blogger ajustando sus transparentes anteojos críticos :)

22.12.13

VÍCTOR RUIZ VELAZCO: DE "POEMA INÚTIL" A EL RECUENTO INÚTIL




Tal vez no tenga una lectoría envidiable, pero el novel blog de José Carlos Yrigoyen sin duda ha sido una gran sorpresa este año. No se caracteriza por un excesivo rigor académico, pero no hay duda de que su estilo desenfadado, encarnizado y franco le ha valido seguidores muy fieles, aunque lamentablemente anónimos en su mayoría.
Los lectores de "Poema inútil" sabemos que el último post de este año, hasta ahora, es un recuento del 2013 más o menos extenso e inclusivo. Pero he aquí que el joven poeta Víctor Ruiz Velazco se estrena esta semana como crítico periodístico con su propio recuento del año.
Lo citaré por partes para ver mejor las sospechosas coincidencias (no las llamaremos plagios) entre el inicial recuento de Yrigoyen y el posterior hecho por VRV.

“Dos sucesos han marcado el año, la posibilidad de presentar a un autor peruano como hace mucho no se hacía y que, a pesar de las críticas que pueda generar, abre una puerta para todos los que vendrán después. Me refiero a Jeremías Gamboa y su novela "Contarlo todo".”
Curiosa forma de evaluar un libro, puesto que como sabe todo el que goza de sentido común, los recuentos del año son de libros, y no de autores. Que Gamboa abra camino a otros autores con su publicación apadrinada por MVLL, suena a inocentada total. Por cierto, Ruiz Velazco no dice una sola palabra sobre “Contarlo todo”, ni a favor ni en contra. Lo más probable es que no lo haya leído.

Otra coincidencia flagrante con el recuento de Yrigoyen:
“Por otro lado, estoy convencido de que el libro más importante publicado este año es "Al norte de los ríos del futuro" de Jerónimo Pimentel, publicado en España; un libro simplemente excepcional y que de seguro tendrá la atención y celebración unánime que se merece el siguiente año, cuando ya tengamos el libro en Perú.”
No tengo la menor duda de que Pimentel junior tiene el suficiente talento para darnos una gran sorpresa poética. Esperamos el libro con ansiedad. Lo que me parece raro es que Ruiz Velazco, sin mayores argumentos de por medio, lo declare “el libro más importante del año”; es decir, mejor que cualquier novela, cuentario, estudio sociológico, antropológico, científico, etc.
¿Será tan bueno el poemario de Pimentel junior?

No hay que ni mencionar que en este punto sigue incondicionalmente a Yrigoyen, aunque la reseña de José Carlos está bien estructurada. Lo de VRV es solo una afirmación suelta.
En donde también entra en connivencia Ruiz Velazco con “Poema inútil” es en la valoración de “Documentos de barbarie”, de Victoria Guerrero. Lo que suena retorcido es llamarla “sin duda la poeta peruana más importante en vigencia”. ¿Qué es una “poeta en vigencia” para Ruiz Velazco? ¿Alguien que publica un poemario cada año? Qué gracioso rasero.

Para acortar las deudas del recuento de “Correo Semanal” con el de “Poema inútil”, señalaremos que menciona también los libros de Morquencho, Briceño y Santiváñez, todos ellos sin dedicar aunque sea dos palabras que intenten definir aquellos poemarios.
Dejaremos a un lado los libros de narrativa, pues el paradigma del recuento de VRV no toca ese género.

Bien. Como cereza chancada de su pastel, ¡VRV recomienda un libro que no ha leído! Léalo usted mismo:

“ Lamentablemente aún no he podido leer "El sendero de los rayos de Karina Pacheco", pero si alguna autora tiene crédito de sobra, esa es Pacheco.”
Sonrisas aparte, valoro el esfuerzo de VRV por estar a la altura de las circunstancias críticas; lamentablemente, hacer un recuento basándose descaradamente en otro recuento no es avanzar casi nada. Y hacerlo sin dar una sola idea que refrende la presencia del libro en el recuento resulta simplemente irresponsable. Felices fiestas. :) 

18.12.13

INSOBORNABLE HONESTIDAD DE RENÉ CHAR

Cada vez que leo algo de o sobre el poeta René Char, mi admiración hacia su obra y su posición frente al hecho poético se incrementa. Es una lástima que por estar momentáneamente muy lejos de Lima, no pueda postearles la entrevista completa que encontré en la página del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

En dicha entrevista, Char habla contra las imposturas en la poesía, y contra quienes quieren erigirse como celadores o policías de lo que se debe hacer en el campo de las letras. Viniendo de un poeta como él, que jamás estuvo persiguiendo premios, haciendo "carrera literaria" o entrando en contubernios para forjarse imágenes falsas de poeta, esto es muy importante.

Cuando habla, uno siente el aroma de autenticidad, de honestidad, de la lucidez algo hosca de quien no tiene por qué callarse nada.

¡Qué distinto al 80 o 90 por ciento de nuestros poetas vivos!

Hablo de aquellos que forman clubes de Tobi poéticos para echarse flores entre ellos y adquirir, según ellos, el poder que no pueden forjarse con su obra y por su desconocimiento sostenido del hecho poético y sus consecuencias.

Hablo también de los que en las redes sociales y blogs despotrican contra los diarios tradicionales y su bazofia cultural, pero en cuanto uno de esos diarios tradicionales se fija en alguno de sus libritos, saltan de emoción dejando al descubierto su impostación intelectual (algo a lo que se refiere en específico Char en la entrevista).

Me refiero a poetas mayores que dan pena pidiendo reseñas por correo a los críticos de quienes se han hecho amigos, de los críticos literarios que no tienen entendimiento de la poesía y cuya visión superficial de esta los aleja de una valoración digna de tomarse en cuenta. Valoraciones enanas (dicho esto con alusiones personales) y nimias cuya falta de profundidad y de una mirada vertical que se sumerja en el hecho poético las condena al olvido casi súbito.

Y hablo de la estafa blanca de los impresores locales --pues no se les puede tratar como editores--, que se ganan los frejoles aceptando cualquier libro con tal de que el poetastro incauto adelgace su billetera con el sobreprecio pactado.

Vergüenza ajena y asombro por la lucidez es la rara sensación que me deja leer esta entrevista de Char. Vergüenza ajena por algunos de mis congéneres y muchos de los poetas de otras generaciones. Asombro ante la luz de un poeta que nunca fue dominado por los intereses y deseos de baja calidad que hoy domeñan el medio literario.

15.12.13

"Venderlo todo: a propósito del ‘boom’ Jeremías Gamboa"


Desde la página Lee por gusto, les dejo esta aguda reflexión, antes que sobre el libro en sí de Jeremías Gamboa, sobre la forma en que un canal de TV que no suelo frecuentar --salvo para ver "La voz Perú"-- presentó al escritor peruano en un reportaje televisivo hace unos días. Juzguen ustedes.






by Jaime Cabrera

Presentamos algunas reflexiones sobre cómo, debido al lanzamiento de Contarlo todo, se han venido reforzando algunos mensajes de emprendedurismo y ‘éxito’ (¿comercial?), enfocándose esta vez en un escritor que acaba de publicar su primera novela. El discurso de la Marca Perú llevado al plano de la literatura.


Este domingo por la noche el programa Punto final de Frecuencia Latina emitió un reportaje titulado “Jeremías Gamboa revoluciona el mundo de la literatura”. Al día siguiente, pude leer en varios muros de Facebook entusiastas comentarios que celebraban el raro acontecimiento de que un programa de televisión haya dado cobertura a un suceso literario. ¿Acaso no es eso lo que necesitamos los peruanos, más cultura y menos entretenimiento barato?, ¿no estamos ya cansados del mercantilismo de los dueños de los canales de televisión que solo piensan en ganar dinero a como dé lugar? Por supuesto que sí. Lamentablemente, el reportaje sobre el exitoso escritor Jeremías Gamboa tuvo de todo, menos literatura. Para empezar, porque de su novela Contarlo todo, que supuestamente es el motivo por el cual es “exitoso”, apenas si se habló. Y los pocos que dijeron algo del libro en este reportaje fueron aquellos cuya opinión difícilmente podría ser considerada como objetiva: los editores que siempre dirán que su producto es fenomenal y Mario Vargas Llosa, quien, además de recomendar al novelista debutante a la agente literaria Carmen Balcells, prestigia el libro con sus palabras para el cintillo. Pero ningún crítico literario dependiente o independiente aparece ante las cámaras hablando del libro. Aun cuando varios de ellos ya han escrito sobre la novela, algunos elogiando cautelosamente la novela y contando el argumento (como Ricardo González Vigil); y otros yendo a contracorriente como Guillermo Espinosa Estrada, que la ha calificado como “novela de superación personal”. Por mi parte, creo que el “fenómeno Gamboa” va más allá de la literatura, y que, a nivel nacional, bien podría calzar en la estrategia comercial de moda: la Marca Perú; y a nivel internacional, en un nuevo intento por restaurar la bonanza económica de la época del Boom latinoamericano (como los constantes intentos de encontrar a la fuerza al “nuevo Vargas Llosa”).

La estrategia de la Marca Perú enfatiza aspectos como la superación personal, el emprendedurismo y el patriotismo. Su truco es instalar en la mente de los consumidores-ciudadanos la asociación entre comercio y patriotismo, buscando que cada vez que aquellos se enteran de que un producto peruano ha llegado al mercado internacional inmediatamente se les infle el pecho de orgullo y digan “estamos” triunfando, cuando la verdad es que los que ganan con nuestro patriotismo son solo unos cuantos empresarios y no “todos los peruanos”. Desafortunadamente, esta idea del país como marca trae de la mano la sobrevaloración del éxito económico. Es decir, la simplista idea de que seremos un país desarrollado solo cuando seamos ricos.

PostJeremiasG2Pues bien, este discurso de la Marca Perú, que empezó por celebrar “nuestro” éxito gastronómico (en un país con altas tasas de desnutrición), ha ido extendiéndose por diversos campos como el deporte, la música y el cine. Respecto a este último tenemos el caso reciente de la película peruana más vista de todos los tiempos (en el Perú): ¡Asu mare!, la historia de éxito del actor y comediante de stand-up Carlos Alcántara. Precisamente, las numerosas coincidencias entre esta producción cinematográfica y Contarlo todo, evidencian el uso del mismo guion. Así, la historia de la novela sigue semejante itinerario al de ¡Asu mare! En palabras de Guillermo Espinosa Estrada: “[…] el libro se convierte en la lista de sus éxitos —la obtención de una beca universitaria, el rápido ascenso en sus trabajos, el noviazgo con una señorita de sociedad, la tenacidad con que persigue su vocación […]”. De otro lado, tanto en la novela de Gamboa como en la mencionada película se celebra un mestizaje pacífico, que en verdad solo es ilusión o utopía dadas las profundas diferencias socioeconómicas en el Perú real. Cito nuevamente a Espinosa: “[…] el personaje de Gamboa se ´blanquea´ progresivamente. Por eso justo a la mitad de su transformación se le describe como ´un tipo mestizo, por ratos algo blanco, por ratos algo indio, no sé, un tipo que es como varios a la vez y oscila, como los camaleones´”.

El reportaje del domingo es un reportaje Marca Perú porque construye la imagen de Gamboa como se construyó la imagen de Carlos Alcántara. Gamboa es presentado como el “chico de barrio” que trabajó de vendedor ambulante (como Alcántara, que ofrecía aspiradoras de puerta en puerta, solo que Gamboa, según cuenta ante cámaras, se escondía para que no lo vean sus amigos de la Universidad de Lima), pero un chico de barrio que finalmente triunfó hasta ser, según dice el reportero, el “engreído” de la Feria del Libro de Guadalajara (por cierto, la engreída fue Sasha Grey, exactriz porno y ahora escribidora), un chico de barrio (sí, lo llaman así varias veces) que además conquistó a la chica de otra clase social (tanto este reportaje como ¡Asu mare! tienen el mismo broche de oro: el beso entre el joven triunfador y la chica de diferente origen socioeconómico). Ese es un ganador. Sí, un escritor también puede ser un ganador, es más, debe ser un ganador. Lo sugiere el mismo Gamboa cuando recuerda a sus alumnos de la Universidad Católica y la UPC viéndolo subir a un bus a “Mangomarca o a la combi de setenta céntimos” acaso pensando “¿es esto lo que me espera?”, pero no importa dice él, “después se podrán dar cuenta, ¿no?”. La pregunta es entonces: ¿se podrán dar cuenta de qué? ¿Que todos los que suben a un micro o una combi son unos fracasados? ¿Qué un escritor no es exitoso si viaja en transporte público?

De modo que poco ha hecho este reportaje para difundir literatura. Simplemente nos ha contado el éxito económico de un individuo, no un éxito literario (si es que existe algo llamado así). Y así, una vez más, la prensa peruana ha ayudado a invisibilizar las derrotas colectivas magnificando los éxitos individuales. Nos hacen exaltar el premio Nobel otorgado a “nuestro” Vargas Llosa y quieren que se nos inflame el pecho de orgullo porque “nuestro” escritor Jeremías Gamboa es famoso en Europa, para así crear la ilusión de que no, no estamos por los suelos en los rankings de comprensión lectora a nivel mundial. “Mi vida es paja, tu vida es paja, la vida de todos es paja”, dice Gamboa al final del reportaje. ¿Cómo no iba a apoyar Vargas Llosa a alguien tan inofensivo y logrado? No sé si será su sucesor, pero sí estoy seguro de que es uno de sus “héroes discretos”, un Felícito Yanaqué que también vino de abajo, trabajó duro, salió adelante, triunfó…

Seamos cuidadosos entonces. Un escritor no es un comerciante, ni un cantante pop, ni un actor de Hollywood, ni un futbolista (en el reportaje se compara la presentación del libro de Gamboa en México con la presentación de Messi en el Barcelona…). Además, un escritor que de verdad quiere contarlo todo tiene que incomodar, que criticar, que cuestionar, y no tiene que importarle decir su verdad aun cuando reciba abucheos en vez de aplausos. Mientras que un escritor que quiere venderlo todo entrega su alma al diablo con tal de ser “fichado” por una gran agente literaria y así obtener unos minutos de fama y acaso varios ceros a la derecha en su cuenta bancaria. Quiero que las palabras del principal artífice del “fenómeno Gamboa” concluyan este artículo. Sí, Mario Vargas Llosa. Pero no el Vargas Llosa de ahora, sino aquel del discurso de recepción del premio Rómulo Gallegos en 1967, aquel para el que la literatura no era “paja”, sino fuego:


    Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento.

12.12.13

DOS LIBROS IMPRESCINDIBLES OLVIDADOS EN LOS RECUENTOS DE POESÍA




Dos libros imprescindibles no han sido tomados en cuenta en varios "recuentos del año" de poesía. Y estamos hablando de palabras mayores, no de poemarios aislados frente a los cuales se puede tener diversas opiniones.

Me refiero, en primer lugar, a Splendor, de uno de los fundadores de Hora Zero, el grupo poético más importante del siglo veinte peruano. Se trata de un voluminoso y hermosamente editado libro que reúne la llamada "ética" del autor del sobrevalorado En los extramuros del mundo.

Enrique Verástegui, todos lo sabemos, ha tenido en poesía una trayectoria errática; un comienzo muy promisorio, con dos primeros libros elogiados desde todas las trincheras, una etapa más oscura y sin embargo muy estimulante, que ahora ha sido reunida en un solo volumen, tetralógico, gracias al esfuerzo de un grupo de editoriales mexicanas, y finalmente una serie de textos entre estrambóticos y pretenciosos que no dieron nunca con el nivel ni siquiera de su primera etapa.

Splendor es un libro de mil páginas que es imposible dejar de lado en cualquier recuento, y es más, acaso sea uno de los mejores libros de poesía peruana publicados este año.

Otro caso es el de Mario Manuel Bartolo Montalbetti, o simplemente Mario Montalbetti (1953), que este año reunió toda su poesía publicada hasta el 2013, en un libro titulado Lejos de mí decirles, publicado también en México.

El volumen reúne desde su primer poemario, sencillo y profundo, algo juguetón: Perro negro, hasta su fallido Apolo Cupisnique, pasando por su libro más importante, y me atrevo a agregar que uno de los más importantes de las últimas décadas: Fin desierto (aunque para apreciar la grandeza de este libro hay que leerlo en la edición no venal que se despliega como un acordeón y donde se puede apreciar el juego y determinancia de los espacios en su propuesta poética mallarmeana); este punto crucial se pierde en la lectura lineal que ofrece Lejos de mí decirles.

Por cierto, están otros libro notables como Cinco segundos de horizonte, Llantos elíseos, 10,000 cafés (un retorno en cierto modo al coloquialismo) y un texto crítico que, a juzgar por el poeta Tulio Mora, significa un cierto acercamiento a la poética de HZ. Cuando llegue a ese punto en mi lectura de Lejos de mí decirles, daré mi opinión al respecto.

En fin, me parece poco profesional y producto de un equivocado "sentido de cuerpo" el dejar de lado este acontecimiento poético solo porque el escurridizo Montalbetti se ofreció a presentar un libro de un poeta joven, y luego simplemente dejó plantado a todos en la presentación.

Montalbetti tiene una trayectoria demasiado brillante y gran futuro como para dejarla en manos de la venganza poética (completamente comprensible) o del periodismo literario de baja intensidad que hoy campea en los diarios peruanos.



9.12.13

Manuel Valero: Los premios literarios son una estafa

La literatura contra los premios literarios son casi un subgénero en Iberoamérica. Denle una chequeada, por ahora, a este texto del escritor Manuel Valero. Mayo, 2013. Tomado de MICIUDADREAL.
 
 
Manuel Valero.- Les voy a contar algo. Soy escritor, nunca he publicado con dinero público -salvo que mis editores se buscaran la vida, que nunca lo supe- y sólo me he presentado en dos ocasiones a un concurso literario. Del primero salí escaldado y el segundo que se lo llevó otra celebridad como era previsible fue el último que organizó la CCM antes del derrumbe.
El primer concurso en el que participé fue de casualidad. Yo había terminado mi primera novela seria, Balneario, cuando llegaron las bases a mis manos. Como pasaba por allí, es decir, como ya lo había escrito, el concurso llevaba el nombre de Francisco García Pavón -lo organizaba el Ayuntamiento de Tomelloso – y además el premio era de un millón de voluptuosas rubias (pesetas), pues hice las copias necesarias, cumplí con la tontería de la plica y mandé la obra. Ya se habrán dado cuenta de que no lo gané. Bien. La investigación minuciosa que luego hice al enterarme de quien era el gestor del concurso -voy a omitir nombres- dio como resultado el temido y esperado resultado valga o no la redundancia: ¡Oh. el premio estaba amañado de antemano!
Irritado escribí quizá uno de los artículos más duros de mi vida que titulé Yo acuso, con la venia de Emilio Zola, a riesgo de aparecer ante la opinión pública como el típico escritor enfadado por que el premio no hubiera recaído en su excelsa obra. Me dio exactamente igual porque no fue esa la razón que en conciencia me llevó a denunciar un fiasco que manchaba el nombre de Pavón ya desde la primera edición sino la constatación implacable, frontal, evidente e irrefutable de una descomunal estafa, máxime cuando la persona que gestionó el premio, tuvo ocasión años antes de proponerme la creación de un premio literario en Puertollano con la intención de repartir dividendos. Claro que me hubiera gustado ganar el Primer Premio de Novela García Pavón, cómo no, pero la denuncia sirvió al menos para tener más cuidado en ediciones posteriores.
 
 
Unos cuantos -bastantes- años después, en 2009 participé en el concurso de Novela Histórica de Alfonso X El Sabio de CCM sí la nuestra. Yo había terminado Entre las balasy sin aprender la lección y sin pensarlo dos veces lo envié. Lo envié a sabiendas del fiasco presumible, pero como ya lo sabía no me dí por estafado. Efectivamente lo ganó Mercedes Salicahs por Goodbye España,.¿la conocen? Todo dentro del guión. Perfecto. Y dirán, ¿y qué demonios viene todo esto? Pues porque le acaban de dar el premio Lara de novela aMarta Robles. Para disimular presentó la historia Luisa y los espejos con el pseudónimo Susana Gutiérrez. Y como el jurado Ángeles Caso, Fernando Delgado, Pere Gimferrer, Ana María Ruiz-Tagle y Emili Rosales.-¿han tomado nota?- no sabían nada ni habían leído nunca antes una linea, ni siquiera ante el espejo, pues se quedaron tan encantados con la novela de la tal e ignota Susana que le dieron el pastón a la colega Marta. Pues bien, casi todos los premios literarios en España son una estafa, una añagaza, una mafia organizada en la que participan premiados de antes y futuros premiados, siempre de nombre resultón, para que la editorial no pierda tontamente un dinero que da a escritores listos en concursos a los que se presentan muchos escritores tontos.
La corruptela también contamina a eso que llamamos Cultura y que consideramos virginal y depositaria de altos valores inmarcesibles. Los premios literarios son un fiasco, que cumplen aparentemente todas las normas para que después en fiestas sociales de relumbrón se juegue a la exquisitez y la excelsitud intelectual. El timo del tocomocho librero es buen tema, el juego trilero de los Planeta, los Lara, los Nadal y los de la Virgen de las Consolación, es una buena historia de investigación para que meta el moco el intrépido Jordi Ëvole en Salvados. Aunque no sé porqué me temo que a lo mejor es un tema demasiado caliente incluso para el campeón del periodismo indignado.
Coda:- Les juro, y no tendría por qué hacerlo, que hambre no es, como decía una visita que llegó a una casa con más gusa que un maestro de escuela y abría la boca a cada poco, simulando que era sueño. No es despecho. No me considero ni más ni menos digno que cualquier otro u otra autor o autora para ganar o no un premio, ya que el mejor de los premios son los lectores. Pero conviene quitarse la venda de los ojos y asumir que la Literatura ha muerto, y que los libros hoy los escriben famosetes de los medios, presentadoras que plagian o periodistas de trinchera, de consuno con intereses editoriales. No es acidez de articulista miciudarrealeño, amigo Romera, soy un tipo soportablemente feliz a ratos, a quien algunas cosas le enervan, como supongo que a todo el mundo. Son los concursos estúpidos y la vomitiva feria de las vanidades. Ah, si Saramago levantara la cabeza.
---El autor.

2.12.13

Junglares: escribir poesía, publicar poesía





 A José Kozer.

 
En algunas entrevistas y varios textos, he insistido sobre la necesidad de que el acto de escribir poesía, y posteriormente el de publicarla, requieren de un tiempo de reflexión y de una capacidad de autoedición que casi nunca coinciden con las ansias del autor (por lo general, joven) por ver sus intimidades y confesiones –pues muchas veces no se pasa de ello—expuestas en blanco y negro, a la venta, ávidos de cosechar reseñas.
En poesía, como en muchos otros ámbitos de la vida, tomarse un tiempo, reflexionar, desechar, volver a empezar, es más que útil; diría que imprescindible. Me es muy difícil entender qué es lo que se puede esconder tras los sendos “ladrillazos” que han publicado el año pasado, por ejemplo, buenos poetas como Héctor Hernández Montesinos y Ernesto Carrión, en los cuales reúnen todos sus poemarios publicados hasta entonces.

Este tipo de apresuramientos tienen un efecto de vació futurístico, por así decirlo. Si antes de los cuarenta años ya tienes una obra que supera las 500 páginas y que toca (roza, más bien) casi todos los temas contemporáneos, ¿qué es lo que harás cuando tengas 20 o 30 años más?
(Elidiré, por ahora, una pregunta aún más ardua y urticante: ¿en realidad hay tanto para decir?)

Sin embargo, en los casos mencionados, y en caso de algunos poetas nacionales, hay un innegable talento. Pero no creo que esto sea extensible para muchos poetas más. Siempre lo digo en reuniones informales:
Cualquiera puede pensar tonterías; algunos incluso las escriben, pero publicarlas es imperdonable.

Por lo general, esto es producto de un entorno inmediato (amistades, vinculaciones poéticas, sentido errado de la “carrera poética”) complaciente, de un ego deformado que no admite reparos y críticas, y/o de una absoluta carencia de capacidad autocrítica e intuición poética.
No obstante, el espaciamiento en la publicación de los poemarios tampoco asegura, per se, una entrega satisfactoria ni una respuesta crítica favorable. Hay muchos poetas que publican cada quinquenio, o incluso más, pero lo que dan a conocer tiene el estigma del desfase con el ritmo de las circunvoluciones de la poesía moderna. De algo parecido adolece cierta poesía hecha en provincias, aunque en ciertas ciudades, como Puno, Arequipa y Huancayo, lo que afirmo se relativice agradablemente.

¿Qué hacer entonces?
Primero, no pensar que es una cuestión de tiempo, pues ello solo es una apariencia.

Lo que pasa es que el reflexionar sobre, la corrección de, el compartir el texto con poetas que puedan aportar (los cuales son en verdad muy pocos), normalmente toma bastante tiempo. Sin tomar en cuenta el consabido consejo, casi siempre útil, de dejar reposar el texto o el libro al menos un par de meses, para luego retomarlo con “nuevos ojos”.
Todo el proceso es naturalmente largo; pero algunos poetas lo realizan con mayor velocidad que los demás, de manera que un poeta menos experimentado se puede confundir con ello y pensar que solo se trata de reunir un “manojo de poemas sueltos” en un poemario que solo aspire a ser la expresión de un momento en la vida del poeta (ver en este punto un raro comentario publicado en la reseña a Los largos abrazos, en el blog de José Carlos Yrigoyen).   

A lo expuesto, se suma un difundido prejuicio de estirpe vitalista: muchos, demasiados poetas creen que la poesía es simple y puramente la expresión de emociones. La reflexión, la racionalización del texto, el pensar en el acto de escribir y sus consecuencias mentales, intelectuales y espirituales son mal vistos; suerte de aditamentos o accesorios que debilitarían o enturbiarían la contundencia y “llegada” del texto al lector (sobre todo al espectador de recitales).
Finalmente, la inexistencia casi total de lo que en Francia y otros lugares es un editor de poesía; es decir, alguien que no solo sirve para imprimir el libro (y en el caso peruano: incrementar sus arcas con la plata del incauto del momento), sino que tiene el “ojo” para saber si un texto de poesía vale la pena publicarse, y, lo más difícil: ejercer de Pound frente a un Eliot: ser capaz de cortar, hacer cambios, plantear sugerencias esenciales al texto, sin ambages ni temores.  

Estas a veces ocultas contingencias, estos pequeños saberes, acaso hacen la diferencia entre un poeta que simplemente se limita a acumular y publicar todo lo que se le ocurre escribir –como si ante un genio romántico tardío estuviéramos--, y otro que está atento a todas las proliferantes raíces que la poesía de hoy nos propone, alguien que incluso puede incorporar al texto la construcción del texto mismo, superando las simplezas de las temáticas manidas (lo cotidiano, las cuitas de amor, la intertextualidad previsible…), las estructuraciones formales petrificadas y la expresión de emociones y sensaciones a estas alturas agobiantes.
Todas las formas, opciones y formas de entender la escritura poética son igual de válidas; lamentablemente eso no quiere decir que todos los poemarios sean igual de valiosos.


 
 
 
Sea esto dicho con el fin de que pueda ser aprovechado en algo por quien quiera.

 

 

28.11.13

PERLONGHER: EN ALABANZA DE LA "PROSA PLEBEYA"






Esta vez desde Uruguay me hacen llegar, en cuasi epica travesía, un ejemplar de Prosa Plebeya, conjunto de los mejores ensayos del mítico poeta, intelectual y crítico argentino Néstor Perlongher (1949-1992). Editorial Extramuros, de Argentina, es la responsable de la publicación de este necesario libro.

Los ensayos reunidos fueron publicados originalmente entre 1980 y 1992, en diversas revistas culturales de Argentina, Brasil y Uuruguay, adunados cuidadosamente por Oswaldo Baigorria y Christian Ferrer para este libro.

Prosa plebeya está dividido en seis partes. Se inicia con una ligera y larga entrevista al poeta, donde da a conocer algunos secretos sobre su vida y las razones por las que, en cierto momento, radicó hasta su muerte en Sao Paulo. La sección "Deseo y política" discurre sobre temas que siempre preocuparon a Perlongher: la homosexualidad, los micropoderes, el deseo y sus encarnaciones, el carnaval, el travestismo y la política argentina del siglo veinte. "Barroco barroso" tiene algunos de los ensayos más conocidos del autor, donde toma respetuosa distancia del neobarroco de Sarduy para fundar (así lo diré) el neobarroso a partir de un libro de Oswaldo Lamborghini: Sebregondi retrocede.

En "Antropología del éxtasis" el autor se adentra en las relaciones entre la creación y las experiencias extáticas, principalmente a partir del uso del ayahuasca. (Como se sabe, Perlongher se unió a una secta en cierto momento, llamada "La religión del Santo Daime").

"Malvinas argentinas" reúne tres artículos sobre el caso de Las Malvinas y la visión particular que tuvo el poeta sobre este problema hasta ahora insoluble para sus compatriotas. "Eva Perón" contiene una suerte de cuento macabro y burlón sobre la figura política argentina, y una reseña al libro de Horacio González: "Evita. A militante no camarin" (1983).

Indudable: estamos frente a un libro imprescindible tanto para los que no conocen los cimientos del neobarroso latinoamericano, como para aquellos que pretenden volarse de un plumazo la importancia de esta tendencia poética. Muy recomendable.



27.11.13

ÁCIDO BOLAÑO SOBRE LA LITERATURA LATINOAMERICANA



Muy acorde con la coyuntura literaria actual. Tomado del libro El gaucho insufrible, del último texto: "Los mitos del Chutulhu". El que tenga oídos...



“En realidad la literatura latinoamericana no es Borges ni Macedonio Hernández ni Onetti ni Bioy ni Cortázar ni Rulfo ni Revueltas, ni siquiera el dueto de machos ancianos formado por García Máequez y Vargas Llosa. La literatura latinoamericana es Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Ángeles Mastretta, Sergio Ramírez, Tomás Eloy Martínez, un tal Aguilar Camín o Comín y muchos otros nombres ilustres que en este momento no recuerdo.”

(…)

“¿Qué pueden hacer Sergio Pitol, Fernando Vallejo y Ricardo Piglia contra la avalancha de glamour? Poca cosa. Literatura. Pero la literatura no vale nada si no va acompañada de algo más refulgente que el mero acto de sobrevivir. La literatura, sobre todo en Latinoamérica y en España, es éxito, éxito social, claro, es decir grandes tirajes, traducciones a más de treinta idiomas (…) portadas en Newsweek y anticipos millonarios.

Los escritores actuales no son ya, como bien hiciera notar Pere Gimferrer, señoritos dispuestos a fulminar la respetabilidad social ni mucho menos un hatajo de inadaptados sino gente salida de la clase media y del proletariado dispuesta a escalar el Everest de la respetabilidad, deseosa de respetabilidad. (…) Para llegar a ella tiene que transpirar mucho. Firmar libros, sonreír, viajar a lugares desconocidos, sonreír, hacer de payaso en los programas del corazón, sonreír mucho, sobre todo no morder la mano que les da de comer, asistir a ferias de libros y contestar de buen talante las preguntas más cretinas, sonreír en las peores situaciones, poner cara de inteligentes, controlar el crecimiento demográfico, dar siempre las gracias.”


25.11.13

LA REPARACIÓN DE LA POESÍA, POR SEAMUS HEANEY

El gran premio Nobel de poesía adelanta un ensayo de su próximo libro de crítica –ejemplar y necesario para muchos—poética en la extraordinaria revista mexicana LUVINA de otoño del 2013. Provecho.



La reparación de lo poesía

Los profesores de poesía, los apologistas y los propios poetas, desde Sir Philip Sidney a Wallace Stevens, tarde o temprano se sienten tentados a demostrar que la existencia de la poesía como manifestación artística guarda relación con nuestra existencia como ciudadanos en sociedad: a probar que la poesía posee «una utilidad actual». Detrás de todas estas defensas y justificaciones, más lejos o más cerca, se encuentra Platón, empeñado en poner en duda las prerrogativas y la utilidad que la poesía pretende reivindicar para sí dentro de la polis. Sin embargo, el mundo platónico de las formas ideales es a la vez el tribunal de apelación al que recurre la imaginación poética para intentar reparar los defectos de la actual situación. Y todavía diré más: que las respuestas «útiles» o «prácticas» a tal situación derivan igualmente de ciertos valores imaginados: tanto los gobiernos como los revolucionarios se justifican por medio de ficciones poéticas, de sueños de mundos alternativos. La diferencia es que los gobiernos y los revolucionarios querrían obligar a la sociedad a adoptar la forma de sus fantasías, mientras que la mayoría de los poetas están más interesados en intentar averiguar qué es aquello que tanto ellos mismos como sus lectores consideran como posible, deseable, e incluso imaginable. La nobleza de la poesía, según Wallace Stevens, «es una violencia interior que nos protege de la violencia exterior».[1] Es la imaginación que obliga a retroceder a la opresiva realidad.
Al final del ensayo «El jinete noble y el sonido de las palabras», Stevens insiste en que sus propias palabras son algo más que sonidos, y tal insistencia resulta comprensible. Es como si respondiera mentalmente a las quejas de uno de esos oyentes molestos que siempre interrumpen al orador en una conferencia y que Tony Harrison define como «ruibárbaros»; a las objeciones de un individuo que despotrica contra la mistificación del arte y su apropiación por parte de los aristócratas de la estética. «En nuestro tiempo», lamenta este hipotético interlocutor, haciéndose eco de unas palabras que ha escuchado en otro lugar, «el destino del hombre muestra su significación en términos políticos».[2] Y a su entender, y al de la mayoría de quienes se niegan a atribuir a la poesía una fuerza metafísica, esos términos se derivan de la política de la subversión, la reparación, la reafirmación de aquello que no se puede expresar. Nuestro molesto oyente, en otras palabras, querría que la poesía fuera algo más que una respuesta imaginada a la situación del mundo; querría saber inmediatamente por qué no debería ser un arte práctico, al servicio de los movimientos que intentan aliviar esa situación a través de la acción directa.
El oyente, por tanto, no mostrará demasiada simpatía hacia Stevens al sostener que el poeta es una figura poderosa porque «crea el mundo al que constantemente volvemos, sin saberlo, y [...] da vida a las ficciones supremas sin las cuales somos incapaces de concebir este mundo»,[3] es decir que si consideramos que nuestra experiencia del mundo es un laberinto, su naturaleza infranqueable puede sin embargo contrarrestarse si el poeta imagina un equivalente a ese laberinto y se regala (y nos regala) una experiencia intensa de ese sustituto. Un acto de estas características sólo puede intervenir en la realidad al ofrecer a la conciencia la oportunidad de reconocer el propio sufrimiento, de prever sus capacidades y de ensayar sus réplicas ante todo tipo de situaciones arriesgadas, algo que resulta en un acontecimiento beneficioso, tanto para el poeta como para los lectores. Ofrece una respuesta a la realidad que posee un efecto liberador y verificador sobre el espíritu individual. Sin embargo, entiendo perfectamente que para un activista político esta función no sea suficiente. Para el activista, carece de sentido concebir un orden que comprende acontecimientos pero que no crea otros acontecimientos nuevos. Las partes comprometidas no van a mostrarse agradecidas por una mera imagen, por creativa u original que sea, del campo de fuerzas en el que se encuentran inscritas. Siempre querrán que la reparación de la poesía beneficie su punto de vista; exigirán que todo el peso se incline del lado de la balanza en el que ellos se encuentran.
De modo que si eres un poeta inglés que lucha en el frente durante la Primera Guerra Mundial, se te presionará para que participes en la guerra, preferiblemente deshumanizando el rostro del enemigo. Si eres un poeta irlandés que escribe inmediatamente después de las ejecuciones de 1916, se te presionará para que critiques la tiranía de la autoridad que las ordenó. Si eres un poeta americano en plena guerra de Vietnam, todo el mundo esperará que agites retóricamente la bandera. En estos casos, considerar que el soldado alemán es un amigo y un compañero de desgracias, que el gobierno británico es un Estado capaz de cumplir su palabra, que la campaña del sudeste asiático es una traición imperial, es complicar las cosas cuando todo el mundo desea simplificar.
Estos gestos contrarios frustran las expectativas colectivas de solidaridad, pero tienen fuerza política. Su propia capacidad de exacerbación garantiza en cierta medida su eficacia. Se trata de instancias particulares de una ley que Simone Weil anunció con la radicalidad y la concisión que le caracterizaban en su libro La gravedad y la gracia:

Si sabemos de qué lado está desequilibrada la sociedad, hay que hacer lo posible por poner más peso en el platillo más liviano de la balanza. Aunque ese peso sea el mal, si se le maneja con esa intención tal vez uno no se ensucie. Pero hace falta haber concebido el equilibrio y estar siempre dispuesto a cambiar de lado, como la justicia, «esa fugitiva del bando de los vencedores».[4]
Evidentemente, esta visión se corresponde con estructuras mentales y emocionales profundas derivadas de siglos de enseñanza cristiana y de la paradójica identificación de Cristo con el sufrimiento de los desdichados. Y en la medida en que la poesía es una extensión y un refinamiento de las apreciaciones mentales más radicales, y de las más inesperadas intuiciones de la lengua, también expresa el mecanismo de la ley de Weil.
«Obedecer a la ley de la gravedad. El mayor pecado», afirma Simone Weil en La gravedad y la gracia.[5] De hecho, el libro se articula en su totalidad en torno a la idea del contrapeso, del equilibrio de fuerzas, de la reparación: de hacer que la balanza de la realidad se incline del lado del equilibrio trascendente. Y en la actividad de la poesía existe también una tendencia a situar en la balanza una «antirrealidad», una realidad que quizá sólo sea imaginada, pero que sin embargo tiene peso porque ha sido imaginada dentro del campo gravitacional de lo real y, por tanto, puede resistir el peso y encontrar un equilibrio con la situación histórica. Este efecto reparador de la poesía se debe a su condición de alternativa vislumbrada, de revelación de un potencial que las circunstancias niegan o amenazan constantemente. Y a veces, por supuesto, sucede que esta revelación, una vez consagrada en el poema, se convierte en un valor para el poeta, de manera que entonces queda sometido a la presión de tener que trasladar a su propia vida el plano de conciencia que ha establecido en el poema.
(continuar leyendo)


23.11.13

Cummings: novedad y voluntad transgresora



Acaba de llegarme de Buenos Aires una nueva antología de poemas del genial poeta estadounidense e.e. cummings. La edición es de Editorial Descierto (Bs. As., 2013) y, por supuesto, es bilingüe. 

En el prólogo, el traductor y antologador, Jorge Santiago Perednik, discurre un poco arduamente sobre los problemas de traducción de cummings, que son muchos y en gran medida insalvables, al menos para nuestro idioma.

Como recordamos, e.e.c. fue uno de los grandes impulsores de la vanguardia norteamericano en las primeras décadas del siglo veinte. Libro a libro, su vocación por la exploración expresiva, además de su natural tendencia a hacer explotar la sintaxis y la morfología de la lengua inglesa, lo alejaron de entrar en carrera para el Nobel y otros premios tan codiciados ayer y ahora, pues estaba muy despreocupado de encontrar “su propia voz” y explotarla dentro de una línea de hacer carrera poética antes de hacer poesía (tomo el término de una contundente reseña de J. C. Yrigoyen sobre el reciente libro de Ildefonso, al cual no me referiré, pues aún no lo he leído).

Volviendo al poeta gringo, es ostensible que dos pilares marcaron su producción poética: una natural y fresca voluntad de novedad –ojo, Yrigoyen, la búsqueda de la novedad no es negativa per se: el reciente libro de Pimentel junior es completamente novedoso con respecto a sus libros anteriores)-- pero sobre todo una voluntad de descomponer su propia lengua (toda su obra podría tomarse como una extensa Trilce) para lograr formas expresivas polivalentes, cuestionadoras, arriesgadas.

Creo que, releyendo a Cummings, obtenemos un buen camino para renovar ese cierto pasmo en el que nos encontramos desde los 80, salvo excepciones individuales, hasta los poetas post 2000. Estimo que la concepción de muchos de los poetas menores de 40-45 años es demasiado cómoda, sin alma de riesgo, de aventura transgresora (por no decir cobardía poética), pues se refugian unos en la conservación de un público cautivo, pero poco conocedor; otros dedicados a repetir fórmulas que alguna vez le dieron premios y ahora solo le dan la abulia de los críticos y lectores de poesía; los más, enquistados en una poética adocenada, liricona, previsible, cotidiana en el peor sentido, y que lamentablemente empieza a repetirse libro tras libro.

Cummings es demasiado especial y peligroso como para tenerlo como un ícono a seguir. Pueden obtener verdaderos esperpentos vanguardistas siguiéndolo, aún dominando bien el inglés. Sin embargo, podemos tomar su admirable despreocupación por los reconocimientos; su voluntad de buscar novedad y cambio constante; la transgresión y deconstrucción de su propia lengua.

Si siguiéramos al menos al cincuenta por ciento las enseñanzas poéticas de e.e.c., nuestro futuro poético podría superar la superlatividad –supuesta o real—de poemarios aislados y llegar a un bloque consolidado de poetas que buscan poéticas inteligentes y novedosas sin calcular ni llevarse por egos que esconden carencias interiores.


22.11.13

50 AÑOS DE "LA CIUDAD Y LOS PERROS"






"Año de la Inversión para el Desarrollo Rural y la Seguridad Alimentaria"
"Decenio de las Personas con Discapacidad en el Perú 2007 - 2016"

NOTA DE PRENSA

HUELLA, INFLUENCIA Y VIGENCIA DE LA CIUDAD Y LOS PERROS: CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

La publicación de La ciudad y los perros, en 1963, marcó el inicio de la descollante trayectoria como novelista de Mario Vargas Llosa, pero también significó un punto de quiebre en la literatura hispanoamericana con el surgimiento del denominado Boom. Al cumplirse 50 años del lanzamiento de este hito en la narrativa contemporánea en lengua castellana, la Casa de la Literatura Peruana inaugurará el próximo 4 de diciembre un congreso internacional y una exposición dedicada a esta innovadora obra del hoy Premio Nobel de Literatura.

El congreso internacional, denominado La ciudad y los perros y el Boom hispanoamericano, se desarrollará los días 4, 5 y 6 de diciembre y convocará a 16 investigadores peruanos y extranjeros que reflexionarán sobre la obra de Vargas Llosa. Abrirá el evento Roland Forgues, quien dictará una conferencia sobre la figura del padre en El héroe discreto, última novela del autor. Además, estarán Ángel Esteban y Ana Gallego, autores del libro De Gabo a Mario, un retrato de la legendaria amistad entre Gabriel García Márquez y Vargas Llosa.

Asimismo participarán Elena Guichot, autora del libro La dramaturgia de Mario Vargas Llosa, Roy Boland (University of Acadia), Mercedes Serna Arnaiz (Universidad de Barcelona), Pablo Sánchez (Universidad de Sevilla),  Hedy Habra (Western Michigan), entre otros. Entre los ponentes nacionales figuran Alonso Cueto, Francesca Denegri, Agustín Prado, Fernando Carvallo, Carlos Garayar y Marco Martos.

Además del congreso, el miércoles 4, a las 8 p.m. se inaugurará la exposición El poder es cada individuo. Rutas de La ciudad y los perros, la cual pretende ofrecer una lectura sobre las relaciones de poder y de la urbe que el escritor plantea en su novela, a través de fotografías, videos, fragmentos de la obra intervenidos artísticamente y reproducciones facsimilares de notas periodísticas de y sobre Mario Vargas Llosa.

El recorrido de la muestra comienza con la exhibición de fragmentos de la obra narrativa de la Generación 50, ubicados en una fotografía panorámica de Lima, y de artículos periodísticos del autor, para recrear el contexto en que surge La ciudad y los perros.

Además, se representarán, a través de imágenes (fotografías, videos de la adaptación al cine de la novela, y un mapa), los escenarios pendulares de la novela: Lima y el Colegio Militar Leoncio Prado. El tránsito de los personajes entre estos dos mundos invita a comprenderlos como parte de un solo cuerpo que revela, en ese ir y venir, la influencia de cada uno de ellos en el otro.

Como complemento de estos dos eventos, el viernes 6 de diciembre se inaugurará la muestra fotográfica de Morgana Vargas Llosa titulada Las fotos de una novela, la cual muestra el periplo de su padre durante el proceso de investigación de su obra El paraíso en la otra esquina (2003). A través de 20 fotografías, se observa al escritor tomando notas, recorriendo las islas Marquesas, Londres y París en busca de las huellas de la luchadora social Flora Tristán y de su nieto el pintor Paul Gauguin.

Asimismo, se avecina la publicación del volumen Las cartografías del poder en la obra de Mario Vargas Llosa, ensayos literarios, coeditado por el Fondo Editorial del Congreso de la República y la Casa de la Literatura Peruana. El libro recoge las ponencias presentadas al congreso internacional de homónimo nombre que se desarrolló en nuestra institución, en diciembre de 2010. La compilación es responsabilidad de Sandro Chiri Jaime y Agustín Prado Alvarado, funcionarios de dicho ente del Ministerio de Educación.



Para mayor información y coordinar entrevistas con los expositores y detalles sobre la muestra comunicarse con el Equipo de Promoción Literaria de la Casa de la Literatura al 4252573 anexo 103 o al 995544795

18.11.13

"Perturbatorio", de David Jiménez



“¿Cómo hacer sensual un verso? ¿Cómo producir la sensualidad en el lenguaje?”, se preguntó el casi mítico Néstor Perlongher en uno de sus ensayos. La respuesta, para él, está atravesada por el deseo, o más bien por la proliferación libre del deseo, inundante de toda la realidad.

Ahora bien, en el caso de este breve y trabajado poemario de apenas 16 poemas y 22 páginas*, el deseo tiene valores demasiado denotativos, digamos que hay una cierta voluntad malditista bastante refinada (un amigo me cuenta que el autor “pulió” sus versos durante años antes de publicarlos), y una indagación sobre los pliegues de lo real en el sentido lacaniano, lo oculto que se revela en su atrocidad incomparable y más cierta que lo cierto.

Sobre la voluntad del poeta de perfeccionar sus versos, no nos cabe duda: en algunos casos, para nuestro gusto, se le pasa la mano y le quita contundencia a lo que busca expresar; en otros, llega versos perfectamente recordables y logrados. 

Sin embargo, donde hay que trabajar –recordemos que apenas es el primer poemario del ex miembro de El club de la serpiente—es en la concreción del poema como un todo coherente (algo que, por ejemplo, a mí no me importa en lo absoluto; pero a Jiménez, sí), como un corpus con vida propia, si se quiere verlo de esa forma.

Con todo, Perturbatorio no deja de ser un poemario, antes que perturbador, interesante y algo inquietante. Como para no perder de vista a este poeta debutante con una sabiduría propia en cuanto a las desbordantes formas de asumir el hecho poético. 

Mención aparte para las ilustraciones de la artista Andrea Barreda. 



*Me dicen que Hipocampo editores, del cuentero Teófilo Gutiérrez, ha cobrado al autor 1,500 soles por un librito de 22 pp y 300 ejemplares. Es casi como un asalto a mano armada. ;)
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