29.1.13

“Enrique”, de Bili Sánchez Montenegro





El año pasado me encontré, luego de varios años, con el poeta y diseñador de joyas Bili Sánchez. Lo conocí en los 90, cuando él formaba parte de uno de los grupos que animaban la movida poética de la Pontificia Universidad Católica.

Bili me entregó esta vez “Enrique”, un poemario color plata, innumerado, que reflejaba a la vista su interés creciente por el trabajo con el noble metal. Por alguna razón el poemario, luego de una primera rápida lectura, se me extravió, pero acabo de recuperarlo. Así que me apuré (también por alguna razón) en releerlo y dar con una cita que refrende esta relación inicial que planteo:

Aquí comenzó todo. Donde todo lo imaginado deja de ser trazo en el aire. El fuego hecho herramienta hace sangrar al metal. Se derrite rojo y en el fondo del crisol respira. El trazo de lo imaginado es ahora la savia de la tierra que desciende a la lingotera como un río encendido. Déjalo enfriar. Golpes de martillo como una canción de cuna. Sumergir en sales el metal como una ceremonia de bautizo. Láminas e hilos para la arquitectura del sol. Piedras y colores para la melodía de la luz. Aquí comienza todo.

Sánchez Montenegro, con su estro clarísimo y su ritmo descomplicado, no parece inscribirse en ese tipo de poeta, tan común, que escribe para el reconocimiento mediático, ni siquiera para pelear un lugar en lo que llaman “un lugar en el canon literario”, aunque por su formación –estudió Filosofía—entienda perfectamente de estas cosas. Su poesía parece brotar de manantiales a la vez más naturales y más cáusticos.

Creo. Vibra la tierra. Respira la tierra. Brotan brillos silenciosos, imperceptibles. Semillas, palabras que se abren para alcanzar al sol.

El concepto de creación en la poesía de Sánchez Montenegro puede haber avanzado (uso este verbo adrede) hacia la poiesis griega, y/o al momento en que la palabra y la acción de crear compartían un mismo fundamento, y ello mismo era compartido aun por otras culturas, como la india, por ejemplo.

En ese contexto, digamos que ideal y trascendente, donde el acto de crear con el metal no está desligado del acto de crear con la palabra, ¿qué sentido podría tener que su trabajo poético se exponga a incomprensiones y subinterpretaciones en un medio ya incapaz de entender siquiera su propia crisis?

Celebremos, mejor, el respeto por la palabra de “Enrique”, su celebración del trabajo y de la vida. Esa sutil independencia de opciones poéticas como la suya que realmente hacen la diferencia en nuestro medio.

---Portada.

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