4.2.13

La caza del cóndor en "Eumeswil"




Revisitando el delicioso libro de Ernst Jünger me encontré con un episodio que había olvidado. Dos personajes discurren sobre las características y costumbres del cóndor. Uno de ellos, un profesor, recuerda haber visto en el altiplano "un viejo que lo transportaba a hombros como botín de caza; lo alaba como como un bocado de reyes, y distinguía tres sabores en su carne; una parte sabía a buey, otra a caballo, la mejor a cóndor" (pp. 221)

Luego el profesor enumera las formas que se usan para atrapar al cóndor:

Un cazador se oculta bajo la piel de un novillo sacrificado, con la parte ensangrentada vuelta hacia el exterior. Cuando el cóndor se lanza sobre la presa, el indio cierra la piel en torno a sus garras, como si fuera un saco, y lo ata con un cordón. Entonces se acercan los demás.

El profesor prosigue con otras formas:

En algunos distritos, llenan el cadáver de una llama con plantas narcóticas. Los buitres se emborrachan al comerlo y comienzan a girar en círculo. Entonces se los traba con bolas o se les echa un poncho encima.

Lo sorprendente es que hay una versión de una fiesta de la sangre peruana:

Una vez participé en una fiesta ritual en Perú, en la que se sacrifica el cóndor. La fiesta se celebra en febrero. Las gentes son crueles; aunque lo veneran como un dios, los someten a lentas torturas, hasta la muerta. Pero al cóndor capturado se le conserva sobre todo para la corrida de toros. Previamente se le tiene una semana sin comer, luego se le sujeta, como si fuera un jinete, al lomo del toro, ya ensangrentado por las picas. El pueblo llega hasta el paroxismo cuando el cóndor, con las alas desplegadas, descuartiza a la poderosa bestia.
Se suele colocar los restos de una oveja en el anfiteatro natural que forman los bordes de un cráter, y luego el grupo de comuneros encargados de esta misión se esconde durante varios días. El cóndor es muy cauto y solo cuando comprueba que no existe ningún peligro desciende sobre su presa. Entonces los comuneros salen de su escondite y, enarbolando sus ponchos a modo de redes, emprenden la persecución del ave, la cual, no puede remontar vuelo en espacio tan estrecho.
El cóndor es conducido ceremoniosamente al pueblo, pues es un animal sagrado. El día de la fiesta, adornado, es colocado sobre el lomo del toro, en donde se han cosido las argollas que servirán para sujetar al ave.
Los dos animales, unidos ahora por la sangre y el sufrimiento, salen al ruedo, el cóndor en precario equilibrio, el toro encabritándose para librarse de un adversario que le arranca tiras de piel de los lomos y el cuello, y que quiere sacarle los ojos. 
Antes, la fiesta terminaba con el despanzurramiento a punta de dinamita. Ahora acaba en un empate que quizás sea un símbolo de un sosiego que está adquiriendo la sensibilidad andina, después de un tiempo de combate en el que improvisados lidiadores buscan dar unos pases a los animales, el cóndor es separado del toro.
Si el cóndor muriese, ello sería el anuncio de que una inevitable desgracia va a caer sobre la comunidad. Por ello, se trata bien al ave, se la alimenta, da de beber y, adornadas sus alas con cintas coloridas, se le otorga la libertad.

Obviamente el personaje de Jünger describe el Yawar Fiesta. Aunque, como es obvio para los que hemos leído el libro de Arguedas, no se trata de la misma ceremonia del peruano, pues en aquella no interviene el ave; las cosas se limitan a volar en pedazos a la bestia astada por parte de los comuneros. Donde sí se reproduce una ceremonia más o menos parecida a la narrada por Jünger es en Cotabambas:

---Escena de la ceremonia tradicional.

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