6.2.13

Metamorfosis del mal – segunda versión (una lectura)




Dicen que acercarse a la poesía del alemán George Trakl (1887-1914) es una de las tareas más difíciles para un lector y para un crítico actualmente. Como afirma el prologuista y traductor de sus poesías completas en castellano preparadas para editorial Trotta en España (2011):

Toda la problemática social y estética que Trakl vivió es de una actualidad ejemplar en nuestro momento de ruptura no solo con nuestra tradición artística moderna, sino ya incluso con su alternativa que efímeramente se ha llamado posmodernidad, de la que ya se afirma que ha perecido. (“Prólogo”).

La clave y leit motiv de este texto parece ser esta pregunta:

¿Qué te obliga a estar silente sobre las derruidas gradas en la casa de tu padre?

Indagación que se repite con frecuencia a lo largo del poema, casi como un reproche, casi como si el regresar a la casa paterna hubiera sido un error fatal que hubiera desencadenado una serie de visiones fantasmales y recuerdos y ensueños violentos.

Oh el infierno del sueño; oscura calleja, pardo jardincillo. Suave suena en la tarde azul la figura del muerto. Verdes florecillas voltean en su redor y su rostro la ha abandonado; o se inclina pálida sobre la fría frente del criminal en lo oscuro del vestíbulo…

Mas hacia el final del poema el carácter onírico pesadillesco se contorna mejor en el texto, pero esto no niega que desde el principio este rasgo prácticamente haya ido afirmándose:

Alguien te abandono en el cruce y tú miras largamente hacia atrás. (…) Oh, lo oscuro; el sudor que surge en la frente helada, y los tristes sueños en los vinos, en la taberna de la aldea (…) Tú, un verde metal y en el interior un rostro de fuego, que quiere irse y cantar los tiempos tenebrosos de la colina de osamentas y la caída flameante del ángel.



El poema termina con una inquietante visita de un suicida al poeta, que viene perseguido por la noche.

Un muerto te visita. Del corazón corre la sangre por sí mismo derramada y en la negra ceja anida un instante inefable, oscuro encuentro. Tú una luna purpúrea, cuando aquél en la verde sombra del olvido aparece. Lo sigue imperecedera noche.

Dar una conclusión global sobre un poema con una simbología tan profusa y abierta me parecería un atrevimiento. Solo puedo decir que la repetición a manera de mantra de la pregunta sobre el retorno a la casa del padre parece ser el origen de las fantasías, visiones, malos sueños, recuerdos oscuros y zozobras que el espíritu del creador tiene que soportar.

¿Por qué? No lo sabemos. O, tal vez, alguien sí.  

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Metamorfosis del mal


Otoño; negro caminar por el lindero del bosque; minuto de silenciosa destrucción; al asedio del leproso bajo el árbol desnudo. Tarde vivida, que ahora muere sobre gradas de musgo; en noviembre. Suena una campana y el pastor guía una manada de caballos negros y rojos a la aldea. Entre los avellanos el verde cazador desolla un venado. Sus manos humean de sangre y bajo el follaje la sombra parda y silenciosa del animal suspira en los ojos del hombre. Tres cornejas se dispersan. Su vuelo semeja una sonata, llena de acordes marchitos y ruda melancolía; quedamente se disuelve una nube de oro. Los muchachos encienden un fuego en el molino. El hermano del más pálido llama y aquel ríe sumido en su cabellera purpúrea; tal vez sea el lugar de un crimen por donde pasa de largo un camino de piedras: los bérberos han desaparecido, bajo los pinos algo sueña todo el año en el aire de plomo; angustia, verde oscuridad, el grito de un ahogado: en el estanque  estrellado un hombre captura un pez gigante, negro; su rostro se llena de crueldad y delirio. Se escuchan las voces del cañaveral mezcladas con las de algunos combatientes y el pescador se balancea en su roja barca por las grises aguas del otoño evocando las sombrías leyendas de su estirpe, mientras sus ojos abiertos se petrifican sobre tinieblas y virginales apariciones. El mal.

¿Que te obliga a callar en los derruidos escalones de la casa paterna? Negrura de plomo. ¿Que alzas ante los ojos con tu mano de plata para que los párpados desciendan como ebrios de blanca amapola ? A través del muro de piedra ves el cielo estrellado, la Vía Láctea, Saturno; rojo. El árbol desnudo castiga furioso al muro de piedra. Sobre derruidas gradas, tú: ¡árbol, estrella, piedra! Tú, un animal azul, que tiembla levemente; tú, el pálido sacerdote que lo sacrifica en el negro altar. Es triste y maligna tu sonrisa en la oscuridad, como un niño que palidece en su sueño. Una llama roja huyó de tu mano y una mariposa nocturna ardió en ella. Oh, la flauta de la luz; oh, la flauta de la muerte. ¿Qué te obligó a callar en los derruidos escalones de la casa paterna? Abajo, en la puerta, golpea un ángel con dedos de cristal.

Oh, el infierno del sueño; oscuro sendero, pardo jardín. En la tarde azul irrumpe la figura del muerto. Verdes flores giran para mirarlo pero él ha sido despojado de su rostro y se inclina pálido sobre la fría frente de su asesino en lo oscuro del recinto; adoración, llama púrpura de la voluptuosidad. Y el durmiente, moribundo, se precipitó sobre las gradas de la oscuridad.

Alguien te abandonó en el cruce y tú miras con persistencia hacia atrás. Paso plateado en la sombra de manzanos abatidos. Purpúreo brilla el fruto en las ramas negras y en la hierba cambia de piel la serpiente. Oh, lo oscuro; el sudor, que mana de la frente helada y los sueños tristes del vino, en la taberna de la aldea bajo el pórtico sombrío. Tú, aún lugar silvestre entre rosadas islas encantadas nubladas de tabaco, encuentras en el interior ese salvaje grito de aquel caudal que por los negros almendros del mar incita la tempestad y el hielo.
Tú, un metal verde con rostro de fuego en su interior, que desea huir para cantar los tiempos del terror en la colina de osamentas y la caída ígnea del ángel. Oh, desesperación, que con mudo grito cae de rodillas.

Un muerto te visita. Corre la sangre del corazón vertida por la propia mano y en la negra ceja anida un instante indescriptible; el más oscuro encuentro. Tú -púrpura luna- cuando en la verde sombra del olivo él aparece seguido por una noche inmortal.

(La traducción no es de Ttrotta.)

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