16.4.13

BALO SÁNCHEZ HABLA CLARO


Entrevista a Abelardo Sánchez-León: 

«El drama del Perú de hoy es que no tiene los poetas de la calidad de los de antes»

El poeta peruano Abelardo Sánchez-León
Fotografía: Caretas

 Por: Mario Pera






Sociólogo de profesión y poeta y novelista por vocación, Abelardo Sánchez-León, es dueño de una de las voces poéticas originales y distintas en la tradición poética peruana, más concretamente, la de la década del ’70, pese a haber consolidado una obra lírica que cuenta con casi una decena de títulos publicados a lo largo de cuarenta años.
Poéticamente, algunas de sus principales armas literarias han sido el sarcasmo y el coloquialismo en su discurso. Su referencia temática se centra, en buena medida, en el constante cuestionamiento de la propia existencia, y de la existencia del ser humano. Sin embargo, su voz poética no se estancó en su etapa juvenil, en la que predominaban una suerte de confesiones de parte, sino que pasó a una etapa de mayor madurez que se evidencia en el trabajo de la estructura y de las imágenes poéticas así como en su temática, virando hacia reminiscencias o reflexiones personales, a veces agrias, recordándonos que quizá no todo tiempo pasado fue mejor.
     No obstante, además de la poesía (una labor artística que ha desarrollado de modo más íntimo) Sánchez-León incursionó en otro género de la literatura, la narrativa, a partir de la década de los ’90, logrando una buena acogida por la crítica. En ese sentido, es reveladora su amistad con grandes narradores peruanos como Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique. Así también en el ensayo, tanto respecto de la literatura nacional, como relacionado al estudio de la sociedad de nuestro país.
     Como he mencionado, la voz poética de Abelardo Sánchez-León  es una de las más independientes de la lírica peruana de las últimas décadas. Se trata de un poeta, en ese sentido, insular. Por ello, resulta interesante conocer su perspectiva sobre el quehacer poético y sus vivencias como poeta y escritor.



1.  Abelardo, ¿cómo inició tu relación con la literatura y con la poesía en especial?
Pienso como varios, que el poeta nace, no se hace. Es un don que el poeta está obligado a cumplir. A pesar de haber realizado una serie de actividades dispersas, nunca he olvidado a la poesía. La leo, con frecuencia la escribo, la hago mía para ver y compenetrarme con el mundo. Escribo desde chico y no he dejado de hacerlo.


2.  Además de escritor estudiaste sociología. ¿Se vinculan de alguna manera tus estudios en sociología con tu arte poética, o son dos aspectos claramente diferenciados en tu vida?
Es preferible hacer y tener dos cosas en la vida, que solamente una. Garrincha tenía una sola gambeta, y fue genial. Yo opté por tener dos. Las diferencio a la hora de hacer una u otra, pero las dos forman parte de un sustrato común. Me hubiese gustado también ser geólogo. Todo suma. No hay que restar.


3.  Perteneces, literariamente, a la llamada generación de poetas del ’70 la que incluye, entre otros, a poetas renombrados como José Watanabe, Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruíz y Enrique Verástegui y grupos poéticos como Hora Zero o Estación Reunida, estos últimos a los que no te integraste. ¿Participaste en algún grado o modo del espíritu de cuerpo en esa generación? ¿De alguna manera tu obra poética se vincula con la obra de alguno o varios de esos poetas?
Había un espíritu de época en el cual se insertaba el espíritu de los dos grupos poéticos que mencionas, y de los poetas del 70 en general.
Los acontecimientos son conocidos: presencia y muerte del Che Guevara, el Mayo francés, Praga, la revolución cultural china y el gobierno militar en el Perú. De ese aire no se escapaba nadie y orientaba tu vida y tu poesía.
En la Lima de aquellos años todos convergíamos en el centro. Nos conocíamos y respetábamos. Pero como ha quedado demostrado, cada uno siguió su propio camino y ha hecho una obra propia. José Miguel Oviedo, en Estos 13, recalca la existencia de los llamados independientes: Watanabe, Manuel Morales y yo. No sé si éramos independientes, lo que sí sé es que escribíamos poesía a solas. Watanabe y Verástegui son dos grandes referentes y no tienen una estética compartida.


4.  Tu poesía evidencia un tono sarcástico y coloquial; no obstante, mantiene un cuestionamiento existencial, en el que se muestra el pesimismo y disgusto frente a tu situación personal o social. Tu carácter, según sé, dista de estas características. ¿Existe una metamorfosis en ti cuando escribes poesía? ¿En qué se diferencia Abelardo Sánchez-León, la persona, de Abelardo Sánchez-León, el poeta?
Todo escritor tiene una máscara para mostrarse mejor o de diversas maneras. Uno no escribe todos los días ni vive en actitud de poesía. El ciudadano es una cosa y el poeta otra.
Yo me desdoblo (poeta y sociólogo, poeta y profesor, poeta y trabajador en una ONG) y pienso que el más auténtico de todos es la persona que escribe. Murakami dice que cuando escribe se traslada a otro cuarto y allí se convierte en otra persona, alguien que vive con seres que no aparecerían si no fuera capaz de cambiar de cuarto.


5.  ¿La sociedad peruana, por su complejidad en todo ámbito, es un perfecto caldo de cultivo de narradores y poetas? ¿Cómo explicarías que en una sociedad en la que una gran parte de peruanos no vive sino sobrevive, exista una significativa cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que se dedican a la literatura?
No tiene nada que ver una cosa con la otra. Las épocas de crisis económica y política propician el mejor arte. Las vanguardias han vivido siempre ligadas a la pobreza material. Una persona, pobre o no, vive mejor si está cerca del arte. El arte le brinda un mundo fascinante de formas y significados. El drama del Perú de hoy es que no tiene los poetas de la calidad de los de antes. Leamos las cartas de Westphalen y Abril para ver el nivel de lecturas que poseían. Los artistas no tienen mala conciencia por hacer lo que deben hacer: escribir, pintar o componer acordes musicales.


6.  Has ganado, por tu obra literaria, dos becas importantes la Guggenheim en 1981 y la Fullbright en 1989. Lamentablemente, nuestro país, como estado, brinda poco o nulo apoyo a las personas que se dedican a las actividades artísticas, entre ellas la literaria. ¿Cuánto y de qué manera influyen las becas, los premios, las pasantías, etc. en la obra y la carrera de los jóvenes escritores?
No lo sé. Ahora hay un montón de premios y muchos escritores escriben para obtenerlos. Lo que mencionas en mi caso son becas, no son premios, yo no he ganado premios, solo los Juegos Florales de Poesía de la PUCP en el año 1966. Después no he ganado nada.
Pueda ser que el premio sea un reconocimiento que influya en un instante, que le brinde al autor una recompensa monetaria o un reconocimiento social, pero todos sabemos que solo son empujones en este camino de profundas soledades y tristezas reales.


7.  ¿Tienes algún o algunos libros de cabecera a los que siempre vuelves? ¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

No soy muy hábil en este tipo de respuestas. En mi mesa de noche no hay libros. Los tengo en el escritorio y los reviso y los renuevo. Leo un poco a los mismos poetas y a los novelistas los cambio. He leído todo Coetzee y todo Auster, pero tengo grandes lagunas. Cuando uno lee a los grandes novelistas o poetas percibe el abismo que nos separa. 


8.  En la actualidad para nadie es un secreto que casi no hay crítica literaria en la prensa nacional, el boom de las editoriales independientes del 2000 ha decrecido, hay muchos quienes se dedican a la poesía pero escriben para un mercado reducido. ¿Cómo ves el panorama literario peruano contemporáneo en ese sentido? Considerando que una vasta mayoría de narradores y poetas no trascienden las fronteras nacionales y, en algunos casos, incluso regionales.
A mi edad ya me he ubicado: soy un escritor de resonancia nacional. Fuera de las fronteras no me conoce nadie. Tampoco me desespero. Es un dato de la realidad, y hay que tener sentido de la realidad para dedicarse al juego perverso de las palabras que construyen poesía o ficción.
Como narrador he publicado en editoriales de prestigio y serias. Como poeta, a veces, como fue el caso de Visor, gracias a la generosidad de Chus y, otras veces me las ingenio. La poesía siempre fue así: minoritaria, para los amigos, para las personas parecidas.
En los ‘70 sacábamos tirajes de 1000 ejemplares y hoy solo de 300 o 500. Es probable que este año saque un nuevo libro de poemas después de casi una década, y lo haré como lo hacen los jóvenes: con ganas, financiándolo y regalándolo. La poesía es una gracia y hay que tratarla como tal.


9.  Has sido invitado al II Festival Internacional de Poesía de Lima. El festival pasado congregó a más de 3000 personas en su inauguración. ¿Qué expectativas tienes de este festival atípico para nuestra ciudad?
No frecuento festivales ni recitales. Soy muy tímido. En verdad, estaré en un mundo que desconozco. He aceptado la invitación, sobre todo, porque viene del buen amigo Renato Sandoval. Por lo general, no me invitan. Es un milagro que Renato se haya acordado de mí.

10. Estimado Abelardo, finalmente, ¿vienes trabajando algún nuevo proyecto literario, en poesía quizá? ¿Quisieras añadir algo más?

Tengo un libro terminado: Grito bajo el agua, y espero publicarlo este año o el próximo. Es un libro de poemas. La musa me ha visitado a horas tempranas el verano pasado. Descubrí un nuevo método: me levantaba temprano, sabía que nadie llamaría por teléfono, y escribía la imagen que había forjado mientras dormía. Fue un verano maravilloso.




---El poeta con el inefable Cisneros chico.


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