29.5.13

HORA ZERO SOBRE LA ANTOJOLOJÍA DE GÜICH - CHUECA - SUSTI - LÓPEZ DEGREGORI

El poeta Tulio Mora me hace llegar el más reciente documento producido por el Movimiento Hora Zero. Una crítica aguda a la írrita antología "Espléndida iracundia. Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008" publicada por la Universidad de Lima. Los dejo con el texto sin más. Espero sus comentarios.




UN ESPLÉNDIDO MAMARRACHO

Toda crítica es una forma de publicidad.
Christian Metz.


Vallejo es Vallejo, no por Vallejo, sino por todos los críticos que han estudiado y difundido a Vallejo. Extrememos la afirmación hasta la caricatura: Vallejo es una invención de los críticos. 
Esta es una de las conclusiones que con forceps extrae el lector de la introducción de “Espléndida iracundia” (universidad de Lima, 2012), selección de sumatorias interesadas y deudas saldadas recíprocamente, entre otras enmarañadas y harto sabidas digresiones de sus cuatro autores, cuyos apellidos (López Degregori, Chueca, Güich y Susti) aparecen en las 626 páginas del libro [1].
Como sabemos, esta selección desató una dura polémica en 2010 dejando mal parados a los autores y a ¿123 / 125? consultados debido a serias distorsiones cuantitativas (entre el número de poetas mencionados y el de sus obras que muy pocos citaron); al sesgo de los poetas escogidos que despertó la sospecha de una vinculación interesada; a la no publicación de los votos de los consultados (hasta hoy solo lo han hecho parcialmente); a la inclusión de por lo menos una docena de poetas por devolución de favores (de los 43 que aparecen cuando es probable que los consultados no votaran por ellos) y a la apresurada autoinclusión de dos de los 4 coautores (López Degregori y Chueca).

Lejos de mostrar transparencia en las encuestas y de reorientar la ruta metodológica que sugerían las críticas ellos siguieron obstinados en la publicación del libro con un aire de revanchismo y así confirmaron lo ya adelantado por HZ en ese cruce de fuego intenso que según Gabriel Ruiz Ortega (“Una antología arbitraria”, 2012) ha sido el más ruidoso de los últimos tiempos, demostrándonos que en la elaboración de esta simulación intratextual, bajo la modalidad  desastrosa de la consulta, estaban más interesados en su propio reconocimiento. En pos de esa guirnalda que ya guardaban en el bolsillo antes de la convocatoria a los consultados no es difícil presuponer los roles que jugaron los “agentes”, desde el “productor” -vamos a ponernos fashion con una redifinición súper neoliberal de la actividad poética utilizada por los autores de esa (auto)selección- hasta el “consumidor”, este último ya tamizado por la intermediación de los críticos o mejor “agentes especializados” (o marketeros o publicistas o vendedores retail) que aspiran a administrar desde diversos frentes la legitimidad estética (la competitividad) de los poetas. Así pues, y como ocurre en las últimas décadas en los “mercados literarios”, el poder dimana de los críticos o académicos y no de los creadores.

Sigamos con la provocación que da inicio a este pronunciamiento de HZ: el poeta Carlos López Degregori es invención del “crítico” Carlos López Degregori (léase publicista, según la frase del semiólogo francés Christian Metz que hemos colocado como epígrafe) con la ayuda, claro, del “pensamiento Chueca” y de otros coleguitas de la camorra criolla en EEUU, y luego que ha asistido, solemne, en traje de párroco de aldea, a los funerales de la poesía de HZ (disfrazada bajo el ropaje de discurso “narrativo-conversacional”), decreta, al final de la introducción, que ¡ÉL se ha convertido en uno de las referentes más importantes de los últimos 40 años! (pp. 58-59). Entonces ya sabemos para qué sirvió toda esta comedia de la “antología consultada”.
No es la más decepcionante de sus conclusiones.

Más escandalosa es por supuesto la plataforma teórica, mezcla laberíntica de disculpas y delaciones inconscientes, de zigzagueos y balbuceos, ¿construida? con esa penosa escritura de chamanes rudimentarios, timorata y plagada de circunloquios y galimatías.
Para ejemplo esta perla:         

Creemos, por lo tanto, que uno de los aspectos más relevantes de esta antología ha de radicar en el hecho de contribuir a convocar un espacio de encuentro en el que un conjunto significativo de fuerzas -a través de las relaciones objetivas que establecen si las posiciones y tomas de posiciones representadas en el voto emitido por cada consultado- genera identidades y diferencias que dan cuenta de las dinámicas de inclusión y exclusión del campo en su totalidad y que involucra la (re)definición de categorías tales como lo “literario” -o, más exactamente, lo “poético”-, así como las de “escritor-poeta”, “lenguaje poético”, entre otras dinámicas por las cuales nuestra poesía ha atravesado en años recientes y, como es de suponer, continuará atravesando (p. 27, el subrayado sonriente es nuestro).

En otro caso un párrafo pondera la ideoneidad de los consultados, que se borra de un codazo en el párrafo siguiente:

Obviamente no todos (los consultados) realizan en la actualidad dichas tareas (de “investigadores académicos, periodistas culturales, promotores o gestores culturales, editores de revistas o directores de editoriales”) pero las han realizado y por periodos extensos en muchos casos, lo que los ubica como agentes dinámicos del proceso y nos permiten suponer en ellos un pensamiento sistemático de la poesía del periodo o parte de ella, incluso más allá, si cabe, de la que demanda por sí sola la actividad creativa (p. 30, el subrayado y las inclusiones entre paréntesis son nuestras).

De lo anterior se desprende que no pretendíamos que todos nuestros consultados tuvieran un conocimiento relativamente exhaustivo e integral del proceso poético peruano de los últimos cuarenta años y que -aunque respetamos las opiniones de quienes se excusaron de responder la consulta aduciendo desconocimiento de una parte significativa del corpus propuesto (porque en esa medida pensaban que su respuesta partiría necesariamente de un universo recortado que dejaría de lado involuntariamente voces probablemente más valiosas y, quién sabe, más valiosas que otras sí consideradas)-, a nuestro juicio, un conocimiento profundo aunque parcial de este era no solo suficiente para responder cabalmente la consulta, sino la condición de la mayor parte de nuestros opinantes (p. 31, subrayado nuestro)

¿Debemos interpretar entonces que esta antología es la suma de los conocimientos parciales de los consultados? Y ya pensando en la serie televisiva “Al fondo hay sitio”: ¿interesaba más la mancha que la calidad? No hay respuesta en ese pantano verboso dedicado más bien a intentar quedar bien,  por un lado, con los ¿123 / 125? “especialistas”, manoseados a su antojo por los cuatro miembros de la “Sociedad de los Poetas Vivos”, ya que al final no respetaron sus votos y escogieron a quienes les debían favores (hay razones para sospecharlo mientras no publiquen los resultados de la encuesta íntegramente); y, por otro, a disminuir las serias dudas de quienes detectamos muy temprano las inconsistencias cuantitativas.
   



En ninguno de los casos el instrumento de la consulta sirvió para un análisis de las características de las nuevas promociones, pese a que era un reto pendiente confirmar: 1) si procedía a hacer un corte temporal en 1968 o 1970 cuando una contradicción flagrante es afirmar que la poética de esta década, sobre todo la de HZ, procede de “Los nuevos”, y al mismo tiempo sostener que no hay antologías de las últimas promociones; 2) si estas nuevas promociones siguen gozando o no de una continuidad cualitativa y renovadora en nuestra lengua; 3) cuáles son las transformaciones que han propiciado contrastándolas con el cuerpo literario de las primeras seis décadas del siglo XX; 4) cuáles son las razones de que aún persista una relación centro-periferia tan desequilibrada (ellos lo hacen con golpes de pecho) y por qué no rompieron decisivamente esa excluyente tradición (reconociéndose así en parentesco directo con José de la Riva Agüero, Ventura García Calderón, Salazar Bondy-Eielson y Oviedo), para reafirmar la intensa vida cultural existente hoy en provincias, reto que hubiera obligado a consultar a profesores de literatura de universidades provincianas (existen en todas partes del país) y no a “especialistas” residentes en el extranjero hace tres décadas, ni siquiera ligados a la poesía; 5) ¿hay una explicación para la persistencia de la poesía en una época que le es adversa y hostil, como se comprueba en la ausencia de una crítica pública, de pequeñas editoriales desalentadas a emprendimientos de riesgo y sin retorno y para colmo con librerías que se niegan a vender poesía (Crisol es el caso más escandaloso) mientras los poetas no son visibilizados ni gozan de una interlocución socialmente válida?; y 6) ¿tiene sentido reinventar el canon, cada dos o tres años, a juzgar por la irónica acotación del poeta chileno Héctor Hernández Montecinos (“4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana”, Santiago: Ventana Abierta, 2010, y Monterrey: UANL, 2012)., según la cual los peruanos somos los más entusiastas confeccionistas de antologías?
Si el muy excepcional lector de este balance de acuerdos predeterminados quiere encontrar respuesta a tales preguntas tendrá que esperar otra selección y antologadores menos amigueros y predispuestos a la autopromoción.

Dicho esto, ¿interesa desmenuzar más esta precaria confesión de disculpas? Quizá solo volver a recordar a los lectores que la poesía es un campo de batalla en el que los coautores se han colocado explícitamente contra HZ, como lo habíamos advertido durante la polémica y fue la razón de que dos de nuestros miembros se autoexcluyeran. Como expresara Enric Sullá (1998) en toda selección antológica hay una estrecha interdependencia entre canon y poder. Y la elección de obras y autores, incluso cuando no consigue más fundamentación que la propia canonización, reproduce deliberadamente una función social e ideológica. Complementemos esta afirmación con la de José Carlos Mainer (1998): detrás de una antología siempre hay una voluntad de adoctrinar, en este caso contra HZ[2].

Desde por lo menos 1987 es la postura que mantiene un sector de la crítica académica (Mazzotti, Chirinos, De Lima, Quijano, Rodríguez-Gaona, los mismos Chueca y López Degregori siguiendo la línea trazada por Oviedo, Lauer y Martos) y algún reseñista tonto (Javier Ágreda)  que se han reagrupado luego de la publicación de nuestra antología “Los broches mayores del sonido” (2009) para intentar un nuevo codazo legitimador, refugiados en las universidades peruanas y norteamericanas desde donde por sí y ante sí se han convertido en la aduana de la poesía nacional bajo el siguiente razonamiento:
           
Si asumimos que hoy en día la tarea del lector de un texto literario, sea un crítico o investigador o no, implica la necesidad de producir un conjunto de lectura(s) que contribuyan a darle vida al texto dentro de una sociedad o periodo determinados, resulta claro que no existe lector que no se haga responsable de la representatividad de un texto (p. 32, el subrayado es nuestro).

Vale decir, un libro sin la participación de los intermediarios del “mercado poético” está muerto; per se los poetas no representan a su obra, esa responsabilidad solo recae en los críticos, falacia que quiere jerarquizar los roles de la producción poética cuando por extensión todo lector es ya un antologador (Alberto Manguel, 1987). Y para colmo tal arrogación expropiadora tampoco es contribución de los coautores que cobran peaje en el Perú, lo que agrega más decepción a su desempeño académico, sino el traslado de una marca o royaltie de un estilo legitimador a nivel continental. Recordemos a Víctor Mendiola (mexicano), Raúl Zurita  y Maurizio Medo (chileno y peruano), Roberto Echevarren y Eduardo Espina (uruguayos), todos reunidos bajo la sombrilla estética convenientemente desideologizada (mejor dicho acrítica) del cubano-norteamericano José Kozer.

¿Olvidamos que Eduardo Espina (citado varias veces) enterró prematuramente a Antonio Cisneros y a HZ (“Festivas formas, poesía peruana contemporánea”, Colombia, 2009) en otra antología tan amiguera e incongruente que a contrapelo de su fobia de la poesía conversacional acabó incluyendo a José Watanabe y a Enrique Sánchez Hernani? (este último poeta también es excluido del mamotreto de “La sociedad de los poetas vivos”).

Con esa ruma de espejos rotos y polvorientos en que se ¿refleja? el espléndido mamarracho resulta siendo más de lo mismo, una gastada correspondencia analógica, el inútil reciclamiento de estéticas que no colisionan, “el discurso tautológico o pleonástico que, partiendo de la ecuación que emparenta antología con selección” (José Francisco Ruiz Casanova, 2001) acaba siendo solo celebratorio de falsos “nuevos productos”, solo coartadas de la poética del silencio (cómplice) o del prestigio literario escondida bajo otras etiquetas (léase la impresionante caracterización de la poesía de los 80, p. 55).  Todo con la idea de cerrar el paso a HZ, desaparecerlo, borrarlo de la historia, desvanecer su solidez en el aire. Cualquier lector puede confirmarlo revisando esas extraviadas páginas dedicadas a nuestro movimiento: no se citan sus documentos, manifiestos, libros; en cambio dejan la impresión que HZ nació, se desarrolló y murió ¡en solo diez años! No hay una sola línea de su evolución hasta estos días en numerosos libros (más de un centenar), de los diversos estilos (más allá del conversacional) que desplegó y mucho menos existe el intento de deslindar teóricamente con sus documentos, el más reciente la introducción de “Los broches mayores del sonido”, antología publicada (2009) justamente cuando se preparaba este mamotreto.



¿Cómo interpretar ese silencio? Tampoco es una novedad. Se trata de la consigna que simula no ver, no oír, no hablar de HZ bajo la boba confianza de que la amnesia lo borrará de archivos y bibliotecas, aspiración fracasada que ya Lauer, Martos y Mazzotti intentaron hasta la fatiga[3]. Desde esa ¿perversa, ingenua? mezquindad la visión retrospectiva de la cuatrinka aspira a construir un itinerario de atajos (de by passes) para relatar otra historia poética, prescindiendo de HZ, cediéndole sus aportes innovadores (la incorporación del lenguaje popular a la lengua culta es apenas uno de ellos) a la poesía de Kloaka. Siguiendo con este procedimiento, clamorosamente inquisidor, también serían borrados libros fundamentales (votados por sus “especialistas” entre los más destacados de la encuesta monstrita) que abordaron el tema de la guerra interna cuando esta se desarrollaba (“Taki Onqoy”, “Cementerio general”, “Tromba de agosto”, “Las armas molidas” y otros) para cederle la primogenitura a un grupo que ni en conjunto ha escrito un poemario sobre nuestra reciente tragedia nacional. Para que la farsa cuasiestalinista sea más completa se omite además que en HZ ya están presentes, y espléndidamente, los primeros textos de la vertiente neobarroca (José Cerna, Ricardo Oré, Yulino Dávila, Bernardo Alvarez, Eloy Jáuregui) y otros que recrean la poética de la diáspora (Rubén Urbizagástegui, Elías Durand). Finalmente, el broche de oro del descastamiento ético consiste en callar que HZ tuvo proyección internacional (están publicados los textos de los infrarrealistas y HZ Internacional para probarlo una y mil veces), con lo cual los autores, cuyos apellidos se repiten 2 mil 504 veces en su libro, se pintan moralmente de cuerpo entero.

Lo nuevo ha sido decir que HZ está “institucionalizado” (p. 54), escondiendo que se trata de la visibilización de un contracanon o de otro canon que ya era evidente en la poesía peruana (los miembros del grupo Orkopata lo confirman ruidosamente) y no de una convocatoria mediática de que gozamos contra la vigencia de la norma, la cual, a decir verdad, y a pesar de nosotros, sigue siendo inmodificable desde los 60 y allí está la última antología preparada por José Miguel Oviedo (Visor, 2008) para demostrarlo. Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostroza siempre han sido los referentes (con todo derecho, debemos decirlo) y más tarde los han acompañado Abelardo Sánchez León, Carmen Ollé y José Watanabe, aunque episódicamente (y aislado de HZ) se ha aceptado a Enrique Verástegui. Esto es lo que debe dolerle mucho a López Degregori, ya que él nunca ha formado parte de la comparsa y por eso ha necesitado de su propia antología.

Como dijimos en 2010 era tonto esperar algo de este ajuste de cuentas. Solo que los muertos que han querido enterrar con gran entusiasmo gozan de muy buena salud. Lo prueba que entre los 20 primeros poetas de su propia selección siete son o han sido de HZ (el 35%); que “Los broches mayores del sonido” fue considerado el libro más importante de los primeros diez años de la poesía peruana del siglo XXI y hoy es estudiado en EEUU, Argentina, Chile, México, Venezuela y España; que son los jóvenes quienes más lo leen (se agotó en menos de un año); que durante su presentación (con la asistencia de infrarrealistas y horazerianos llegados de México, Chile y España) asistieron alrededor de 700 personas al Museo de la Nación, la mayoría de ellos jóvenes procedentes de Cajamarca, Trujillo, Piura, Chiclayo, Chimbote y Huancayo; que el muro en facebook de HZ es visitado diariamente por casi 3 mil 500 personas. ¿Qué clase de muertos son estos?
En cambio su antológica caricatura solo ha merecido críticas desaprobatorias. Aquí van los fragmentos de dos reseñistas serios y autorizados que no están vinculados a HZ, por si acaso:

(…) Sorprende, principalmente, el orden de los poetas más “votados”. No es nada difícil constatar que en las respuestas imperó el afán de quedar bien con el cuarteto que con la calidad poética como tal; es por ello que no me explico la inclusión de autores sumamente malos, beneficiados por el amiguismo y el pago de favores. Sin duda, el método empleado resultó todo un festín para los orgasmos de los sentimientos menores, orgasmos muy bien repartidos, dicho sea. No pues, aquí no hubo consenso. Lo que hubo fue una involuntaria criollada que se pudo evitar (Gabriel Ruiz Ortega: “Una antología arbitraria”, blog: “La fortaleza de la soledad”, 9-12-12).

Este es uno de los motivos por el cual la conformación del libro termina siendo desproporcionada, pues resiente el impacto de la discusión mediática que propició el anuncio de su aparición y esto origina las marchas y contramarchas en una evaluación que desea atenuar sus aristas polémicas, como puede notarse al confrontar “la Advertencia al lector” y el estudio de la “Introducción”. Por eso lo más llamativo, en este punto, resulta sin duda la incongruencia entre el despliegue teórico del estudio y la evaluación de los resultados de la consulta, y esto se produce por el criterio que se ha tenido para la elaboración del “cuestionario” entregado a los consultados: un simple voto por un grupo de poemarios  resulta insuficiente para descubrir la mecánica de constantes implícitas y de solidaridades entre los distintos agentes (estudiosos, poetas, editores o periodistas) que influyen en la circulación y la valoración de los poemarios, y también resulta muy reducido para, a partir de ello, graficar las posiciones de los grupos que se aglutinan alrededor de ideas, a veces no explicitadas, pero que sirven para cohesionarse y distinguirse de los otros grupos en busca de legitimidad cultural (Carlos Morales Falcón, blog “El pescador de luz”, 26-9-12).

Para acabar con esta farsa que nació muerta, como adelantamos hace 3 años, recordaremos un aserto que mantiene intacta su verdad: la medida de la vigencia de HZ es su desaprobación por los canónicos, cuanto más intenten borrarnos, más seguiremos vivos en la poesía hispanoamericana.


Lima, marzo de 2013

MOVIMIENTO HORA ZERO

 ---Imágenes: portada del mamarracho de marras. Los perpetradores de la antología. Hora Zero y sus amigos.




[1] No es coincidencia que el título de esta antología proceda de un verso de Emilio Adolfo Westphalen, en contraposición al de la muestra de HZ, “Los broches mayores del sonido”, que es un verso de César Vallejo. De esta manera los autores -y la mayoría de integrantes de esa selección predeterminada- se adhieren a una posición que tuvo en el poeta emulado, junto con José María Eguren, a alguien cuyas opiniones fueron negativas o apenas condescendientes sobre el mayor poeta del Perú y uno de los cinco más grandes de nuestra lengua, y también suscriben los adjetivos agraviantes que muchas veces expresó el fallecido Antonio Cisneros (“cholito llorón”, “cobrador de micro”, “vago”, “vividor de mujeres”), mientras que HZ (con excepción de Enrique Verástegui) siempre se colocó en la posición vallejiana.
[2] Si uno lee la antología “La Última Cena” (1987), organizada por José Antonio Mazzotti y Eduardo Chirinos, que quería parangonarse con la de “Los Nuevos” y a “Estos 13”, de José Miguel Oviedo, con la que nacen los del 70, reparará que fueron excluidos Odi Gonzáles, Patricia Alba y Oswaldo Chanove. Ese clima de hostilidad que propiciaron los antologadores se ha mantenido hacia otros poetas de su generación, más contra HZ obviamente y contra los jóvenes de los 90 y 2000 que se han adherido a la poética de este movimiento. Cómo sería de escandaloso el capillismo que hasta una poeta mayor e  insular  como Blanca Varela tuvo fuertes adjetivos contra ambos, las cabezas de una suerte de mafia literaria que ha sentado plaza en EEUU, articulando una ramificación continental que hoy hace antologías cada año, maneja revistas de crítica literaria, promueve la llamada poética del lenguaje (el neobarroco) y pretende disputar con otros grupos de poder el control del canon literario.
[3] No deja de ser sintomático que estos archienemigos de HZ procedan de la mal llamada generación del 80 cuyo interés por desmarcarse de nuestro movimiento ha sido tan obsesivo que adquirió el protocolo de un ritual o bautizo o presentación pública ante la “comunidad poética”. Las razones son varias pero para resumir pondremos dos: 1) ellos son alumnos de los mismos poetas-profesores de los 50-60 que HZ había cuestionado y que desde las universidades devuelven con feroz animadversión la crítica horazeriana influyendo muy hondamente entre sus discípulos. 2) Como toda nueva promoción sintieron muy pronto que HZ era un actor excesivamente incómodo para legitimarse. Esta conducta es invariable hasta hoy (entre 2012-13 se han publicado hasta tres estudios, incluyendo el espléndido mamarracho y todos con un “análisis crítico” que más parece un mensaje corporativo consensuado). Estamos hablando, además de  López  Degregori y Chueca,  de Mazzotti, Chirinos, Rodrigo Quijano, más tarde  de Paolo de Lima, Rodríguez-Gaona y Xavier Echárri, todos ellos aparecidos entre los 80-90.

16 comentarios:

  1. Anónimo30.5.13

    Tulio Mora, hombre de confianza del corrupto Toledo, se ha dedicado a desprestigiar a intelectuales probos como los autores de esta antología. Todos sabemos que las antologías producen urticaria, no se puede contentar a todo el mundo, pero el señor Mora Gago debe reconocer que fue invitado a participar de la antología y si en su momento se negó, no puede desprestigiar un trabajo riguroso solo porque no encuentra su nombre.
    Hora Zero no es más que un grupo poético peruano, está sobrevaluado por ellos mismos.

    R.S.

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  2. Anónimo30.5.13

    No sé cómo pueden cobrar tan caro por una antología. Fui a Crisol y cuesta casi 100 soles. Encima es una antología incompleta!!!!

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  3. Anónimo31.5.13

    ¿Qué tan probos son los que hacen una antología en la que se inventa una consulta para meter en mancha a los patas y encima que uno de los autores se reciente cohetes a sí mismo? ¿Qué tan honestos intelectualmente son los que callan en todos los tonos a un movimiento que ha firmado con valentía, durante 40 años, todos sus manifiestos contra esas actitudes mafiosas? En el documento de HZ no hay una persona, anónimo, si eres inteligente advertirás que en facebook hay varias réplicas del mismo documento de quienes como horazerianos se sienten igual de irritados por los corruptos intelectuales de siempre que quieren reinventarse usando marketing. Finalmente, ¿qué tontería es esa de que alguien se niega a participar y luego pitea porque no encuentra su nombre al lado de una pandilla de vivos?

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  4. Anónimo31.5.13

    ¿Qué tan probos serán los autores que juntan a sus amigotes para reventar se cohetes unos a otros? Anónimo, no se haga el tonto, en Facebook hay varios muros de horazerianos que han replicado ese manifiesto porque se sienten irritados de un comportamiento típicamente gangsteriil de esa antología contrahecha? Así que no ponga nombre propio a un movimiento.

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  5. Anónimo31.5.13

    El anónimo RS dice que HZ está "sobrevalorado por ellos mismos" y si uno lee esa pésima guía telefónica patera, con la peor introducción que se haya leído, ve que en la misma consulta hay 7 poetas de HZ entre los seleccionados y sin pedir ni devolver favores ( bueno, hay 2 que deben haber entrado en la práctica del mutuo favor). ¿Quién sobrevalora a HZ? Explique eso, anónimo.

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  6. Anónimo31.5.13

    Esos 4 mafiosos han silenciado a buenos poetas de los 90 para adelante para poner a unos mediocres que son sus amigue tes. ¿Qué tal consulta?

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  7. Anónimo1.6.13

    Hora Zero es la flor y nata del acomodamiento histórico y político. Se subieron al tanque de Velasco y trabajaron en Sinamos, luego recibieron favores de Belaunde, premios del estadista García Pérez, y Toledo les dio chamba de la buena a todos.

    ¿Qué más quieren estos muchachones del ayer?

    Ninguno de ellos es Vallejo, ni Eliot ni Pound. Ni siquiera se acercan a Luis Hernández.

    ¿Hasta cuándo quieren que se les sobrevalore y se los mantenga?

    Que se apunten en la pensión 65 del cachaco de turno y listo.

    Por favor, Kloaka nunca se vendió a nadie.

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  8. Anónimo1.6.13

    La diferencia insalvable entre Cloaca y HZ es que Cloaca fue revolucionario en su momento y luego viró hacia un camino académico brillante, en EE. UU y Europa.

    ¿Cuáles son los logros de los vejetes de HZ?

    Hacerse sacar cherris en CARETAS chacaleando a una conocida editora de ese medio.

    Ni punto de comparación, pues compadre: un par de páginas en CARETAS no es equivalente a un título de Harvard.

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  9. Anónimo1.6.13

    El anónimo RS, tránsfuga de todos los grupos, oportunista como sus amigotes de Harvard y de la mafia que perpetró ese baratija de favores mutuos, quiere descalificar políticamente a HZ porque poéticamente jamás podrá. ¿Pero qué hizo él? ¿Qué hicieron los mediocrones de su subgrupo que ni siquiera duró una borrachera? ¿Algún pronunciamiento político? No, se amariconaron en todos los tonos para pedir favores, pedigüeños como han sido siempre, inútiles, ni siquiera capaces de sobrevivir por sus propios medios. Y qué bueno que citen su trayectoria: Harvard, dice, pero puede mencionar dos docenas de universidades gringas (aunque a ellas hasta ahora no llega el anónimo que rapidito se acomodó en HZ) y en todas los mafiosos han mantenido un silencio cómplice con los invasores de Medio Oriente y de los saqueadores del mundo. ¿Dónde están sus pronunciamientos en contra del imperialismo global? ¿No eran recontrasubversivos? Solo en el Superba. Es que tienen miedo, como siempre. Y ya pedirles un solo libro memorable a quienes solo copiaron a otros copiones es pedirle a una gota de ron que no se parezca a otra gota de ron. Hijos de la pendejada que van arrastrando desde los 80 (y el anónimo no se da cuenta que ya es un vejete también) así pasarán por la vida sin siquiera lucir un verso medianamente decoroso para recordarlos.

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  10. Demoledora , sólida crítica del Poeta Tulio Mora contra estos cuatro sastres de la literatura. Por otra parte, no me parece malo que hayan trabajado durante el régimen de Velasco, que, a todas luces era una revolución. Con la perspectiva de hoy es otro el cristal con que se mira.Con Belaunde no hubo nada, incluso Mora se fue a México.El Premio del mismo Tulio no se lo dio García, sino un jurado entre los que estaban Enrique Lihn y Carlos Germán Belli. Y con Toledo, ¿qué pasó?, es malo trabajar? Lo de la pensión 65 me parece de mal gusto.La edad es inexorable, y me gustaría que no se escondan tras los anónimos. Hora Zero seguirá vigente. No hay movimiento que se le acerque.

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  11. Demoladera y pétrea crítica de Tulio Mora contra estos sastres de la literatura. Lo de Velasco fue una revolución, claro, vista desde hoy es otro el cristal con que se mira.Con Belaunde no pasó nada, incluso Mora se fue a México. Y García no le dio el premio; el jurado de ese premio estuvo conformado por Enrique Lihn y Carlos Germán Belli.Y con Toledo , qué? Es malo trabajar? Porque con esta miopía llorona, uno no tiene derecho a trabajar porque gobierna tal o cual. Lo de la pensión 65 me parece poco elegante, la edad es inexorable. No se escondan en anónimos, no hay que ser cobardes, hay que dar la cara y polemizar.

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  12. Demoledera y pétrea crítica de Tulio Mora contra estos sastres de la literatura. Lo de Velasco fue una revolución, claro, vista desde hoy es otro el cristal con que se mira.Con Belaunde no pasó nada, incluso Mora se fue a México. Y García no le dio el premio; el jurado de ese premio estuvo conformado por Enrique Lihn y Carlos Germán Belli.Y con Toledo , qué? Es malo trabajar? Porque con esta miopía llorona, uno no tiene derecho a trabajar porque gobierna tal o cual. Lo de la pensión 65 me parece poco elegante, la edad es inexorable. No se escondan en anónimos, no hay que ser cobardes, hay que dar la cara y polemizar.
    Miguel Ángel Guzmán Dávila.

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  13. Demoledera y pétrea crítica de Tulio Mora contra estos sastres de la literatura. Lo de Velasco fue una revolución, claro, vista desde hoy es otro el cristal con que se mira.Con Belaunde no pasó nada, incluso Mora se fue a México. Y García no le dio el premio; el jurado de ese premio estuvo conformado por Enrique Lihn y Carlos Germán Belli.Y con Toledo , qué? Es malo trabajar? Porque con esta miopía llorona, uno no tiene derecho a trabajar porque gobierna tal o cual. Lo de la pensión 65 me parece poco elegante, la edad es inexorable. No se escondan en anónimos, no hay que ser cobardes, hay que dar la cara y polemizar.
    Miguel Ángel Guzmán Dávila.

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  14. Felicito a Miguel Ángel Guzmán, quien no solo pone los puntos sobre las íes en lo dicho por algunos anónimos; da la cara y enfrenta una posible polémica. Lamentablemente, espero poco y nada de quienes se esconden en el anonimato para intentar desprestigiar a Hora Zero: nunca darán la cara aunque ya todos sabemos sus nombres y apellidos.

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  15. Anónimo4.6.13

    Hay que agradecer a Miguel Ángel Guzmán, pero con una corrección: el documento de análisis contra esa payasada fue consensuada, como siempre se han elaborado los pronunciamientos de HZ. No tiene pues nombre propio.

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  16. Otra aclaración anónimo: El libro encuesta o encuesta libro, no es más que eso: una encuesta institucionalizada por la Universidad de Lima, bajo cuya sombra, auspicio y costeo, los espléndidos, rutilantes iracundos, incluso han tenido la poca delicadeza de incluirse -López Degregori y Chueca-; mientras que Hora Zero, movimiento internacional -no olvidemos a los Infrarrealistas mexicanos y chilenos y a Roberto Bolaño- tiene más de 40 años de vigencia. Su libro -el de HZ- "Los broches mayores del silencio", no lo pagó ni subvencionó nadie sino sus propios integrantes.No es una abultada estadística de hermandades ni capitostes pretorianos, es la HISTORIA de un movimiento. Y cada vez que hubo un pronunciamiento lo firmaron como Hora Zero o como en este caso que es el poeta Tulio Mora quien lo firma. De este modo tiene nombre propio ante el impropio silencio de los anónimos.

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