4.5.13

LA FALSA EXCUSA DE LA SINCERIDAD EN POESÍA



Un súbito cargo de editor en una importante institución me ha dejado sin posibilidad de postear con regularidad en este mi viejo blog. Sin embargo, me doy algo de tiempo para revisar en internet algunas cosas sobre poesía.

En una de esas incursiones me encuentro con una curiosa entrevista a una poeta con varios libros publicados. Imagino, a priori, que a estas alturas su pensamiento poético debe haber madurado, pues la reflexión sobre lo ya escrito normalmente se incrementa en calidad con la cantidad de libros dados a conocer.

Me encuentro con una salida tan vieja como la poesía misma: el recurso a la sinceridad, a la confesión de los propios errores en lugar de una superación de estos y una elevación del nivel visionario y del horizonte poético personal. Todo completamente comprensible, entiendo: es muchísimo más fácil revelar con cierto ingenuo cinismo tus limitaciones y falta de perspectivas, en lugar de esforzarte en repensar lo escrito, cuestionar la poesía tal como la conoces e intentar entregar algo más que textos cotidianos, inmediatistas, simples emocional y culturalmente.

La sinceridad y la confesión como una excusa para no profundizar en el fenómeno poético y sus implicaciones en el mundo de hoy.

Los nombres no importan en este nivel. La situación de la poeta entrevistada es homologable con la de la mayor parte de los poetas de su generación. No todos (por fortuna). Esto obedece, estimo, a una débil comprensión del oficio poético. Es como si un mecánico de autos o un panadero se conformaran con manejar lo básico de sus herramientas de trabajo, dejando de lado muchas otras más complejas y útiles, por dejadez, inconsciencia o por simple conformismo.

Poetas que se dan por vencidos desde su iniciación --a menos que sean cantores excelsos de la derrota, como Kavafy-- están destinados a repetir sus propios errores y sus propios aciertos (lo cual, a la larga, convierte el acierto mismo en otra derrota). Poetas que se regodean en su inocuidad y en la falta de la más mínima trascendencia de lo que intentan con la palabra. Poetas apocados y/o cursis y nada más, en un mundo donde la poesía sola no basta y se petrifica sin la savia de una reflexión altiva, sin el soma de un pensar distinto.

No es la fidelidad a una idea vitalista de la poesía lo que defienden, aunque así lo sientan; es el miedo a fracasar en una búsqueda arriesgada lo que sostiene su cómoda y ligera posición.

---Enrique Verástegui. Su frenética búsqueda poética y su fidelidad a la indagación por un nuevo pensamiento, que lo llevó aun hasta el mismo delirio, no han sido asimiladas por las nuevas generaciones. Muchos solo se conforman con llenarse la boca con alguno de sus versos, y tomarse fotos con el poeta.
 

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