26.8.13

Dürrenmatt y la corrosión del héroe


En una de mis recientes visitas a la cachina de Surquillo, me vendieron por apenas dos soles un volumen publicado por SUR en 1962, titulado lacónicamente Cuatro piezas. Conocido como dramaturgo y autor de novelas policiales, Dürrenmatt reúne en este volumen cuatro piezas escritas para ser representadas o difundidas a través de la radio. Me ocuparé de la primera de ellas: Stranitzky y el héroe nacional.

Como es de suponer, son los parlamentos los que toman el centro de la atención en esta pieza. Una ironía irritante se instala desde la primera página, donde se anuncia que el héroe nacional Valdur Von Moeve se ha contagiado de lepra en el dedo gordo del pie, en una visita a Abisinia. El Ministro del Interior, los periodistas, Stranitzky –una suerte de político que quiere reformarlo todo a partir de este héroe--, entre otros personajes delirantes giran en torno a la desgracia del héroe que, acaso, refleja la desgracia de la Alemania de posguerra.





Son especialmente divertidos los speechs del Ministro del Interior sobre cómo el héroe nacional logrará sobreponerse a este impase y se volverá a ganar “la veneración de la nación entera”. La opinión pública y la gente estaba tan conmovida que incluso se formó una Asociación de Ayuda Pro-Moeve, que logró que

Los diarios competieran con artículos y noticias especiales. Se reunían congresos de médicos. Se renunciaban a huelgas por mejoras de salarios, señalando que en consideración a la enfermedad de nuestro héroe nacional querellas materiales están fuera de lugar. Se formaban comités, niños marchaban por las calles vociferando coros, se vendían plaquetas con la inscripción: “Moeve no debe podrirse”.

El asunto es que de diferentes frentes, todos quieren aprovechar la desgracia del héroe nacional para llevar agua hacia su molino, hasta el punto que la dudosa Fundación Pro Moeve afirma que “aquello que no ha podido una generación de hombres sanos, deportistas, vegetarianos y abstemios, la paz de este mundo, lo lograremos nosotros, los achacados, los partidos y destrozados”, con el héroe nacional como pivote, por supuesto.

Stranitzky, cuyo apellido es cambiado una y otra vez por el narrador con el objetivo de ridiculizar aún más sus aspiraciones políticas, termina muerto, arrastrado por la corriente marina, levantando el puño en alto en contra del héroe nacional medianamente repuesto luego de unas vacaciones y un tratamiento fuera del país.

Cáustica y a la vez hilarante, esta pieza intenta resumir no solo el estado actual de una época; también es una puesta entre paréntesis de la política tradicional y sus prácticas aprovechadoras y reñidas con la moral más primaria. 

No es el mejor Dürrenmatt, pero al ser piezas radiofónicas tienen agilidad, sentido del humor y mucha llegada crítica. 

---Dürrenmatt.

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