6.8.13

LA ZURITA QUE SE CONVIRTIÓ EN HALCÓN

Pocas cosas hay tan aborrecibles y repugnantes que un viejo poeta --poeta viejo-- comedido, zalamero, pegajoso y desproporcionado. La entrevista que le hizo La República al antañón poeta de Canto a su amor desaparecido y Purgatorio es un muestrario de todo lo que no debe hacer un poeta digno cuando es entrevistado y quiere mantener algo de sobriedad (y no hablo de la sobriedad con respecto al alcohol).

Todos tenemos derecho al gusto dudoso; a mí, por ejemplo, aún me gusta Ernesto Cardenal; pero a este vejete ridiculón ya no lo soporto, incluso la mentada Carmencita Lara me parece mejor poeta ahora que él.

Pero no se equivoquen, nada de esto es gratuito. Como cuando se besó con otro desbocado poeta peruano en el puente del "Huáscar", Zurita todo el tiempo está diciendo "bellas" sandeces, tonterías agradables, cariñosas mentiras. Es un viejito que empieza a entender que ya casi nadie puede decirle nada por lo que dice y cree que eso le da derecho a decir cualquier cojudez.

Sé que en el Perú tiene una legión de seguidores, una irreflexiva jauría que mataría por un prólogo suyo o siquiera por una ambigua contraportada. Pasé siempre de eso, y ahora más que nunca.

Zurita se ha convertido en un halcón viejo que mata con el ala de su verbo acomodaticio.

Se parece tanto a esos futbolistas cancheros que a país al que caen dicen: "Sí, este es un gran país futbolero, tiene una gran técnica, es un rival difícil, admiro su juego..."

¡Andá!




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