16.8.13

Valeria Luiselli y la imposibilidad de una generación

En Letras S5 uno suele encontrarse con escritores ciertamente interesantes. Esta vez se trata de Valeria Luiselli, quien ha publicado dos libros de difícil clasificación al parecer: Los ingrávidos y Papeles falsos.

La resencionista –no es necesario ser muy perspicaz para darse cuenta de que es amiga de la escritora (o quiere serlo)—se deshace en elogios tan desmesurados como asegurar que la escritura de Luiselli “es más fresca y muchísimo menos sombría” que la del Nobel Coeetze.

Más allá de estas exageraciones (¿habrá leído todo Coetzee la reseñista-entrevistadora?, es interesante lo que dice la autora sobre la posibilidad de una generación de escritores nueva:

Sin duda he encontrado, en escritores como Zambra y Zúñiga, una conversación constante, generosa y enriquecedora. Pero no diría que por eso somos parte de una generación. Somos interlocutores, amigos, lectores mutuos. Las generaciones son otra clase de monstruos. Desde el éxito editorial flamante de la generación del boom, ha habido intentos por volver a delimitar "generaciones" literarias y convertirlas en fenómenos editoriales y comerciales parecidos. El ejemplo de las listas internacionales de Granta es insoslayable, pero es uno entre muchos.

Inobjetable.




Interrogada sobre el viejo recurso de la fragmentación textual como recurso “nuevo” que pueda definir una generación, afirma con mucha elocuencia:

No comparto la percepción de que un rasgo común a los escritores contemporáneos sea que escriben de forma fragmentaria. Sobre todo, la escritura fragmentada no es algo reciente, ni es un fenómeno circunscrito a rasgos específicos de una época. Efectivamente, Los ingrávidos está escrita en viñetas, o pedazos cortos, o fragmentos, que se van entretejiendo por una lógica no estrictamente temporal. Pero esa forma no busca reflejar la "fragmentariedad intrínseca de la experiencia posmoderna", ni nada tan altisonante y antipático como eso. Creo que esa decisión estilística tiene que ver con el hecho de que hay distintos modos de darle continuidad a una idea, una imagen, o un relato. Hay innumerables, tal vez infinitas maneras de ordenar las palabras y, por extensión, de ordenar una historia. Un relato que no sigue una estructura cronológicamente lineal, incluso si está compuesto de viñetas o fragmentos, no es por consecuencia fragmentario. Simplemente, echa mano de otros modos de la continuidad. En todo caso, lo fragmentario per se no tiene el menor interés para mí. Lo interesante, creo, es descubrir los mecanismos de continuidad-discontinuidad de la escritura.

Exacto. No es la fragmentariedad en sí lo que va a definir nada, sino esa fragmentariedad inscrita en una concepción y percepción de la escritura que –aquí me distancio prudentemente de su posición—acaso no pueda prescindir de lo lineal.




Vale la pena que lean la entrevista completa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.