8.10.13

UNA DE TANTAS POÉTICAS...

Bordear el texto como si fuera una instancia tóxica. Acercarse mucho pero sin tocarlo, y de esa manera dar una idea de él dejándolo todo intacto; flor venenosa que te atrae y te conmina al error…

¿Por qué habría siempre de acabarse el texto en una línea, comenzar en otra, componer su grueso o delgado cuerpo con las demás líneas encerradas entre las dos?

Más bien disolverse el texto hacia fuera, invadir supuestos silencios, espacios en blanco, otros textos, otros idiomas y realidades, babelizando el espacio metatextual sin miramientos, con encono.

La formalización es solo un rezago viejo aquí, pues cada texto exigirá su propia forma, su propio ritmo y sus propios errores: constructos históricos aunque inaprensibles con las viejas medidas, con las gastadas libertades del siglo pasado.

Y no obstante conservar un inexorable aroma político…



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