2.12.13

Junglares: escribir poesía, publicar poesía





 A José Kozer.

 
En algunas entrevistas y varios textos, he insistido sobre la necesidad de que el acto de escribir poesía, y posteriormente el de publicarla, requieren de un tiempo de reflexión y de una capacidad de autoedición que casi nunca coinciden con las ansias del autor (por lo general, joven) por ver sus intimidades y confesiones –pues muchas veces no se pasa de ello—expuestas en blanco y negro, a la venta, ávidos de cosechar reseñas.
En poesía, como en muchos otros ámbitos de la vida, tomarse un tiempo, reflexionar, desechar, volver a empezar, es más que útil; diría que imprescindible. Me es muy difícil entender qué es lo que se puede esconder tras los sendos “ladrillazos” que han publicado el año pasado, por ejemplo, buenos poetas como Héctor Hernández Montesinos y Ernesto Carrión, en los cuales reúnen todos sus poemarios publicados hasta entonces.

Este tipo de apresuramientos tienen un efecto de vació futurístico, por así decirlo. Si antes de los cuarenta años ya tienes una obra que supera las 500 páginas y que toca (roza, más bien) casi todos los temas contemporáneos, ¿qué es lo que harás cuando tengas 20 o 30 años más?
(Elidiré, por ahora, una pregunta aún más ardua y urticante: ¿en realidad hay tanto para decir?)

Sin embargo, en los casos mencionados, y en caso de algunos poetas nacionales, hay un innegable talento. Pero no creo que esto sea extensible para muchos poetas más. Siempre lo digo en reuniones informales:
Cualquiera puede pensar tonterías; algunos incluso las escriben, pero publicarlas es imperdonable.

Por lo general, esto es producto de un entorno inmediato (amistades, vinculaciones poéticas, sentido errado de la “carrera poética”) complaciente, de un ego deformado que no admite reparos y críticas, y/o de una absoluta carencia de capacidad autocrítica e intuición poética.
No obstante, el espaciamiento en la publicación de los poemarios tampoco asegura, per se, una entrega satisfactoria ni una respuesta crítica favorable. Hay muchos poetas que publican cada quinquenio, o incluso más, pero lo que dan a conocer tiene el estigma del desfase con el ritmo de las circunvoluciones de la poesía moderna. De algo parecido adolece cierta poesía hecha en provincias, aunque en ciertas ciudades, como Puno, Arequipa y Huancayo, lo que afirmo se relativice agradablemente.

¿Qué hacer entonces?
Primero, no pensar que es una cuestión de tiempo, pues ello solo es una apariencia.

Lo que pasa es que el reflexionar sobre, la corrección de, el compartir el texto con poetas que puedan aportar (los cuales son en verdad muy pocos), normalmente toma bastante tiempo. Sin tomar en cuenta el consabido consejo, casi siempre útil, de dejar reposar el texto o el libro al menos un par de meses, para luego retomarlo con “nuevos ojos”.
Todo el proceso es naturalmente largo; pero algunos poetas lo realizan con mayor velocidad que los demás, de manera que un poeta menos experimentado se puede confundir con ello y pensar que solo se trata de reunir un “manojo de poemas sueltos” en un poemario que solo aspire a ser la expresión de un momento en la vida del poeta (ver en este punto un raro comentario publicado en la reseña a Los largos abrazos, en el blog de José Carlos Yrigoyen).   

A lo expuesto, se suma un difundido prejuicio de estirpe vitalista: muchos, demasiados poetas creen que la poesía es simple y puramente la expresión de emociones. La reflexión, la racionalización del texto, el pensar en el acto de escribir y sus consecuencias mentales, intelectuales y espirituales son mal vistos; suerte de aditamentos o accesorios que debilitarían o enturbiarían la contundencia y “llegada” del texto al lector (sobre todo al espectador de recitales).
Finalmente, la inexistencia casi total de lo que en Francia y otros lugares es un editor de poesía; es decir, alguien que no solo sirve para imprimir el libro (y en el caso peruano: incrementar sus arcas con la plata del incauto del momento), sino que tiene el “ojo” para saber si un texto de poesía vale la pena publicarse, y, lo más difícil: ejercer de Pound frente a un Eliot: ser capaz de cortar, hacer cambios, plantear sugerencias esenciales al texto, sin ambages ni temores.  

Estas a veces ocultas contingencias, estos pequeños saberes, acaso hacen la diferencia entre un poeta que simplemente se limita a acumular y publicar todo lo que se le ocurre escribir –como si ante un genio romántico tardío estuviéramos--, y otro que está atento a todas las proliferantes raíces que la poesía de hoy nos propone, alguien que incluso puede incorporar al texto la construcción del texto mismo, superando las simplezas de las temáticas manidas (lo cotidiano, las cuitas de amor, la intertextualidad previsible…), las estructuraciones formales petrificadas y la expresión de emociones y sensaciones a estas alturas agobiantes.
Todas las formas, opciones y formas de entender la escritura poética son igual de válidas; lamentablemente eso no quiere decir que todos los poemarios sean igual de valiosos.


 
 
 
Sea esto dicho con el fin de que pueda ser aprovechado en algo por quien quiera.

 

 

9 comentarios:

  1. Anónimo3.12.13

    me haces meditar. te lo agradezco.
    George Trakl

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  2. Anónimo3.12.13

    muy estimulante tu ensayo. hay varios aspectos, creo que los poetas jóvenes entre ellos mismos se presionan para publicar y se meten en una carrera tonta por "ganar" al otro. Eso se suma a que publicar un libro ahora es barato. Todo eso contribuye a que la gente no reflexione.

    Saludos.

    Sergio Melena

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  3. Lo que señalas ya lo he tocado en otros textos.

    Por cierto, lo que he escrito, no es un ensayo, es solo un post de blog. Hay que saber diferenciar.

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  4. Anónimo3.12.13

    Qué opinas del recuento del año de Irigoyen???????????????????????????????

    Esperamos tu respuesta.

    GATOS PARDOS UNMSM

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  5. Anónimo4.12.13

    Escucha, renacuajo piurano, seudoeditor chismoso e intrigante: desaparece del centro a partir de fin de mes, porque si te encuentro en Quilca te saco las orejas y te aplasto la cabeza, estafador de mierda, cobarde.

    YO

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  6. Anónimo4.12.13

    Yo ya estoy en Piura, hombre, ven a buscarme aquí que tengo mis amigos de Cloaca.

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  7. Anónimo7.12.13

    Un excelente y necesario comentario sobre la necesidad de tener editores y no solo impresores de poesía/narrativa en Perú

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  8. http://acheache.blogspot.com/2013/12/contra-las-grandes-obras-i.html

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  9. Anónimo14.12.13

    Qué diablos tiene que ver Montecinos con lo que escribes en tu post???????????????????????

    Solo porque citas una vez su libro se pica tanto. Le falta correa a este compadrito.

    Richi Lakra from Quilca./

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