29.12.13

Ampuero saca cara por “Contarlo todo”, de Jeremías Gamboa




Como sabemos, el inicial entusiasmo generalizado por la ópera prima de Gamboa se ha ido relativizando en las últimas semanas. Luis Aguirre, en Caretas, ha sugerido que la novela es un producto del márketing y que carece de unidad.
Por otro lado, Rodolfo Ybarra, en su blog, se ha tomado el trabajo de señalar los numerosos errores ortográficos y gramaticales que mellan la escritura de JG; un examen de estos, aquí, excedería largamente la naturaleza de un post de blog.

En la ya legendaria revista Confabulario (segunda fase), de El Universal de México, Guillermo Espinosa Estrada afirma sobre “Contarlo todo”:

"Es difícil no desilusionarse ante un volumen que luce un cintillo con la siguiente leyenda: “Una primera novela que sacude el panorama narrativo en lengua española”, frase que da pie a una de Vargas Llosa: “Un escritor perfectamente dueño de sus medios expresivos, que sabe concentrase en lo esencial, que es siempre contar una historia bien contada”. Las solapas insisten —una novela “que ha generado una expectativa completamente inusual”—, pero después sólo habla el texto: 507 páginas que defraudan las promesas del departamento de ventas. Y es que Jeremías Gamboa ha firmado, en el mejor de los casos, un libro ligero, convencional, predecible y asombrosamente complaciente."
Por si poco fuera, el escritor peruano Ulises González, desde su frecuentada página web, ha afirmado categóricamente sobre la novela:

"Gabriel Lisboa, el protagonista de Contarlo todo,  merced a ese departamento de ventas de Mondadori, tal vez permanezca algunos años más en la memoria de unos cuantos miles de lectores engañados por la comparación. Sin embargo, a quienes nos gusta sentirnos orgullosos de nuestros héroes literarios, lamentaremos que se pretenda coronar a un escritor sólo con las armas del mercado."

El tiro de gracia contra Contarlo todo lo pretende dar el “recuento del año” de la antaño prestigiosa revista Somos, donde Enrique Sánchez Hernani simplemente elidió de su listado a la novela de moda en Lima.
Frente a todo ello, mi amigo el narrador Fernando Ampuero, ayer mismo, salió en defensa de la novela, relativizó los gazapos y alimañas lingüísticos hallados hasta ahora (se acercan a la centena), y publicó a dos páginas, en La República, el texto que preparó para la presentación del libro en el local de moda en Lima: Ayahuasca.


Por mi parte, sinceramente leí con fluidez al menos dos terceras partes del libro, pasando por alto deliberadamente las imprecisiones del lenguaje de que habló Alonso Cueto en su respectiva y elogiosa reseña. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en que una novela que el mismo autor califica de “realista”, no puede darse el lujo de carecer de unidad temática y cohesión internas.
Veremos qué ocurre luego de todo lo dicho.

---Fernando Ampuero arremete contra lo que llama "crítica radical".

24.12.13

ME PUBLICARON UNA RESEÑA EN LA REVISTA LITERARIA "LUVINA", DE MÉXICO

Me acaban de avisar que mi reseña sobre el reciente libro de ensayos del poeta Eduardo Chirinos ha sido publicada en la reciente edición de la famosa revista literaria LUVINA, de México. Pueden leer la reseña completa aquí.


"Nueva miscelánea antártica confirma y amplía esta visión de un poeta no sólo dedicado a la creación, sino preocupado por los caminos sinuosos y ocultos del fenómeno poético y su forma de darse en el mundo. El libro se abre con «Las resquebrajaduras de Babel», un texto a mi juicio esencial, donde se discute la ya venerable y poco resuelta (en la cabeza de muchos poetas en ciernes) idea de que existen, o coexisten, dos tipos antagónicos de crítica literaria: la impartida desde los estrados universitarios, y aquélla interpretativa, y por ende más ideológica, apoyada en el marxismo, la fenomenología, el psicoanálisis, entre otras disciplinas. Entre estos dos muros opuestos y a la vez cercanos, se cree que no cabe la figura del poeta. Vale la pena citar, entonces, lo que piensa Chirinos sobre las famosas reticencias de Northop Frye a que el poeta ejerza la crítica: «No se trata de algo reprobable: un escritor que hace crítica hace uso legítimo de su saber literario y de sus propias experiencias de lectura. Un escritor no debe temer el ejercicio de la crítica, ni dejar que los críticos se lo impidan en nombre de la especialización de los saberes». "
 
 
---Este blogger ajustando sus transparentes anteojos críticos :)

22.12.13

VÍCTOR RUIZ VELAZCO: DE "POEMA INÚTIL" A EL RECUENTO INÚTIL




Tal vez no tenga una lectoría envidiable, pero el novel blog de José Carlos Yrigoyen sin duda ha sido una gran sorpresa este año. No se caracteriza por un excesivo rigor académico, pero no hay duda de que su estilo desenfadado, encarnizado y franco le ha valido seguidores muy fieles, aunque lamentablemente anónimos en su mayoría.
Los lectores de "Poema inútil" sabemos que el último post de este año, hasta ahora, es un recuento del 2013 más o menos extenso e inclusivo. Pero he aquí que el joven poeta Víctor Ruiz Velazco se estrena esta semana como crítico periodístico con su propio recuento del año.
Lo citaré por partes para ver mejor las sospechosas coincidencias (no las llamaremos plagios) entre el inicial recuento de Yrigoyen y el posterior hecho por VRV.

“Dos sucesos han marcado el año, la posibilidad de presentar a un autor peruano como hace mucho no se hacía y que, a pesar de las críticas que pueda generar, abre una puerta para todos los que vendrán después. Me refiero a Jeremías Gamboa y su novela "Contarlo todo".”
Curiosa forma de evaluar un libro, puesto que como sabe todo el que goza de sentido común, los recuentos del año son de libros, y no de autores. Que Gamboa abra camino a otros autores con su publicación apadrinada por MVLL, suena a inocentada total. Por cierto, Ruiz Velazco no dice una sola palabra sobre “Contarlo todo”, ni a favor ni en contra. Lo más probable es que no lo haya leído.

Otra coincidencia flagrante con el recuento de Yrigoyen:
“Por otro lado, estoy convencido de que el libro más importante publicado este año es "Al norte de los ríos del futuro" de Jerónimo Pimentel, publicado en España; un libro simplemente excepcional y que de seguro tendrá la atención y celebración unánime que se merece el siguiente año, cuando ya tengamos el libro en Perú.”
No tengo la menor duda de que Pimentel junior tiene el suficiente talento para darnos una gran sorpresa poética. Esperamos el libro con ansiedad. Lo que me parece raro es que Ruiz Velazco, sin mayores argumentos de por medio, lo declare “el libro más importante del año”; es decir, mejor que cualquier novela, cuentario, estudio sociológico, antropológico, científico, etc.
¿Será tan bueno el poemario de Pimentel junior?

No hay que ni mencionar que en este punto sigue incondicionalmente a Yrigoyen, aunque la reseña de José Carlos está bien estructurada. Lo de VRV es solo una afirmación suelta.
En donde también entra en connivencia Ruiz Velazco con “Poema inútil” es en la valoración de “Documentos de barbarie”, de Victoria Guerrero. Lo que suena retorcido es llamarla “sin duda la poeta peruana más importante en vigencia”. ¿Qué es una “poeta en vigencia” para Ruiz Velazco? ¿Alguien que publica un poemario cada año? Qué gracioso rasero.

Para acortar las deudas del recuento de “Correo Semanal” con el de “Poema inútil”, señalaremos que menciona también los libros de Morquencho, Briceño y Santiváñez, todos ellos sin dedicar aunque sea dos palabras que intenten definir aquellos poemarios.
Dejaremos a un lado los libros de narrativa, pues el paradigma del recuento de VRV no toca ese género.

Bien. Como cereza chancada de su pastel, ¡VRV recomienda un libro que no ha leído! Léalo usted mismo:

“ Lamentablemente aún no he podido leer "El sendero de los rayos de Karina Pacheco", pero si alguna autora tiene crédito de sobra, esa es Pacheco.”
Sonrisas aparte, valoro el esfuerzo de VRV por estar a la altura de las circunstancias críticas; lamentablemente, hacer un recuento basándose descaradamente en otro recuento no es avanzar casi nada. Y hacerlo sin dar una sola idea que refrende la presencia del libro en el recuento resulta simplemente irresponsable. Felices fiestas. :) 

18.12.13

INSOBORNABLE HONESTIDAD DE RENÉ CHAR

Cada vez que leo algo de o sobre el poeta René Char, mi admiración hacia su obra y su posición frente al hecho poético se incrementa. Es una lástima que por estar momentáneamente muy lejos de Lima, no pueda postearles la entrevista completa que encontré en la página del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

En dicha entrevista, Char habla contra las imposturas en la poesía, y contra quienes quieren erigirse como celadores o policías de lo que se debe hacer en el campo de las letras. Viniendo de un poeta como él, que jamás estuvo persiguiendo premios, haciendo "carrera literaria" o entrando en contubernios para forjarse imágenes falsas de poeta, esto es muy importante.

Cuando habla, uno siente el aroma de autenticidad, de honestidad, de la lucidez algo hosca de quien no tiene por qué callarse nada.

¡Qué distinto al 80 o 90 por ciento de nuestros poetas vivos!

Hablo de aquellos que forman clubes de Tobi poéticos para echarse flores entre ellos y adquirir, según ellos, el poder que no pueden forjarse con su obra y por su desconocimiento sostenido del hecho poético y sus consecuencias.

Hablo también de los que en las redes sociales y blogs despotrican contra los diarios tradicionales y su bazofia cultural, pero en cuanto uno de esos diarios tradicionales se fija en alguno de sus libritos, saltan de emoción dejando al descubierto su impostación intelectual (algo a lo que se refiere en específico Char en la entrevista).

Me refiero a poetas mayores que dan pena pidiendo reseñas por correo a los críticos de quienes se han hecho amigos, de los críticos literarios que no tienen entendimiento de la poesía y cuya visión superficial de esta los aleja de una valoración digna de tomarse en cuenta. Valoraciones enanas (dicho esto con alusiones personales) y nimias cuya falta de profundidad y de una mirada vertical que se sumerja en el hecho poético las condena al olvido casi súbito.

Y hablo de la estafa blanca de los impresores locales --pues no se les puede tratar como editores--, que se ganan los frejoles aceptando cualquier libro con tal de que el poetastro incauto adelgace su billetera con el sobreprecio pactado.

Vergüenza ajena y asombro por la lucidez es la rara sensación que me deja leer esta entrevista de Char. Vergüenza ajena por algunos de mis congéneres y muchos de los poetas de otras generaciones. Asombro ante la luz de un poeta que nunca fue dominado por los intereses y deseos de baja calidad que hoy domeñan el medio literario.

15.12.13

"Venderlo todo: a propósito del ‘boom’ Jeremías Gamboa"


Desde la página Lee por gusto, les dejo esta aguda reflexión, antes que sobre el libro en sí de Jeremías Gamboa, sobre la forma en que un canal de TV que no suelo frecuentar --salvo para ver "La voz Perú"-- presentó al escritor peruano en un reportaje televisivo hace unos días. Juzguen ustedes.






by Jaime Cabrera

Presentamos algunas reflexiones sobre cómo, debido al lanzamiento de Contarlo todo, se han venido reforzando algunos mensajes de emprendedurismo y ‘éxito’ (¿comercial?), enfocándose esta vez en un escritor que acaba de publicar su primera novela. El discurso de la Marca Perú llevado al plano de la literatura.


Este domingo por la noche el programa Punto final de Frecuencia Latina emitió un reportaje titulado “Jeremías Gamboa revoluciona el mundo de la literatura”. Al día siguiente, pude leer en varios muros de Facebook entusiastas comentarios que celebraban el raro acontecimiento de que un programa de televisión haya dado cobertura a un suceso literario. ¿Acaso no es eso lo que necesitamos los peruanos, más cultura y menos entretenimiento barato?, ¿no estamos ya cansados del mercantilismo de los dueños de los canales de televisión que solo piensan en ganar dinero a como dé lugar? Por supuesto que sí. Lamentablemente, el reportaje sobre el exitoso escritor Jeremías Gamboa tuvo de todo, menos literatura. Para empezar, porque de su novela Contarlo todo, que supuestamente es el motivo por el cual es “exitoso”, apenas si se habló. Y los pocos que dijeron algo del libro en este reportaje fueron aquellos cuya opinión difícilmente podría ser considerada como objetiva: los editores que siempre dirán que su producto es fenomenal y Mario Vargas Llosa, quien, además de recomendar al novelista debutante a la agente literaria Carmen Balcells, prestigia el libro con sus palabras para el cintillo. Pero ningún crítico literario dependiente o independiente aparece ante las cámaras hablando del libro. Aun cuando varios de ellos ya han escrito sobre la novela, algunos elogiando cautelosamente la novela y contando el argumento (como Ricardo González Vigil); y otros yendo a contracorriente como Guillermo Espinosa Estrada, que la ha calificado como “novela de superación personal”. Por mi parte, creo que el “fenómeno Gamboa” va más allá de la literatura, y que, a nivel nacional, bien podría calzar en la estrategia comercial de moda: la Marca Perú; y a nivel internacional, en un nuevo intento por restaurar la bonanza económica de la época del Boom latinoamericano (como los constantes intentos de encontrar a la fuerza al “nuevo Vargas Llosa”).

La estrategia de la Marca Perú enfatiza aspectos como la superación personal, el emprendedurismo y el patriotismo. Su truco es instalar en la mente de los consumidores-ciudadanos la asociación entre comercio y patriotismo, buscando que cada vez que aquellos se enteran de que un producto peruano ha llegado al mercado internacional inmediatamente se les infle el pecho de orgullo y digan “estamos” triunfando, cuando la verdad es que los que ganan con nuestro patriotismo son solo unos cuantos empresarios y no “todos los peruanos”. Desafortunadamente, esta idea del país como marca trae de la mano la sobrevaloración del éxito económico. Es decir, la simplista idea de que seremos un país desarrollado solo cuando seamos ricos.

PostJeremiasG2Pues bien, este discurso de la Marca Perú, que empezó por celebrar “nuestro” éxito gastronómico (en un país con altas tasas de desnutrición), ha ido extendiéndose por diversos campos como el deporte, la música y el cine. Respecto a este último tenemos el caso reciente de la película peruana más vista de todos los tiempos (en el Perú): ¡Asu mare!, la historia de éxito del actor y comediante de stand-up Carlos Alcántara. Precisamente, las numerosas coincidencias entre esta producción cinematográfica y Contarlo todo, evidencian el uso del mismo guion. Así, la historia de la novela sigue semejante itinerario al de ¡Asu mare! En palabras de Guillermo Espinosa Estrada: “[…] el libro se convierte en la lista de sus éxitos —la obtención de una beca universitaria, el rápido ascenso en sus trabajos, el noviazgo con una señorita de sociedad, la tenacidad con que persigue su vocación […]”. De otro lado, tanto en la novela de Gamboa como en la mencionada película se celebra un mestizaje pacífico, que en verdad solo es ilusión o utopía dadas las profundas diferencias socioeconómicas en el Perú real. Cito nuevamente a Espinosa: “[…] el personaje de Gamboa se ´blanquea´ progresivamente. Por eso justo a la mitad de su transformación se le describe como ´un tipo mestizo, por ratos algo blanco, por ratos algo indio, no sé, un tipo que es como varios a la vez y oscila, como los camaleones´”.

El reportaje del domingo es un reportaje Marca Perú porque construye la imagen de Gamboa como se construyó la imagen de Carlos Alcántara. Gamboa es presentado como el “chico de barrio” que trabajó de vendedor ambulante (como Alcántara, que ofrecía aspiradoras de puerta en puerta, solo que Gamboa, según cuenta ante cámaras, se escondía para que no lo vean sus amigos de la Universidad de Lima), pero un chico de barrio que finalmente triunfó hasta ser, según dice el reportero, el “engreído” de la Feria del Libro de Guadalajara (por cierto, la engreída fue Sasha Grey, exactriz porno y ahora escribidora), un chico de barrio (sí, lo llaman así varias veces) que además conquistó a la chica de otra clase social (tanto este reportaje como ¡Asu mare! tienen el mismo broche de oro: el beso entre el joven triunfador y la chica de diferente origen socioeconómico). Ese es un ganador. Sí, un escritor también puede ser un ganador, es más, debe ser un ganador. Lo sugiere el mismo Gamboa cuando recuerda a sus alumnos de la Universidad Católica y la UPC viéndolo subir a un bus a “Mangomarca o a la combi de setenta céntimos” acaso pensando “¿es esto lo que me espera?”, pero no importa dice él, “después se podrán dar cuenta, ¿no?”. La pregunta es entonces: ¿se podrán dar cuenta de qué? ¿Que todos los que suben a un micro o una combi son unos fracasados? ¿Qué un escritor no es exitoso si viaja en transporte público?

De modo que poco ha hecho este reportaje para difundir literatura. Simplemente nos ha contado el éxito económico de un individuo, no un éxito literario (si es que existe algo llamado así). Y así, una vez más, la prensa peruana ha ayudado a invisibilizar las derrotas colectivas magnificando los éxitos individuales. Nos hacen exaltar el premio Nobel otorgado a “nuestro” Vargas Llosa y quieren que se nos inflame el pecho de orgullo porque “nuestro” escritor Jeremías Gamboa es famoso en Europa, para así crear la ilusión de que no, no estamos por los suelos en los rankings de comprensión lectora a nivel mundial. “Mi vida es paja, tu vida es paja, la vida de todos es paja”, dice Gamboa al final del reportaje. ¿Cómo no iba a apoyar Vargas Llosa a alguien tan inofensivo y logrado? No sé si será su sucesor, pero sí estoy seguro de que es uno de sus “héroes discretos”, un Felícito Yanaqué que también vino de abajo, trabajó duro, salió adelante, triunfó…

Seamos cuidadosos entonces. Un escritor no es un comerciante, ni un cantante pop, ni un actor de Hollywood, ni un futbolista (en el reportaje se compara la presentación del libro de Gamboa en México con la presentación de Messi en el Barcelona…). Además, un escritor que de verdad quiere contarlo todo tiene que incomodar, que criticar, que cuestionar, y no tiene que importarle decir su verdad aun cuando reciba abucheos en vez de aplausos. Mientras que un escritor que quiere venderlo todo entrega su alma al diablo con tal de ser “fichado” por una gran agente literaria y así obtener unos minutos de fama y acaso varios ceros a la derecha en su cuenta bancaria. Quiero que las palabras del principal artífice del “fenómeno Gamboa” concluyan este artículo. Sí, Mario Vargas Llosa. Pero no el Vargas Llosa de ahora, sino aquel del discurso de recepción del premio Rómulo Gallegos en 1967, aquel para el que la literatura no era “paja”, sino fuego:


    Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento.

12.12.13

DOS LIBROS IMPRESCINDIBLES OLVIDADOS EN LOS RECUENTOS DE POESÍA




Dos libros imprescindibles no han sido tomados en cuenta en varios "recuentos del año" de poesía. Y estamos hablando de palabras mayores, no de poemarios aislados frente a los cuales se puede tener diversas opiniones.

Me refiero, en primer lugar, a Splendor, de uno de los fundadores de Hora Zero, el grupo poético más importante del siglo veinte peruano. Se trata de un voluminoso y hermosamente editado libro que reúne la llamada "ética" del autor del sobrevalorado En los extramuros del mundo.

Enrique Verástegui, todos lo sabemos, ha tenido en poesía una trayectoria errática; un comienzo muy promisorio, con dos primeros libros elogiados desde todas las trincheras, una etapa más oscura y sin embargo muy estimulante, que ahora ha sido reunida en un solo volumen, tetralógico, gracias al esfuerzo de un grupo de editoriales mexicanas, y finalmente una serie de textos entre estrambóticos y pretenciosos que no dieron nunca con el nivel ni siquiera de su primera etapa.

Splendor es un libro de mil páginas que es imposible dejar de lado en cualquier recuento, y es más, acaso sea uno de los mejores libros de poesía peruana publicados este año.

Otro caso es el de Mario Manuel Bartolo Montalbetti, o simplemente Mario Montalbetti (1953), que este año reunió toda su poesía publicada hasta el 2013, en un libro titulado Lejos de mí decirles, publicado también en México.

El volumen reúne desde su primer poemario, sencillo y profundo, algo juguetón: Perro negro, hasta su fallido Apolo Cupisnique, pasando por su libro más importante, y me atrevo a agregar que uno de los más importantes de las últimas décadas: Fin desierto (aunque para apreciar la grandeza de este libro hay que leerlo en la edición no venal que se despliega como un acordeón y donde se puede apreciar el juego y determinancia de los espacios en su propuesta poética mallarmeana); este punto crucial se pierde en la lectura lineal que ofrece Lejos de mí decirles.

Por cierto, están otros libro notables como Cinco segundos de horizonte, Llantos elíseos, 10,000 cafés (un retorno en cierto modo al coloquialismo) y un texto crítico que, a juzgar por el poeta Tulio Mora, significa un cierto acercamiento a la poética de HZ. Cuando llegue a ese punto en mi lectura de Lejos de mí decirles, daré mi opinión al respecto.

En fin, me parece poco profesional y producto de un equivocado "sentido de cuerpo" el dejar de lado este acontecimiento poético solo porque el escurridizo Montalbetti se ofreció a presentar un libro de un poeta joven, y luego simplemente dejó plantado a todos en la presentación.

Montalbetti tiene una trayectoria demasiado brillante y gran futuro como para dejarla en manos de la venganza poética (completamente comprensible) o del periodismo literario de baja intensidad que hoy campea en los diarios peruanos.



9.12.13

Manuel Valero: Los premios literarios son una estafa

La literatura contra los premios literarios son casi un subgénero en Iberoamérica. Denle una chequeada, por ahora, a este texto del escritor Manuel Valero. Mayo, 2013. Tomado de MICIUDADREAL.
 
 
Manuel Valero.- Les voy a contar algo. Soy escritor, nunca he publicado con dinero público -salvo que mis editores se buscaran la vida, que nunca lo supe- y sólo me he presentado en dos ocasiones a un concurso literario. Del primero salí escaldado y el segundo que se lo llevó otra celebridad como era previsible fue el último que organizó la CCM antes del derrumbe.
El primer concurso en el que participé fue de casualidad. Yo había terminado mi primera novela seria, Balneario, cuando llegaron las bases a mis manos. Como pasaba por allí, es decir, como ya lo había escrito, el concurso llevaba el nombre de Francisco García Pavón -lo organizaba el Ayuntamiento de Tomelloso – y además el premio era de un millón de voluptuosas rubias (pesetas), pues hice las copias necesarias, cumplí con la tontería de la plica y mandé la obra. Ya se habrán dado cuenta de que no lo gané. Bien. La investigación minuciosa que luego hice al enterarme de quien era el gestor del concurso -voy a omitir nombres- dio como resultado el temido y esperado resultado valga o no la redundancia: ¡Oh. el premio estaba amañado de antemano!
Irritado escribí quizá uno de los artículos más duros de mi vida que titulé Yo acuso, con la venia de Emilio Zola, a riesgo de aparecer ante la opinión pública como el típico escritor enfadado por que el premio no hubiera recaído en su excelsa obra. Me dio exactamente igual porque no fue esa la razón que en conciencia me llevó a denunciar un fiasco que manchaba el nombre de Pavón ya desde la primera edición sino la constatación implacable, frontal, evidente e irrefutable de una descomunal estafa, máxime cuando la persona que gestionó el premio, tuvo ocasión años antes de proponerme la creación de un premio literario en Puertollano con la intención de repartir dividendos. Claro que me hubiera gustado ganar el Primer Premio de Novela García Pavón, cómo no, pero la denuncia sirvió al menos para tener más cuidado en ediciones posteriores.
 
 
Unos cuantos -bastantes- años después, en 2009 participé en el concurso de Novela Histórica de Alfonso X El Sabio de CCM sí la nuestra. Yo había terminado Entre las balasy sin aprender la lección y sin pensarlo dos veces lo envié. Lo envié a sabiendas del fiasco presumible, pero como ya lo sabía no me dí por estafado. Efectivamente lo ganó Mercedes Salicahs por Goodbye España,.¿la conocen? Todo dentro del guión. Perfecto. Y dirán, ¿y qué demonios viene todo esto? Pues porque le acaban de dar el premio Lara de novela aMarta Robles. Para disimular presentó la historia Luisa y los espejos con el pseudónimo Susana Gutiérrez. Y como el jurado Ángeles Caso, Fernando Delgado, Pere Gimferrer, Ana María Ruiz-Tagle y Emili Rosales.-¿han tomado nota?- no sabían nada ni habían leído nunca antes una linea, ni siquiera ante el espejo, pues se quedaron tan encantados con la novela de la tal e ignota Susana que le dieron el pastón a la colega Marta. Pues bien, casi todos los premios literarios en España son una estafa, una añagaza, una mafia organizada en la que participan premiados de antes y futuros premiados, siempre de nombre resultón, para que la editorial no pierda tontamente un dinero que da a escritores listos en concursos a los que se presentan muchos escritores tontos.
La corruptela también contamina a eso que llamamos Cultura y que consideramos virginal y depositaria de altos valores inmarcesibles. Los premios literarios son un fiasco, que cumplen aparentemente todas las normas para que después en fiestas sociales de relumbrón se juegue a la exquisitez y la excelsitud intelectual. El timo del tocomocho librero es buen tema, el juego trilero de los Planeta, los Lara, los Nadal y los de la Virgen de las Consolación, es una buena historia de investigación para que meta el moco el intrépido Jordi Ëvole en Salvados. Aunque no sé porqué me temo que a lo mejor es un tema demasiado caliente incluso para el campeón del periodismo indignado.
Coda:- Les juro, y no tendría por qué hacerlo, que hambre no es, como decía una visita que llegó a una casa con más gusa que un maestro de escuela y abría la boca a cada poco, simulando que era sueño. No es despecho. No me considero ni más ni menos digno que cualquier otro u otra autor o autora para ganar o no un premio, ya que el mejor de los premios son los lectores. Pero conviene quitarse la venda de los ojos y asumir que la Literatura ha muerto, y que los libros hoy los escriben famosetes de los medios, presentadoras que plagian o periodistas de trinchera, de consuno con intereses editoriales. No es acidez de articulista miciudarrealeño, amigo Romera, soy un tipo soportablemente feliz a ratos, a quien algunas cosas le enervan, como supongo que a todo el mundo. Son los concursos estúpidos y la vomitiva feria de las vanidades. Ah, si Saramago levantara la cabeza.
---El autor.

2.12.13

Junglares: escribir poesía, publicar poesía





 A José Kozer.

 
En algunas entrevistas y varios textos, he insistido sobre la necesidad de que el acto de escribir poesía, y posteriormente el de publicarla, requieren de un tiempo de reflexión y de una capacidad de autoedición que casi nunca coinciden con las ansias del autor (por lo general, joven) por ver sus intimidades y confesiones –pues muchas veces no se pasa de ello—expuestas en blanco y negro, a la venta, ávidos de cosechar reseñas.
En poesía, como en muchos otros ámbitos de la vida, tomarse un tiempo, reflexionar, desechar, volver a empezar, es más que útil; diría que imprescindible. Me es muy difícil entender qué es lo que se puede esconder tras los sendos “ladrillazos” que han publicado el año pasado, por ejemplo, buenos poetas como Héctor Hernández Montesinos y Ernesto Carrión, en los cuales reúnen todos sus poemarios publicados hasta entonces.

Este tipo de apresuramientos tienen un efecto de vació futurístico, por así decirlo. Si antes de los cuarenta años ya tienes una obra que supera las 500 páginas y que toca (roza, más bien) casi todos los temas contemporáneos, ¿qué es lo que harás cuando tengas 20 o 30 años más?
(Elidiré, por ahora, una pregunta aún más ardua y urticante: ¿en realidad hay tanto para decir?)

Sin embargo, en los casos mencionados, y en caso de algunos poetas nacionales, hay un innegable talento. Pero no creo que esto sea extensible para muchos poetas más. Siempre lo digo en reuniones informales:
Cualquiera puede pensar tonterías; algunos incluso las escriben, pero publicarlas es imperdonable.

Por lo general, esto es producto de un entorno inmediato (amistades, vinculaciones poéticas, sentido errado de la “carrera poética”) complaciente, de un ego deformado que no admite reparos y críticas, y/o de una absoluta carencia de capacidad autocrítica e intuición poética.
No obstante, el espaciamiento en la publicación de los poemarios tampoco asegura, per se, una entrega satisfactoria ni una respuesta crítica favorable. Hay muchos poetas que publican cada quinquenio, o incluso más, pero lo que dan a conocer tiene el estigma del desfase con el ritmo de las circunvoluciones de la poesía moderna. De algo parecido adolece cierta poesía hecha en provincias, aunque en ciertas ciudades, como Puno, Arequipa y Huancayo, lo que afirmo se relativice agradablemente.

¿Qué hacer entonces?
Primero, no pensar que es una cuestión de tiempo, pues ello solo es una apariencia.

Lo que pasa es que el reflexionar sobre, la corrección de, el compartir el texto con poetas que puedan aportar (los cuales son en verdad muy pocos), normalmente toma bastante tiempo. Sin tomar en cuenta el consabido consejo, casi siempre útil, de dejar reposar el texto o el libro al menos un par de meses, para luego retomarlo con “nuevos ojos”.
Todo el proceso es naturalmente largo; pero algunos poetas lo realizan con mayor velocidad que los demás, de manera que un poeta menos experimentado se puede confundir con ello y pensar que solo se trata de reunir un “manojo de poemas sueltos” en un poemario que solo aspire a ser la expresión de un momento en la vida del poeta (ver en este punto un raro comentario publicado en la reseña a Los largos abrazos, en el blog de José Carlos Yrigoyen).   

A lo expuesto, se suma un difundido prejuicio de estirpe vitalista: muchos, demasiados poetas creen que la poesía es simple y puramente la expresión de emociones. La reflexión, la racionalización del texto, el pensar en el acto de escribir y sus consecuencias mentales, intelectuales y espirituales son mal vistos; suerte de aditamentos o accesorios que debilitarían o enturbiarían la contundencia y “llegada” del texto al lector (sobre todo al espectador de recitales).
Finalmente, la inexistencia casi total de lo que en Francia y otros lugares es un editor de poesía; es decir, alguien que no solo sirve para imprimir el libro (y en el caso peruano: incrementar sus arcas con la plata del incauto del momento), sino que tiene el “ojo” para saber si un texto de poesía vale la pena publicarse, y, lo más difícil: ejercer de Pound frente a un Eliot: ser capaz de cortar, hacer cambios, plantear sugerencias esenciales al texto, sin ambages ni temores.  

Estas a veces ocultas contingencias, estos pequeños saberes, acaso hacen la diferencia entre un poeta que simplemente se limita a acumular y publicar todo lo que se le ocurre escribir –como si ante un genio romántico tardío estuviéramos--, y otro que está atento a todas las proliferantes raíces que la poesía de hoy nos propone, alguien que incluso puede incorporar al texto la construcción del texto mismo, superando las simplezas de las temáticas manidas (lo cotidiano, las cuitas de amor, la intertextualidad previsible…), las estructuraciones formales petrificadas y la expresión de emociones y sensaciones a estas alturas agobiantes.
Todas las formas, opciones y formas de entender la escritura poética son igual de válidas; lamentablemente eso no quiere decir que todos los poemarios sean igual de valiosos.


 
 
 
Sea esto dicho con el fin de que pueda ser aprovechado en algo por quien quiera.

 

 
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