22.4.14

Eagleton contra la deconstrucción

Tomado de La función de la crítica.


La desconstrucción puramente «textual» de la variedad de Yale se beneficia al menos en dos aspectos de la idea de que la crítica, como el propio lenguaje, siempre está de algún modo en crisis. Por una parte, este enfoque contribuye a ocluir la especificidad de la crisis histórica a la que se enfrenta en este momento la crítica, diluyéndola en una ironía generalizada del discurso y aliviando así a la desconstrucción de las responsabilidades de la autorreflexión histórica.
Por otra parte, el hecho de que siempre estemos en crisis garantiza a la desconstrucción un futuro seguro y de hecho interminable. El gesto desconstructivo, según explica Hillis Miller, siempre fracasa, «de tal modo que hay que realizarlo una y otra vez, interminablemente... ». Se trata, desde luego, de un tipo de fracaso con el que resulta reconfortante tropezarse, pues promete mantenernos indefinidamente en una empresa, al contrario que esos programas de investigación que nos frustran al quedarse sin fuerza en el preciso momento en que estamos a punto de conseguir un ascenso.

Como ningún texto crítico desconstructivo podrá quedar lo bastante purgado de algunas partículas de positividad, siempre hará falta otro texto que las disuelva, y que a su vez sea vulnerable a otro, mientras no se acepten las páginas en blanco como publicación académica. Si el efecto de tal desconstrucción es la reproducción interminable de lo académico, hay no obstante una izquierda desconstructiva que sí ha reconocido, aunque sólo de manera nominal, el problema de desconstruir esa institución. La política de esta desconstrucción de izquierda se ha caracterizado por la anarquía: una sospecha del poder, la autoridad y las formas institucionales como tales, lo que es de nuevo una inflexión radical del liberalismo. Una crítica institucional de este tipo está abocada a ser formalista y abstracta, además de encubiertamente moralista; pero también es posible ver una cierta fijación postestructuralista con el poder como tal, como reflejo de un problema histórico real, pues una vez que se ha cuestionado la ideología humanista liberal dominante de las instituciones académicas -una vez que se asume que ese humanismo liberal es cada vez más anacrónico- no es fácil ver exactamente cómo contribuye esa institución a la reproducción de relaciones ideológicas más amplias, suponiendo que ese mismo cuestionamiento no se deseche con brusquedad por «funcionalista».
Dicho de otra manera, resulta plausible considerar que estas instituciones utilizan el poder por usarlo, que son máquinas que se autoabastecen de energía y cuyas luchas de poder tienen una referencia puramente interna, en una época en que las relaciones ideológicas entre la academia y la sociedad son más complejas, ambiguas y opacas de lo que supusieron muchos modelos radicales anteriores. Si la desconstrucción le dice al humanismo liberal académico que no sabe lo que hace, o si hace o no hace nada, o si puede saber si hace o no hace nada, ello se debe no sólo a la naturaleza tropical ficticia de todo discurso; también es por una incertidumbre histórica en las funciones sociales generales del humanismo académico, lo que ni éste ni la mayor parte de la desconstrucción va a reconocer nunca plenamente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.