27.10.14

LO MEJOR DE VÍCTOR RUIZ VELAZCO

Barlovento significa, en tercera acepción, aventajar a alguien con respecto a algo. Definitivamente es demasiado título para la compilación de los primeros poemarios del editor y poeta Víctor Ruiz Velazco. Por fortuna, el mismo año en que al autor se le ocurrió la apresurada idea de reunir sus obras completas hasta el momento, apareció un librito que reprodujo el poemario con que ganó el Premio Nacional José Watanabe Varas, editado impecablemente por Jaime Campodónico.

Este poemario implica una necesaria y acaso irreprimible vuelta de tuerca tanto en el estilo como en la retórica en los que el poeta se estaba apoyando en sus primeras entregas. Quiero decir que encontramos apenas vestigios, trazas de ese lirismo engolado, de esa hiperreferencialidad cultista, de ese poco reflexivo endeudarse con el estro poundiano.

Si bien "Fantasmas esenciales" no esta libre de los declives mencionados, su fuerza radica en la organicicidad que ha logrado darle al conjunto (sin duda un poemario para ganar concursos), y en el dominio de dos vectores que sostienen el armazón estructural e ideológico del texto, uno más interesante que el otro.





El primer vector es muy evidente y está anunciado por el título mismo del poemario: el yo poético convoca a su discurso a figuras míticas (algunas de ellas tal vez imaginarias) y ciudades antiguas, algunos poetas, que le sirven, o como escenario para desplegar sus reflexiones e invocaciones, o como elementos en torno a los cuales el discurso poético va a discurrir.

Un segundo vector, menos evidente, está sugerido al final del libro,  por un agradecimiento a un poeta chileno por haber dado a conocer al poeta a dos pensadores franceses clave para el poemario (de todos modos me cuesta imaginar que alguien termine Literatura sin conocerlos: Guattari y Deleuze).

De aquellos toma la idea de cuerpo sin órganos --desarrollada, si mi memoria no me falla, en "Antiedipo"--, lo cual no queda más que en una recurrencia constante al cuerpo carnal, que no imaginario, y su digamos preeminencia en cierto nivel del discurso.

Un elemento que atraviesa un poco irritantemente todo el poemario, incluyendo a estos vectores, es el Amor (Ruiz Velazco lo escribe así, con mayúscula inicial), concebido como una forma suprema de afección hacia el otro, una suerte de deificación de la amada y a su vez diálogo con ella.

En esta parte, pero también en otras, es donde encuentro un nuevo problema expresivo en el poeta. Constantemente recurre a, o recae en, la segunda persona, dándole al texto un trasegado tono conversacional que en lugar de aportar, resta profundidad al nivel reflexivo y nos devuelve a los problemas de los poemarios anteriores.

Sin embargo, estos pasajes palidecen ante el logro de un dominio interesante de su anteriormente marcada tendencia al lirismo más evidente, pero sobre todo frente al desarrollo de elaboradas figuras y metáforas que son los mojones que señalarán el nuevo camino poético a elegir por el poeta. En mi opinión, sería imprescindible evitar construcciones pretenciosas como

...ella
solo sería una espalda callada
en medio de una parlamento pronunciado
por un personaje menor en un drama isabelino

También tienen presencia versos sentenciosos, aforísticos (en su forma), reflexiones de una obviedad desconcertante, y un defecto lexicográfico molesto a la lectura: la profusión de palabras y conceptos escritos en altas y bajas, de una forma innecesaria y hasta fastuosa (en el peor sentido que se le pueda hallar al término). Nada que el tiempo y la escritura constante no pueda solucionar.








Con defectos y virtudes (las más), "Fantasmas esenciales" constituye muy de lejos lo mejor que ha entregado Víctor Ruiz Velazco hasta el momento. Una necesaria quema de naves que deje atrás la poesía poética (no es pleonasmo) que lo tenía atrapado en sus libros anteriores y le marque un nuevo derrotero para cuya conquista el poeta parece tener todas las armas necesarias.

Cuestión de perseverar y acostumbrarse a la búsqueda, la reflexión, el riesgo inherentes a toda poética que quiere aportar seriamente.






11 comentarios:

  1. Anónimo27.10.14

    qué estupendo comentario. Un ejemplo de equilibrio, desapego, alejamiento con respecto al autor. Sabemos que odias a Víctor Ruiz pero has sido capaz de darle un sitio, de valorar su libro. Eso dice mucho de ti más que de él.

    Alonso

    ResponderEliminar
  2. Anónimo27.10.14

    Habla, Coral CUÁNTO TE PAGÓ RUIZ PARA FRANELEARLO???


    OJOJOJOJOJJO

    PAOLO
    PROFESOR DE SAN MARCOS Y DE LA U. DE LIMA

    ResponderEliminar
  3. Anónimo27.10.14

    La reseña, si se lee bien, no es complaciente. Le dice sus verdades al poeta Ruiz pero lo anima, le reconoce aciertos, algo que no hubiera creído si me lo hubieran contado, sobre todo porque Ruiz se pasa la vida diciendo que lo envidias.

    Salomón el dulce.

    ResponderEliminar
  4. Pasando por alto el eructo brutal del profesor de Lima, quiero referirme al primer y al último comentario.

    Primero, no odio a nadie y mucho menos a un joven talentoso que tenía que hacer varios giros y virajes en su poética; parece que ya empezó.

    Si Ruiz piensa que yo lo envidio, que sepa que yo solo envidiaría a un poeta que no necesita de consejos, padrinos y mecenas para comenzar a escribir bien.

    La reseña no es complaciente; es solo que esperaban, no sé por qué, que destrozara el único libro interesante para mí que tiene Víctor Ruiz. Quédense con las ganas.

    ResponderEliminar
  5. Anónimo28.10.14

    se nota que le pasas la mano a Ruiz para que te publique tu próxima poemario. No es una queja, es una acusación total. Yo sé qué es así.

    Roldán

    ResponderEliminar
  6. Anónimo28.10.14

    Salomón Valderrama:

    me has traicionado!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  7. jajajaaajaja, jamás publicaría en esa editorial de jóvenes. Sigan especulando, Hice lo que tenía que hacer.

    ResponderEliminar
  8. Salomón está chupando hace 17 horas, nadie lo detiene, habla de venganza y de traición!!!!


    Richi Lakra.

    ResponderEliminar
  9. Anónimo28.10.14

    Muy buena reseña, Víctor, diste en el clavo varias veces y el autor debe haber quedado pensando...

    La honestidad deja fuera de lugar a esos sonzos que rodean a este poeta, y tú ni siquiera te diriges a ellos. Genial.

    Lucho Molina
    UNMSM

    ResponderEliminar
  10. Anónimo28.10.14

    Yo estoy terminando Lite en la Villarreal y hasta ahora no hemos leído Mil Mesetas. Qué te puedo decir.


    Carlos///

    ResponderEliminar
  11. Buena lectura, Lucho. Saludos.

    ResponderEliminar

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.