27.4.14

SOBREVALORACIÓN DEL ENTUSIASMO Y POCA DEDICACIÓN


Sabido es que sin entusiasmo no se puede hacer nada, ni en la literatura, ni en la vida.

Pero hay quienes piensan que el puro entusiasmo puede curar sus carencias de formación literaria y su falta de talento. Organizan recitales, se meten de editores de libros sin lustre lexicográfico ni orden de catálogo. Llenan su Facebook con fotos acompañados de verdaderos talentosos creyendo ingenuamente que algo se les pegará.

En suma: piensan que la literatura es un inmenso besamanos entre amigos e intercambio de flores seudocríticas. Celebramos que celebren; pero, ¿qué celebran? ¿Esto?:

Peña entrevista a Briceño. Briceño reseña a Peña. Yrigoyen canoniza a Pimentel junior; Pimentel junior ensalza, una vez más, a Yrigoyen. Méndez --sorpresa para mí-- encomia un cuentario de Víctor Ruiz Velazco; VRV devuelve el favor invitándolo a un recital en el CC de España. ¿Seguimos?


 Que el compañerismo y el amiguismo campeen en las nuevas generaciones no me parece realmente malo. Después de todo, la historia de la literatura tiene muchos ejemplos de grandes amigos que han dado excelentes obras.

Los peligros, en nuestro caso, son tres: la inmensa cantidad de poetas y escritores de provincia que solo miran la fiesta por la ventana, la pésima calidad de quienes participan de este festín iluso, salvo precisas excepciones, y el peligro inminente de (mal)entender el hecho literario como un complaciente "reséñame que te reseño, convócame que te convoco".

Cuidado, estimados coleguitas: pronto llegarán los cuarenta, y muchos tendrán, antes que una obra coherente, un Facebook lleno de fotos alegres, fútiles y testimoniantes de lo mal que se hicieron las cosas teniendo todo a favor.

Aún hay tiempo, jóvenes.
 

25.4.14

Pequeño ensayo sobre crítica de poesía

La idea es crear un discurso crítico con estas dos declaraciones de dos grandes poetas peruanos. En un principio, pueden parecer tener muy pocos puntos en común, pero el ejercicio consiste precisamente en descubrir cómo se pueden vincular para decir algo más de lo que dicen individualmente. Mi propuesta: mañana.



Guevara:

"Las dos grandes censuras o prohibiciones de los hombres son el sexo y la política. ¿Puedes creer que la mayor parte de las palabras que la gente llamada literaria oye son las que tienen connotaciones sexua...les y políticas? Eso demuestra, pues, que ya ellos han aceptado un discurso de las lisuras. Ellos creen que hay palabras sagradas y palabras profanas; ellos creen que hay palabras bellas y palabras feas; ellos creen que hay palabras groseras que un hombre digno, sabio, no debe decir; que hay palabras que solo pueden decir los dignos y los sabios, ellos creen que hay palabras que no se pueden usar: las palabras políticas, las palabras que ellos consideran las más pedestres, las más gastadas, las más falsas.

(...)

¿De qué se espantan si la palabra verdaderamente libre es la palabra del hombre en su plenitud? Un hombre pleno no tiene por qué tenerle miedo a las palabras. Ni siquiera a las palabras más procaces. Porque puestas en orden de literatura, o sea en frente de batalla literaria, dan resultados geniales."

 



Eielson:


"La poesía --como toda actividad creativa-- está siempre enraizada en el contexto social, político, histórico, cultural y hasta económico del autor. Su voz, por cuanto personal y privada, surge fatalmente condicionada por estos factores."

La autobiografía de Arthur Schnitzler

Hay libros que, por circunstancias diversas, demoran en llegar a nuestras manos. Ese es el caso de Juventud en Viena, autobiografía del que para mí es el padre de la novela corta contemporánea: Arthur Schnitzler.

Lo tengo entre mis manos gracias al amigo librero Pedro Ponce, quien me lo vendió a precio "huevo" el sábado pasado, en su puesto del Bulevar de Quilca. Tuve que hacer muchos esfuerzos para llevarme ese libro y no otros muy atractivos que ofrecía en su surtido puesto.

Venía persiguiendo este volumen durante mucho tiempo. De hecho, cuando llegó como novedad a librerías limeñas, hace algunos años, trajeron muy pocos ejemplares, los cuales se agotaron antes de que pudiera hacerme con uno de ellos.

El libro nos cuenta en realidad cómo un joven estudiante de Medicina --mediocre, según sus propias palabras-- termina encontrando su camino hacia la literatura luego de culminar una carrera que apenas ejercería, y de lidiar con amores inconclusos, amigos pretenciosos de clase alta y una sociedad en plena transformación y ebullición: la Viena del Imperio de los Habsburgo.

Destacan dos cosas en estas deliciosas memorias. La implacable y divertida honestidad con que el autor nos revela los secreto de su formación juvenil:

"desde el punto de vista ético he hecho una estupidez estudiando Medicina. Para empezar, soy del montón. A esto se añade, en primer lugar, que soy un vago; en segundo y con consecuencias más graves, la vergonzante hipocondría a la que esta espantosa carrera, por lo que muestra y nos hace ver, me ha llevado en el curso de los años".

Pero además el estilo sosegado, terso con que Schnitzler nos cuenta los detalles de sus sentimientos más íntimos, como si estuviera describiendo un paisaje externo en lugar de uno interno:

"Todavía no sé, hasta hoy, si tengo verdadero talento para escribir; creo que por todos los poros de mi vida, de mi pensamiento, me siento inclinado a ello como si la ley de la gravedad me empujase. (...) Tengo que reconocer que mi orgullo se revuelve a veces con gran virulencia cuando veo que hay muchísima gente que se identifica conmigo y a la que ni se le pasa por la cabeza que yo pueda ser tal vez otra clase de persona".

Ejemplo brillante de honestidad intelectual, y hasta cierto punto, clave para entender su producción literaria, Juventud en Viena es de esos libros que no se limitan a satisfacer el fetichismo de los admiradores del escritor; arroja luces insospechadas sobre la obra del autor, lo cual siempre será motivo de agradecimiento.

---El autor.

22.4.14

Eagleton contra la deconstrucción

Tomado de La función de la crítica.


La desconstrucción puramente «textual» de la variedad de Yale se beneficia al menos en dos aspectos de la idea de que la crítica, como el propio lenguaje, siempre está de algún modo en crisis. Por una parte, este enfoque contribuye a ocluir la especificidad de la crisis histórica a la que se enfrenta en este momento la crítica, diluyéndola en una ironía generalizada del discurso y aliviando así a la desconstrucción de las responsabilidades de la autorreflexión histórica.
Por otra parte, el hecho de que siempre estemos en crisis garantiza a la desconstrucción un futuro seguro y de hecho interminable. El gesto desconstructivo, según explica Hillis Miller, siempre fracasa, «de tal modo que hay que realizarlo una y otra vez, interminablemente... ». Se trata, desde luego, de un tipo de fracaso con el que resulta reconfortante tropezarse, pues promete mantenernos indefinidamente en una empresa, al contrario que esos programas de investigación que nos frustran al quedarse sin fuerza en el preciso momento en que estamos a punto de conseguir un ascenso.

Como ningún texto crítico desconstructivo podrá quedar lo bastante purgado de algunas partículas de positividad, siempre hará falta otro texto que las disuelva, y que a su vez sea vulnerable a otro, mientras no se acepten las páginas en blanco como publicación académica. Si el efecto de tal desconstrucción es la reproducción interminable de lo académico, hay no obstante una izquierda desconstructiva que sí ha reconocido, aunque sólo de manera nominal, el problema de desconstruir esa institución. La política de esta desconstrucción de izquierda se ha caracterizado por la anarquía: una sospecha del poder, la autoridad y las formas institucionales como tales, lo que es de nuevo una inflexión radical del liberalismo. Una crítica institucional de este tipo está abocada a ser formalista y abstracta, además de encubiertamente moralista; pero también es posible ver una cierta fijación postestructuralista con el poder como tal, como reflejo de un problema histórico real, pues una vez que se ha cuestionado la ideología humanista liberal dominante de las instituciones académicas -una vez que se asume que ese humanismo liberal es cada vez más anacrónico- no es fácil ver exactamente cómo contribuye esa institución a la reproducción de relaciones ideológicas más amplias, suponiendo que ese mismo cuestionamiento no se deseche con brusquedad por «funcionalista».
Dicho de otra manera, resulta plausible considerar que estas instituciones utilizan el poder por usarlo, que son máquinas que se autoabastecen de energía y cuyas luchas de poder tienen una referencia puramente interna, en una época en que las relaciones ideológicas entre la academia y la sociedad son más complejas, ambiguas y opacas de lo que supusieron muchos modelos radicales anteriores. Si la desconstrucción le dice al humanismo liberal académico que no sabe lo que hace, o si hace o no hace nada, o si puede saber si hace o no hace nada, ello se debe no sólo a la naturaleza tropical ficticia de todo discurso; también es por una incertidumbre histórica en las funciones sociales generales del humanismo académico, lo que ni éste ni la mayor parte de la desconstrucción va a reconocer nunca plenamente.

14.4.14

¿EXISTIÓ UNA "GUERRA CIVIL" EN EL PERÚ O FUE LA ÉPOCA DEL TERRORISMO?

Donde este blóguer se permite una pequeña reflexión extraliteraria debido a ciertos recientes sucesos.




El apresamiento de la dirigencia y algunos connotados miembros del Movadef, organización que forma parte de lo que queda del PCP-SL, ha movido muchas conciencias y hecho levantar la voz de protesta a muchos jóvenes en las redes sociales.

Con pena he comprobado que aquellos jóvenes que no sufrieron los años del terror en nuestro país, han caído en la trampa de esta organización, que les habla de que en el Perú hubo una "guerra interna" y hasta una "civil war", como reza en la portada de un libro de ensayos publicado hace poco por el doctor Paolo de Lima.

Cuando vi y hojee este trabajo, decidí que no iba a criticarlo porque, más allá de ese error de apreciación sobre el triste papel que le tocó hacer a SL entre 1980 y 1993, se ve que es un libro documentado, bien organizado y que debe haberle tomado mucho tiempo de trabajo al investigador. Compilar papelitos y volantes de hace casi tres décadas no es fácil.

Voy a mantener mi posición con respecto a ese libro, a pesar de que su visión sobre la poesía de los ochenta es demasiado sesgada.

No puedo, sin embargo, dejar de referirme a la sarta de imprecisiones y ambigüedades que muchos escritores y lectores han expresado a través de las redes sociales al enterarse de la detención de los miembros del Movadef, entre otras cosas, por haber recibido, su dirigencia, dinero sucio del senderista "Artemio" en Huánuco.

En primer lugar, nunca está demás recordar lo que estableció la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre la naturaleza tanto de la época que vivió el Perú como del propio PCP-SL:



 9. La CVR ha constatado que la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre... y poco educado, no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país; ello delata, a juicio de la CVR, el velado racismo y las actitudes de desprecio subsistentes en la sociedad peruana a casi dos siglos de nacida la República.

13. Para la CVR, el PCP-SL fue el principal perpetrador de crímenes y violaciones de los derechos humanos tomando como medida de ello la cantidad de personas muertas y desaparecidas. Fue responsable del 54 por ciento de las víctimas fatales reportadas a la CVR. Esta cuota tan alta de responsabilidad del PCP-SL es un caso excepcional entre los grupos subversivos de América Latina y una de las singularidades más notorias del proceso que le ha tocado analizar a la CVR.

14. La CVR ha comprobado que el PCP-SL desplegó extremada violencia e inusitada crueldad que comprendieron la tortura y la sevicia como formas de castigar o sentar ejemplos intimidatorios en la población que buscaba controlar.

15. La CVR ha encontrado que el PCP-SL fue en contra de las grandes tendencias históricas del país. Poniendo en práctica una férrea voluntad política, se expresó como un proyecto militarista y totalitario de características terroristas que no conquistó el apoyo duradero de sectores importantes de peruanos.

16. La CVR considera que el PCP-SL sustentó su proyecto en una ideología de carácter fundamentalista, centrada en una rígida preconcepción del devenir histórico, encerrada en una visión únicamente estratégica de la acción política y, por tanto, reñida con todo valor humanitario. El PCP-SL desdeñaba el valor de la vida y negaba los derechos humanos. (Seguir leyendo)



Como cualquiera puede darse cuenta, lo que pasó en el Perú estuvo muy lejos de ser una guerra civil; más bien fue una época de terror y barbarie con SL como principal protagonista, pero con las FF. AA. también haciendo su peor trabajo. En medio, la población más pobre del Perú, acosada y asesinada cobardemente por ambos bandos, como sucedió con la luchadora social María Elena Moyano, asesinada vilmente y luego dinamitada por un comando terrorista de SL.

Resulta, pues, iluso o hipócrita ahora hacerse de la vista gorda con los desmanes genocidas de SL y apoyar una absurda "amnistía general" que dejaría libre no solo al asesino "presidente" Gonzalo, pero también al otro asesino y ladrón, Fujimori, y a muchos otros terroristas y corruptos que están bien encerrados en la cárcel por lo que hicieron.

Las heridas sociales que supuestamente fueron el "caldo de cultivo" para el terror, aún subsisten en el Perú del cacareado despegue económico de hoy. Cómo dudarlo. Pero esas mismas heridas se daban en medio centenar o más de países en nuestro planeta en los ochenta, y solo nosotros teníamos un movimiento tan sanguinario y autoritario como SL.

La pobreza y la desigualdad, así, no explican per se el aventurerismo de este movimiento terrorista inspirado a rajatabla en las tesis de la guerra de guerrillas maoísta.

Nunca estará demás recordar el terror a que fuimos sometidos por la barbarie senderista y por la mala respuesta de las Fuerzas Armadas, que tontamente cayeron en los mismos desmanes que SL cometió contra la población inocente.

Un pueblo que olvida su pasado es proclive a repetir sus errores, se dice. En el caso del terrorismo esto es más cierto que nunca. 


---En la imagen, la portada de La República dando cuenta del vil asesinato de María Elena Moyano.

9.4.14

TRES CONFERENCIAS SOBRE CREACIÓN Y LITERATURA

En la primera conferencia Gilles Deleuze discurre sobre la noción de creación en arte y literatura. En la segunda, la entrañable Julia Kristeva intenta reconfigurar al intratable y genial Louis-Ferdinand Céline. Finalmente, Terry Eagleton da una clase magistral sobre lo que es la crítica y sus posbilidades hoy. Servidos.










7.4.14

LAS TARAS DE UN CRÍTICO DE POESÍA




Los  críticos literarios, como todos los mortales, escriben desde una posición ideológica, desde una idea de lo que es literario y de lo que no lo es, desde unas preferencias y aversiones personales, y, finalmente, desde unos intereses que determinan qué es bueno resaltar y qué invisibilizar. Todo ello basado en el prestigio del crítico o en su aceptación mediática (sea en blogs, Facebook u otras herramientas de ese tipo).

Ahora bien, lo que tiene que hacer el lector es simplemente reemplazar “crítico literario” por crítico de poesía y “literatura” por poesía, para tener un diagnóstico sencillo y certero de lo que está pasando ahora con la crítica de poesía en el Perú.

Un problema inicial es que se tiene por inevitables aquellas taras que condicionan la lectura del crítico de poesía. El gusto, las afinidades amicales, los intereses, de una manera cínica y vulgar, se toman como “inevitables” y se afirma que todos los críticos actúan condicionados de la misma manera.

En realidad de lo que se trata no es de negar estas condicionantes inherentes al ser humano (humanos demasiado humanos somos); pero tampoco es cuestión de aceptarlas resignadamente. Los críticos, si bien mortales como todos, por lo menos tendrían que intentar superarlas y acercarnos a una cierta objetividad, una mínima objetividad.

Infortunadamente, nada de esto interesa a los críticos de poesía actuales. Escudados por la idea de que una objetividad absoluta en poesía es imposible (como si la poesía fuera también un ejercicio absolutamente subjetivo), sostenidos por una opinión pública poética (en otro texto desarrollaré este pequeño concepto) dispuesta a aplaudir los facilismos de la crítica “implacable” y burlona, o aquella complaciente y amiguera, estos críticos se abandonan a su propia ineficacia convertida en virtud gracias al número de “likes” obtenidos por sus textos, o gracias a los comentarios temerosos –percibidos como “respetuosos”--con que llenan sus blogs.

¿Qué puede hacer frente a ello una persona que ejerza la crítica con una mínima intención honesta? Pues forjarse un camino solitario y firme. Los caminos largamente hollados se vuelven borrosos con el tiempo o se convierten en valles fangosos donde se estancan los sueños de construir mitos canónicos desde condicionantes que alegremente se asumieron solo porque favorecían intenciones extrapoéticas.

La poesía puede ser vista de muchas formas: instrumento de conocimiento, expresión de sentimientos, megaconstructo del lenguaje mismo, reflejo amplificado y crítico de la realidad, y más. Ninguna opción es, a priori, mejor que la otra, y tenemos ejemplos de excelente poesía bajo cualquiera de estas y otras opciones.

Tomando en cuenta esto último, ejercer cierto poder, medio evanescente, juzgando ejercicios poéticos desde una sola e irreductible visión de la poesía y de lo que debe ser su crítica, resulta una operación, a la larga, inútil, y en todo momento miserable.

Como de la poesía política de los sesenta, setenta y ochenta, ejercida también bajo la aceptación de condicionantes inflexibles y torpes, de este tipo de crítica de baja intensidad –pese al estentóreo volumen de las puyas e “ingeniosidades” en su ejercicio—muy poco quedará en pocos años. Lo lamentable es que cuando hablemos de este tipo de crítica en el futuro, estaremos hablando de gente valiosa en poesía que desperdició parte de su tiempo tratando de imponer en lugar de exponer, de beneficiar en lugar de acompañar la lectura de un texto, de invisibilizar en vez de criticar al (visto como) enemigo. Es tan frágil su aparentemente fuerte posición que, desde ahora, ya tienen nuestro risueño perdón.

Que los perdone la historia literaria no está en nuestro radio de acción. Lástima.

 
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