16.1.15

DESDE EL OCLLO[1] DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


 

Por Gustavo Montoya.

 Vasta y compleja como se han venido presentando los estudios sobre la obra narrativa arguediana, aparece este sobrio estudio de Edmundo Bendezú cuyo justo y expresivo título de AMA waqaspalla, enuncia sintéticamente con toda la potencia del runa simi, una de las vigas maestras de la obra del ilustre creador andahuaylino: debelar en toda su riqueza,  gozo y esperanza la múltiple palpitación del mundo andino. El texto recupera con audacia metodológica la noción de totalidad, hoy en desuso. Y ello es de vital importancia pues permite ingresar –al lector de a pie- a la obra de Arguedas con paso seguro,  sorteando la erudición y atomización temática dominante entre los especialistas. No es poca cosa presentar el conjunto de la obra de Arguedas en un solo texto. Hay que señalarlo de entrada. Un manual en el genuino sentido del término.

Otra de las contribuciones del texto es la recuperación del aliento profético que subyace a toda la obra arguediana, y desde este punto de vista, Bendezú realiza una lectura desde el futuro inmediato. En ello subyace la idea central de que muchos de los anuncios y visiones registrados por el andahuaylino vienen siendo plenamente confirmadas por el proceso político y social en curso. El tiempo confirma con crudeza y belleza algunos de los anuncios en clave arguediana. En este punto el lector atento y comprometido con la vida habrá de hallar sus propias certidumbres. Como la que Bendezú nos ofrece, por ejemplo.

La presentación del conjunto de su obra literaria permite también percibir la trayectoria y  elaboración de un ambicioso programa de creación que se impuso el propio Arguedas; y en ello va de suyo el propósito consciente de José María por cambiar  e intervenir en las realidades y fenómenos ahí representados. La recuperación de esta dimensión omnipresente  en sus cuentos y novelas vuelve a situar a su literatura  en una posición de pensamiento situado. Con todas las implicancias ideológicas y políticas del concepto. Un pensamiento situado que se propone contribuir al trastocamiento de relaciones sociales de convivencia escandalosamente injustas. Al buen vivir.
Otro de los logros del texto que nos ocupa es la precisión con que el autor representa el angustioso problema de la escritura que Arguedas tuvo que reconocer y enfrentar para luego hallar una  solución  de continuidad entre  la literatura indigenista anterior a la suya y la manera particular con que luego el escritor fue edificando su universo narrativo. La invención de una palabra que logra conmover y permite autoreconocerse al lector mestizo contemporáneo. No es poco lo que se señala. Bendezú demuestra con brevedad que nadie como Arguedas logró domesticar el quechua y el español hasta convertirlos en un instrumento de combate para emparejar el terreno de la expresión y el lugar de encuentro y de enfrentamiento dantesco entre pueblos, razas y clases sociales en conflicto. En El zorro de arriba y el zorro de abajo, este propósito arriba a niveles insospechados por el propio José María. Su muerte seguirá siendo un enigma, pues todas las posibles hipótesis e interpretaciones hasta ahora formuladas, y las que vendrán, son y serán certeras; lo cual confirma la aspiración universalista que guió su existencia.

Transmitir sintéticamente y con sencillez la enorme vitalidad y actualidad que poseen los títulos de José María también significa introducir con persuasión y con seguridad al lector de Arguedas comprometido con la reivindicación de tradiciones culturales vivas, en permanente movimiento y ya asentadas en el zócalo continental de la nación peruana. Que su obra no exhibe una arcadia neoindigenista o  una utopía arcaica, puede verificarse por la enorme reedición de sus escritos. Sin embargo, la interpelación contemporánea que Arguedas ejerce con método por intermedio de sus relatos, es la denuncia del racismo prevaleciente.

La historia natural como estrategia epistemológica alternativa es otro de los  recientes “descubrimientos” de los hermeneutas arguedianos. Este es un asunto delicado, pues se trata de acceder a ese universo por intermedio de un hombre que como Arguedas  poseía una profunda sensibilidad y metódico conocimiento de esos “otros saberes” casi “secretos”, preservados con celo y con generosidad por los runas; y no solo en los andes.  En el conjunto de la obra de Arguedas existe ese universo. Ese panteísmo cognoscente a veces desborda la historicidad de sus ficciones, hasta lograr empequeñecerla justamente en los pasajes y eventos de mayor dramatismo y de escenas límites. Las palabras de los actores humanos desfallecen ante el poder que destila de las plantas, aves, los ríos y las nieves, el viento y las piedras que asisten y ayudan con gravedad al autor, quien reconociendo su derrota acompaña sobrecogido a conciertos sagrados que logran paralizar y reanimar la vida misma.

Lo anterior tiene que ver con  un polémico fenómeno sobre el que se ha señalado sus límites y posibilidades, así como también ha desatado furias, penas y emociones desbocadas. Incluso adquirió no hace mucho, desde sus bordes, un enfrentamiento entre criollos y andinos en los predios de la literatura. Oposición risible –desapareció como llegó: entre susurros-, pues adquirió todas las señas de finos enconos y reivindicaciones francamente racistas. En realidad fue la coartada perfecta para ventilar biografías generacionales, regionales y de clase enfrentadas.

¿Esa dimensión cognoscente del panteísmo arguediano fuertemente impregnada en sus obras donde la naturaleza andina fluye casi con autonomía y aún por encima de la voluntad del autor, exige de aquellos que se interesen o deseen acceder a ese conocimiento poseer una sensibilidad particular, digamos emparentada con ese universo metafísico y material andino? En verdad solo señalar este tema puede dar motivo a  malentendidos. Bendezú implícitamente lo dice, ello es evidente y fluye de la textura  de su prosa; pero sobre todo de la propia biografía de Bendezú. Y uno no puede dejar de imaginar las dificultades, por ejemplo, de Vargas Llosa, por lo menos para mencionar este aspecto de la obra de Arguedas que apenas sí ha merecido breves líneas. Esa “necesidad” de Arguedas por dar paso a la voz de la naturaleza, de la flora y fauna del mundo campesino andino no fue un simple recurso o instrumento de expresión puramente literario. Existe ahí una metodología recurrente. Casi una exigencia cuando el narrador tiene que atravesar esos abismos emocionales y esas culpas sentimentales que lo agobiaban a la hora de intentar representar la “materia de las cosas”.

 
 
Afirma Bendezú que José María Arguedas no era el indio que quiso ser por intermedio de algunos de sus personajes: “sino un español que había dejado de creer en Dios, ésta era su tragedia” p. 189. Es una tesis fuerte e interesa profundizar en ello. En Arguedas como en Vallejo y como en Mariátegui, la sensibilidad religiosa es vertebral; irrumpe con furia  cuando el narrador intenta ingresar al ocllo de la identidad de algunos de sus personajes más emblemáticos. Se ha señalado que en  la obra de Arguedas es posible hallar periodos más o menos definidos en lo referente al sustrato de sus percepciones y su deslizamiento al terreno narrativo. Por ejemplo, los cambios que se producen en su reflexión antes y después de su formación  en la etnología y antropología. Cierto que no se trata de separar al antropólogo del literato. EL conflicto y entrelazamiento de teorías de conocimiento es visible por ejemplo en su tesis de doctorado luego convertida en libro: Las comunidades del Perú y España. Las emociones y sentimientos ocupan un lugar aparentemente equivocado en la estructura de ese libro casi olvidado. Pues ahí cuando Arguedas discurre libremente, casi divagando sobre hechos anecdóticos de su permanencia en Bermillo, La Muga y Sayago, ahí en esa “mirada vagabunda” emergen poderosamente esas intuiciones de una biografía intelectual escindida entre universos cognoscentes antagónicos.

Lo anterior tiene que ver con el profundo desgarramiento emocional y cognitivo que supone racionalizar lo sagrado, o a la inversa: sacralizar el raciocinio. No es poca cosa creer fervientemente en divinidades enfrentadas. Este conflicto se produjo, como ya fue señalado, en un terreno que el propio Arguedas fue allanando con temeridad y en el que las divinidades indígenas y cristianas debían resolver un asunto capital en la obra de Arguedas: la justicia, el buen vivir y la democracia radical: “vivir feliz todas las patrias”. Este problema aparece por ejemplo en los diálogos de Don Esteban de la Cruz y el Loco Moncada en El zorro...

Por cierto, Ama waqaspalla, de Edmundo Bendezú, es un texto llano y complejo que no se agota en estas breves notas; más bien introduce al lector interesado en la obra arguediana por un derrotero luminoso, y lo lleva al descubrimiento de toda su riqueza narrativa. El fondo editorial de la Universidad Ricardo Palma, bajo el liderazgo de Miguel Ángel Rodríguez, ofrece un título mayor dentro de su prolífica tarea editorial. Uno que contribuye a la divulgación de la obra del ilustre andahuaylino que selló con su vida la angustiosa búsqueda de la nación peruana.



[1] Ocllo remite – traducción libre-  en el quechua del mediodía andino al seno y la intimidad existencial de un sujeto o de una comunidad, ahí donde anida y desde donde florece y  se reproduce todas las formas de vitalidad y de creación. Ocllo es también el espacio y la temperatura básica de protección humana. En suma, más que pensar o analizar, el ocllo se siente,  se vive y se goza; jamás se teme

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