30.10.15

Mito y cotidianidad en "Siete días para la eternidad", de Eduardo Chirinos



Siete días para la eternidad
(Homenaje a Odysseas Elytis)
Librería SUR
Lima, Perú. 2015.


Por Víctor Coral.


Cada poemario que publica el prolífico y muy regular poeta peruano nacido en Lima en 1960, es un acontecimiento, un motivo de debate afectuoso. En el caso de este breve librito, escrito como en cuerdas paralelas con el famoso poema del mismo título de Odysseas Elytis (en traducción del poeta mexicano Jaime García Terrés), nada ha sido distinto. Más aún, diría que la lectura del libro de Chirinos plantea algunas temáticas recurrentes que me gustaría desentrañar en la medida de lo posible.

En primer lugar, Chirinos se atiene a la estructura cronológica del original griego: el libro empieza un domingo y termina un sábado. Esto, por cierto y por supuesto, no es todo. Más allá de anunciar que el libro es un homenaje al poeta griego, el peruano despliega cautelosamente preocupaciones personales en sus textos-homenaje.
Así, entre alusiones al becerro y al mirto, el yo poético desliza preocupaciones existenciales particulares:

Ni hierba ni agua bajo mis pies, solo pantuflas (de las viejas) y el suave acolchado de la alfombra. Es lunes y es invierno, ¿eso significa que existo? (p. 21)

Es decir que el peso de la cotidianidad, del confort moderno invade el discurso poético sistemáticamente, mas sin poner en peligro el equilibrio esencial de cada poema; Chirinos parece haber logrado una fórmula para engarzar los referentes mitológicos con las preocupaciones diarias de su vida.

Otra alusión, esta vez mucho más confesional, se inserta entre referencias al simbolismo del caballo –que para Gilbert Durand alude a la fugacidad del tiempo--:
Un pulmón dañado, un estómago inasible. ¿Habré de extrañarlos algún día? (p. 33)
Más. La “violencia del martes”, el pathos imbuido por ese día que recuerda al dios de la guerra, parece afectar al yo poético y recordarle, acaso, la fugacidad de su propia vida, su transitoriedad.

No hay que ser muy perceptivo, entonces, para tomar cuenta de que el libro ha sido concebido en buena parte como un contrapunto entre la mitología propia del original griego y la actualidad incierta de la vida actual. Los pasajes donde el mito cobra vida en un lenguaje amable, son muy logrados:

EL MACHO CABRÍO rumia lentamente el paso de los siglos, observa guijarros oscuros en el sol, humo que se alza sereno y majestuoso entre los cuernos. Sabe que es dios. Arde indiferente en las cometas que vuelan los niños, mastica cabezas de geranio, la tensión de los días que bajan a esta playa a descansar. A rendirle pleitesía. (p. 57)

Apenas basta recordar que el simbolismo del macho cabrío nos lleva hacia contenidos ligados a la virilidad primaria, la fuerza desatada y la plenitud solar, a despecho de otras lecturas, oscurantistas, muy posteriores.




Poeta Eduardo Chirinos.


Referentes literarios

 El propio Chirinos hace notar al lector en sus “Notas”, al final de su poemario, que ha recurrido a la intertextualidad en algunos pasajes de este. Así, se hace referencia a la sétima estrofa del poema “Walking Around”, de Residencia en la tierra, uno de los grandes poemarios de Neruda.

Luego, se cita textualmente un verso del poeta petrarquista Hernando de Acuña, de su famoso soneto “Jamás pudo quitarme el fiero Marte”. Incluso hay una inversión positiva (llamémosla así) de los primeros versos de “Miércoles de ceniza”, de Eliot, que dice: “Porque ya no espero volver/ porque ya no espero…”.
Finalmente, el poeta consigna referencias al poema “Jueves”, de Yorgos Seferis y al poema “Le Cygne”, del Charles Baudelaire.

Hemos creído hallar un par de referencias más. El poema de la página 37 alude acaso lejanamente a una famosa frase de Marx. Cito: “Un fantasma recorre la habitación”. El aserto del poema de la página 73 nos recuerda mucho a uno de Baudrillard. Cito el de Chirinos:

Nada es real porque todo es real.


Coda

Me gusta pensar que el concepto de mito que el poeta ha tenido en mente al escribir Siete días para la eternidad, se acerca mucho más al de Graves en su imprescindible Los mitos griegos –donde las narraciones originarias griegas son reelaboradas con un lenguaje vivo--, que al de cualquier manual de mitología.

Así me lo han sugerido prácticamente casi todos los textos que componen este poemario. Textos donde se imbrican la fidelidad a la visión poética de la mitología (algo que también Elytis practica) y, aporte del peruano, un “aterrizaje” de estos textos en el universo de la mundanidad. Cito un poema breve que resume plenamente lo que afirmo:

Es miércoles y es primavera. Día consagrado a Mercurio. A las bolitas plateadas e inasibles que custodian los termómetros. (p. 47)

De esta manera, quien se acerque a las páginas de este poemario, se acerca, por un lado, a la imaginería proteica de Elytis, pero también a la fidelidad a lo cotidiano de Chirinos. Una feliz confluencia que resultará feraz al buen lector de poesía.



Portada.

4 comentarios:

  1. Anónimo30.10.15

    Excelente poeta Chirinos. Compraré el libro.

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  2. Anónimo30.10.15

    Excelente poeta Chirinos. Compraré el libro.

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  3. Anónimo31.10.15

    El poeta y antiguo profesor de letras no desilusiona en ninguna de sus entregas, el critico destaca por conocimiento y agudeza que se contrapone con su andar cotidiano

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  4. Anónimo31.10.15

    Yo ya leí el libro y me sorprende todo lo que puede sacar Coral de un poemario tan breve. Felicitaciones a los dos.

    Ángel.

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