30.11.15

MAGNÍFICOS POEMAS DE KREIT VARGAS


[AMRITA]

Mascarás de niebla en la noche quebrada
Río incansable por la mañana
Ya no podías con tu traje de bruma a 4 mil metros sobre nadie donde el zoo
de nubes divierte el pervertido teorema del infante
Eras serpiente divina entre los cráneos de cristal resplandeciente ensayando
el nuevo sol.
Entre los corredores de aire denso purificado en el giro de la danza
Cartografías el infinito entre el galope de los centauros bajo la casa de virgo.
Cuando mordieron tu carne presintieron la primera marea
El tiempo menguado para el animal herido sobre las sabanas doradas
En los alabastros inalcanzables
En el eléctrico estallido
Sobre las costas de Vietnam o el desierto de Nueva Delhi

[Obuses inaugurales ante la estampida de aviones]

Me dicen que tu historia estuvo marcada por el deseo irrevocable del jaguar
Alto entre las montañas guardianas
Tu aliento fue consagrado a la muerte dorada en las bodas de la sangre
En el pacto concordado
Príncipe purísimo en la dinastía del agua
Eras el breve rumor de las mariposas migrando hacia el sol
Todos éramos animales hermosos hasta que nos brotaran los ojos
Después de las celebraciones por el abrazo renovado
Adquirí esa vieja costumbre de cazar al lobo para la noche solitaria
Por el simple acto de soledad de rabia

Entonces no pude sino optar por reducir la distancia para que lamiera mis
manos
Perfecto en el momento donde el humo era imperio sin sentido.
Corrí
Sin detenerme en la prédica alta de sus hallazgos definitivos
Todo era inédito para el astronauta que fascinado renunciaba a la certeza de
lo palpable
Era este mi sueño bendecido por sus pasos anunciando estás corrientes
Donde el yo se disuelve
Y el rumor de la conciencia se hace civilización incomparable





[CEMPAZUCHIL]

Atraído por el aroma del sol macerado en la boca de las flores
No pude recordar la dirección del puerto tras el jadeo constante del nopal
Entonces volví sobre la búsqueda encarnado en el caracol y su doble prisión
Tuve un rostro en la historia de las revoluciones invisibles
Un vínculo sagrado con la estrella amada de los asesinos
Aprendí el rito callado del primer hombre que busca un lugar para morir
Abedul primordial esperando el regreso de las mariposas
Esta playa en su memoria me devuelve sobre su paranoia interminable
Mineral legítimo regido por la turbulencia celeste

Cuando el sol era un dios
Y mi voz un elemento precioso e inestable
Devine en agua renovado por el ascenso del salmón y su reino generoso de
muerte
En cada dimensión propuesta por sus matemáticas prevaleció el fuego
Domesticadas las sombras y la presencia del lobo en la escena cotidiana del
pan
Las oraciones se convirtieron en el sordo aleteo de la libélula en el día
renovado
Antecedidos por estallido de la semilla que retorna al sueño
La calma se hace posible en la tempestad de la carne.


[TONAYAN]

Tuve un color hermoso
Un lugar donde mi oro era irremplazable
Jade en la fiesta de la sangre
Donde mi ejército se convirtió en barro sobre la marcha

Ahora mi enemigo agoniza enloquecido por la belleza de la calma
Proclama su derrota en el movimiento
Nada puede contra la estela invisible de mil hombres volviendo a la batalla por siempre
Secreto motivo arrebatado al sueño de la piedra
A su primer canto
Aquí
Abandono la primera estancia donde la vida brota como agua incomparable
Agua para la sed insaciable de los vencidos en el campo donde crecen los palacios elementales
Donde el sol desciende convertido en una bestia fraterna
Para besar nuestras frentes
A lamer nuestro último latido


[JARDINES FLOTANTES]


Tarde, por la mañana eras un rumor ancestral. Qué idioma es el que te hace uno con el ruido interminable de langostas devorando la memoria. Un laberinto para el caminante que cae en el mundo desde lo más alto. Piérdete, bestia tierna en los evangelios del ayahuasca. Hermosa enredadera que da muerte al árbol que respira por encima de los organismos fundamentales. Otro es mi ser, otro su reino de héroes vencidos. Máscara dorada en la noche perdida. Termina pronto esta columna de humo, está conformación de niebla donde se edifica el día, descifra este teorema absurdo. Yo no era sino él. Yo no era sino él. Yo no era sino él. ¿Tú lo recuerdas, no es así? La voluntad del templo es reducirte a cenizas hasta el punto de olvidarte, escucha a quien te aguarda entre tormentas, escúchalo. Mastica tu lengua. Tú no eres sino él. Escribe la historia que deje a los hombres sin cielo, destrúyelo todo, necio comerciante de perfumes olvidados. Ella es tu abismo. ¿Comprendes? Sus palabras son el mercurio que te va matando. Entierra lo que nunca tendrá nombre. Tú glaciar palpitante. Delicadezas que se cuelan entre sacrificios. Este niño no tiene nombre. Ámalo porque a pesar de no ser nadie viste un cuerpo. Invisible. Mi ser es otro y mi reino se instala en los basurales del corazón.
Mi ser es otro. Bendecida mi voz por la vitalidad de la semilla. Mi ser es otro y no lo recuerdas. Escúchate, el agua no canta el giro de los anillos de Saturno. Ese mar muerto te recuerda a tu padre, ese mar muerto te recuerda a tu madre, a toda tu familia en extinción. Conjuras niebla con la boca rota por su nombre, bebes e inhalas probabilidades efímeras. Mientras me pierdo en mí.
Todo se ha ido separando bajo la matemática estricta del primer llanto. Pronuncia el nombre de la criatura más hermosa que borro la memoria de todos. Esta carta nos habla de la muerte de una constelación. ¿Entiendes el juego? El vientre de su primogénito es azul y es un planeta de agua. La niebla me permite advertir la oración definitiva. Esto soy yo ¿Adviertes el humo? Esto soy yo. Nací ciego y ya era tarde para respirar.
Tengo un nombre y niebla en el pecho. Hermano preciado, triste por no decir triste. Poseo y me avergüenza este artificio de luces. Pálido entre la mañana te desprendes articulado por las derivas. Tú eres el otro, el convencido. ¿Qué hablas cuando exaltado por las multitudes te marchitas en sus ojos?
El latido del ser a quien odias te puebla. Amas en secreto ese cuerpo, pero ningún fuego te mostrará su sombra. Piensa en el otro que rodea diariamente tras el humo. Te digo necio, también él te observa como un dios demente tras las sombra. ¿Eres el otro no es cierto?
Redimido atraviesas los jardines entre el estupor de los niños santos. Los cánticos empiezan.
Té de jazmines para la sed de lo absurdo.
El jardín florece en este desierto inigualable.


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