3.11.15

POEMAS DE ANA LAFFERRANDERIE

De Día primero (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015)



Vuelve  mi  voz,  ¿qué persigue?

¿develar  la  inabarcable  suma,
lo que trajina el cuerpo,  la raíz
de lo que digo,  el sabor
de otras uvas en las uvas
y  el ánimo de esa
pequeñísima  hoja  del  árbol  que  cambia?
¿Qué es esta urgencia por  nombrar?
¿qué  marcas  de  la memoria  empujan
detrás  de lo que creo saber de mí?
Esta  palabra  vuelve  a surgir  en algún sitio
¿en qué agua?
y ese temor a quedar en silencio, continuar distraída
¿será el impulso que cada vez  dispara
la insistencia de hablarme?



Hablo sin dirección  y  de a ratitos callo

mientras  el aire  impacta  la  ventana.
Escucho  algo  deslizarse  en  la terraza,
mis pensamientos
asoman breves,  la inquietud  los  cohíbe

de  pronto sé
es una de esas tardes
una  espiral  volviendo  a  sus  inicios
la forma recelosa de saberse  perder,
nada
se  hará  concreto  excepto  recordar
que el más  pequeño movimiento  es  tiempo.



Todo lo que ahora niegues va a temblar.

Es tan delgado el hilo que se enhebra
con la vista prendida en el instante.
Tu forma de estar en el mundo
alguna vez se irá, cualquiera sea.
Podés soltar el botón de la blusa,
buscar tu imagen en el reflejo del vidrio,
imaginar los meses que vendrán
con la avidez de querer llegar a todo:

van a seguir pasando nubes a punto de caer.
Nubes y pájaros,
y cada partícula en su único trayecto.



Todo convive  aquí,   todo  desplaza:

la  quietud   receptiva  de  una  silla,
la  grieta  del primer escalón.
La trampa  de  contar  los  minutos,
cada mañana  de  ir y venir.
Un  gesto  que  es el  mismo y  no parece
esa  ventana  que  se  empieza a entornar.

El poema de  Strand,
las  palabras  que  cambian  el rumbo  de  una  idea,
esta  confianza  que  no  sé  retener.
Cada  pregunta  que  no  develaría
el  motivo  de  estar,
eso que insiste,   flota  comprimido
la  esquina  donde  se  agolpa el mundo
se agolpa  hasta caer.

Y el deseo,  ese otro yo  que expande  sus  sentidos
hace  de  mí  esta  nuca  que gira,
una  energía  tibia  que  me  ablanda

y  la señal  de  alerta  que  frenaba
tu  cuerpo  sumergido,
el  modo  íntimo que se vuelve altavoz.
Ahora  esta  leyenda,
esa  memoria  de  parir  sin  cuerpo.
Un  foco blanco  sobre  todas  las  cosas,
el  duelo  de  aceptar  tu  forma,
cualquier  influjo de  próximas palabras,
la  mirada
que  vuelve  sobre  el tiempo,
el  tiempo  que  no  es.



Esto  en verdad  no  avanza

el  polen  y  el tallo
caen  en  un  lugar  centrífugo.
La  vida  ocurre  en  un  eje  suficiente
no va  hacia  adelante,  cambia  en su lugar
mientras  el  corazón  se  arrima  a  lo que ansía
encuentra  un  nuevo  paisaje  de  palabras
o  se  rinde  al letargo.




No permanece,  mueve  sus  condiciones

cambia a cada momento como la  luz
como  aquella  que viste  desde  el puente
por  donde  ibas con  la  soga suelta.
Esto no se detiene,  apenas se establece
mientras  la sombra de lo que es
y  lo que  pudo  ser  se aúnan,
cada elemento conjugado ablanda su posición.

Solo eso,  y  la voz
que insiste en atenuar
y  el ejercicio de llegar a tiempo

a  frenar  las pequeñas desolaciones.

6 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo3.11.15

    qué buena poesía!!!!!

    es hermana del poeta Emilia Laferranderie????

    Julián

    ResponderEliminar
  3. Me agarraste. No tengo idea.

    ResponderEliminar
  4. Anónimo3.11.15

    Excelentes poemas. Te felicito por haberle dado tanto nivel a tu blog.

    Luis.

    ResponderEliminar
  5. Anónimo4.11.15

    hasta cuándo va a ser joven si nació en el 69? Tú eres un poeta joven, Victor?

    ResponderEliminar
  6. Degustable poesía de esta uruguaya, sobrinita del recordado El Veco.

    Saludos.

    ResponderEliminar

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.