1.12.15

DIARIO DE FUGA, DE SILVIA DABUL (ARGENTINA)

Día 32

Playa fría después de la tormenta. Los personajes rotan, mudan. El observador se oculta para permanecer seguro, el observado se sacude restos de arena. Mímica sonora, lo que vibraba está ausente. El director ordena: mirada en un punto fijo, dirigir hacia allí los pasos. Es la única consigna de escena. Luz rotunda, casi ofensiva. En el teatro de la intemperie no hay telones, esa función la asume la marea.

Día 31

Ritmo de marcha. Pájaros organizados. El sujeto camina, con cada paso se incrusta en uno y otro cuerpo. Los enhebra como un collar de perlas. Con cada paso es malherido. A modo de ofrenda se incrusta hasta quedar exhausto. Expía de ese modo pecados ajenos. Los cuerpos flotan en el recinto enhebrados. Un perro husmea y se duerme. El contrasujeto se aleja con un pañuelo en la mano.

Día 30

Superficies bañadas de aire. Canon a dos voces. Lo que estaba comprimido se despliega y expande. El tema a desarrollar en la fuga es el oxígeno. Dos hombres juegan al dominó y marcan el tiempo con un reloj de arena. Exhiben grandes pulmones de papel con forma de alas. Todo fluye ágil, se diluye, se dispersa. Un ruido escandaloso, como de metales chocando interrumpe abruptamente la escena.

Día 29

Tonalidades semioscuras, grisáceas. Cuando las nubes se disipan suena una campana. El sujeto está inmóvil, el director indica sumisión al reino de lo estático. Por algún tipo de desperfecto la máquina de hacer lluvia no se detiene. La falla crea un artificio involuntario: bajo un sol implacable se oyen truenos y ruido de agua. Hay que probar lo prohibido pero en la confusión desaparecen las pruebas. Cadencia rota, final precipitado.

Día 28

Momento de descanso. Lo extenso de la próxima fuga es tema de discusión. Los personajes dormitan, se abandonan. A veces comen, a veces sueñan sueños absurdos que nada revelan. Nadie habla del trabajo que demanda la rotación del sujeto, ni del movimiento que se posterga. La tristeza flota al ras del piso. Todos se preguntan cuál es la verdadera representación.

Día 27

El propósito son las mutaciones. La contradicción del sujeto es sostener su identidad modificando velocidad y dirección. Los personajes cambian de sexo, peinado, color del pelo. Por un raro fenómeno es sólo bajo esta condición de cambio que manifiestan su naturaleza verdadera. El contrasujeto, habituado a todo tipo de adaptación, gana espacio y termina comiéndose la escena.

Día 26

La improvisación y sus angustias. Mientras más amorfa la estructura más agobiante la sensación de encierro. Del techo cuelgan lianas. La gracia de monos jugando contrasta con el clima de opresión que genera la ausencia de plan. El sujeto se repliega en busca de algún tipo de orden. No hay fuga posible en medio de la nada. Lo informe inhibe toda posibilidad de libertad.

Día 25

Momento de decisiones. El director enumera finales para lo que permanece inconcluso. Por problemas de protagonismo entre las distintas voces se suspende la escena en medio de portazos y gritos. El sujeto ríe a carcajadas en medio del caos. La fuga se posterga. En el recinto vacío un niño intenta recordar el tema y canta.

Día 24

Fuga inversa. El tema es la comprensión. El director indica un tiempo ágil. Sujeto y contrasujeto rotan de lugar, costumbres y dirección. Uno es otro, otro es uno. Ambos caminan invertidos en contrapunto hasta coincidir en el silencio central, en el que durante un segundo se miran y duelan. Las flores de utilería son azules. El resto de los personajes simula distracción.

Día 23

Códigos elementales y secundarios. El fondo del escenario se cubre con un gran lienzo lleno de dibujos de sombreros. Cientos, miles de sombreros. Los personajes se rapan completamente. Eliminan la raíz de sus ilusiones. El tiempo es lánguido, como de pavana o alguna danza vetusta. De a uno van dejándose caer sin resistencia en una plataforma inflable. Hay humo y el efecto es dulce. Formas que se entregan a lo blando como corpúsculos inanes.

Día 22

El sujeto lleva un cronómetro en la mano. El tema es la exactitud. El elenco se muestra nervioso en condiciones de mesura estricta y la fuga se torna insoportable. Moscas en el recinto. El director se irrita. Su objetivo es ajustar el mecanismo hasta un extremo inhumano. Ser instrumento del blanco absoluto, máquina de gorjear perfecta. Cree que un engranaje sin lesiones lo acerca a Dios.

Día 21

Movimiento tranquilo, registro de laúd. Las mujeres llevan vestidos claros y adornos con puntilla. El objetivo es frivolidad rococó. El sujeto circula sin confrontar densidades, como pato en agua empalagosa. El contrasujeto se siente completamente inútil. Su rol es oponerse, ser carne de tensión. Detiene la escena con gritos de protesta. Las mujeres marcan el compás con triángulos. Entran por un oído, salen por el otro. El sujeto continúa su recorrido sin mayor complicación.

Día 20

Noche cerrada. Todo es gravedad. Ritmo lentísimo surcado por silencios esponjosos. Los personajes caminan sin tocarse, con la mirada perdida. Son sonámbulos, o ciegos incipientes. El escenario está lleno de pozos y con cada entrada del sujeto alguien cae y desaparece englutido. Es una danza en desmedro. Púdica, parsimoniosa. El cielo se puebla de pájaros castos.

Día 19

Paisaje con bosque de alisos. El tema es la bondad. Las voces repiten un canon infinito. El director pide gestualidad indiferente, carácter trivial. Las agujas del reloj giran en sentido inverso. En el centro, el sujeto se inflige una herida pequeña. El sujeto es un mártir, o un santo. Hay paz en medio de las paradojas. Pero la forma de la sombra no coincide con los árboles.

Día 18

El conocimiento. Tiempo de vals. Sujeto y contrasujeto bailan unidos como si no existiera en el mundo otra cosa que su danza. Llevan flores en el pelo y largas colas de gasa que vuelan y se deslizan por el suelo. Son derviches. El observador descubre un error en el guión: sujeto y contrasujeto jamás deberían encontrarse, su naturaleza es ser motivos paralelos. Todo es frenesí y vértigo. El observador se calla.

Día 17

La distracción. Luces de colores, música de calesita. Puertas apostólicas alrededor del escenario. Un dado gigante cuelga como un péndulo. El observado está completamente solo en medio de esa estridencia radiante. Cinco voces lo llaman. Es el coro de los espíritus. De repente los coreutas reclaman un descanso. La escena se resuelve torpemente con la salida del observado, que improvisa su fuga anulando toda posibilidad de final feliz.

Día 16

El tono es de impaciencia. Los personajes corren alrededor de un ring de boxeo. Se persiguen a sí mismos. Llevan imanes en la espalda: el director necesita magnetismo en el desorden. Una nube de polillas pende en suspenso sobre el desfile en círculos. Nadie respeta la pauta de silencio. Desaforados, corren. Se pegotean como grasa, como insectos apareándose. Huyen del dolor.

Día 15

Proporciones y desplazamientos. Sillas de tamaño y forma diferentes miran hacia distintas direcciones. Un sonido largo que crece en intensidad abre la escena. Es un tótem. El sujeto prueba las sillas con aire ausente. Entre una y otra da saltos que a nada  conducen. El contrasujeto opone a esa ligereza un cuerpo de gravedad. Hay equilibrio, la fuga se sopesa.

Día 14

Desacuerdos entre guionista y director provocados por cierta rivalidad estética. Luz plena, música de órgano: se celebra una boda. El sujeto da un sermón acerca de los deberes conyugales. En cuanto los novios se colocan las alianzas salta un disyuntor. La escena se malogra. Alguien trae un mazo de cartas y durante la espera el contrasujeto tira el tarot. Cuando vuelve la luz se repite la escena. El arcano es El loco.

Día 13

Leyes de causa y efecto. El tema es la transmutación. La línea del sujeto es sutil, apenas esbozada. Lleva en la mano una astilla de palo santo encendida. Anhela la consistencia del humo, ser materia evaporable. El espacio sugiere aire libre, podría ser un valle en las primeras horas de la mañana. Es todo misterio sin intensidad. No hay énfasis en el mundo de los elementales.

Día 12

Apatía y desconfianza. Los personajes no comprenden el todo. Largos intervalos de inactividad por problemas técnicos. Repeticiones. La puesta de luces se posterga por enfermedad del iluminador. El contrasujeto conversa con el director acerca de posibles modificaciones. Una mujer del área de limpieza levanta las sobras del almuerzo. Piensa en su huerta, sería hora de trasplantar el clavo de olor.

Día 11

Día de descanso. Tiempo húmedo, lluvias intermitentes. Aunque se vislumbra el fin, la administración de energía es muy disímil. El director trata de infundir confianza aún cuando está lleno de dudas. El sujeto se siente seguro, es hijo del rigor y padre de la jactancia. El contrasujeto disfraza su angustia con humor mientras las voces secundarias tienen su rol resuelto y disfrutan el día sin preocupaciones. El observador colabora. El observado está abstraído, pensando en otra cosa. Todos duermen, y comen.

Día 10

La oscuridad. Los personajes juegan al gallito ciego. Llevan sombrillas y vestidos de los años cincuenta. El clima es de alegría, fiesta o conmemoración. El sujeto tiene los ojos vendados. Tantea en medio de risas y gritos. El contrasujeto se aparta. Necesita replegarse para desarrollar el don de la clarividencia. El contraste es rotundo, intolerable la tensión. La fuga se desmorona sin estrépito, como por obra de un sismo orgánico y sigiloso. Cuando cae la noche alguien guarda la venda.

Día 9

Juego de sombras. El observador lleva en la mano una linterna. Saca de una valija toda clase de objetos pequeños: fósforos, lápices, resortes, muñequitos. Con ellos proyecta en la pared formas gigantes. Crea desde la luz su propia ciudad oscura. Se resguarda en lo privado porque aborrece los excesos. Su universo es el recato. La fuga es íntima.

Día 8

La apuesta. Visita inesperada del productor. Triple fuga en tiempo de marcha, el tema es la pérdida. El sujeto se va y regresa transformado en otro. Mientras más se abandona más gana en precisión. Se repiten entradas y salidas. El ensayo es la verdadera puesta en escena. Ante la incertidumbre futura, la pregunta es cuán auténtica será la próxima función.

Día 7

El rescate de la perla de gran precio del océano de la sustancia. Emanaciones y vahos. Todos se colocan en círculo, es tiempo de iniciación. Un chamán habla del vehículo del sueño y las formaciones del olvido, de la imaginación como teatro de fragmentos de materia vaga. Nada dice de lo que sucederá cuando todo se disuelva, ni del desconcierto que provocan los avatares del guión. No hay preguntas, cuando el chamán se calla reina un silencio redondo.

Día 6

Giros de último momento. El tema de la fuga es acuciante. Sujeto y contrasujeto  establecen un pacto y si bien aparentan distancia se relacionan de modo secreto. El director trabaja cuidadosamente sus halos para tornarlos volátiles. Por una cuestión de equilibrio se instala una piedra como símbolo de solidez, pero finalmente se quita y se confía la escena a los vaivenes del aire. Se decide correr el riesgo de lo etéreo. La perfección no debe ser palpable.

Día 5

El pasado como ademán, disquisiciones acerca del estilo. Los personajes se muestran lúcidos. El observador nota que la resistencia funciona como polo positivo y negativo: la misma palabra denomina obstinación en permanecer y capacidad de soportar. La luz se trabaja como una joya delicada. Hasta lo mecánico se vuelve amable. La soledad no se elude. El recinto está lleno de polen que llevan y traen distintos tipos de pájaros.

Día 4

¿Qué es lo que se oye? Una lluvia copiosa cae sobre el sujeto que momentáneamente cede protagonismo a las voces internas. Tejen su línea oponiéndose como arañas. Esa trama lo enmudece. En ausencia de contrasujeto queda solo a merced de la extraña urdimbre. Toma la tela para envolverse. Se va. Cuando desaparece las voces y las luces se apagan.

Día 3

La claridad. Larga sesión de fotos. Las tomas se realizan en un jardín lleno de flores cerca de la media tarde. La luz del sol es perfecta, el elenco está exultante. Clima de felicidad sin sombras, sin acontecimiento o razón que la provoquen. Es el agua de la fuente, la intervención de algún pájaro, la risa por un gesto absurdo o torpe. Es la ausencia de objeciones y de alarmas. El estado del ánima sin fuga.

Día 2

Compensaciones. El director señala gestos que se exceden. Ínfimas alteraciones que como las sombras crecen y se dimensionan según el ángulo del reflector. El estatismo es aparente, el drama milimétrico. El sujeto baila una danza medular. Busca entre sus vértebras un código que lo articule. No sabe aún que su columna es herramienta y perdición.

Día 1

El circuito se reinicia. Sin finales ni conclusiones. No hay cierre para lo que fluye aún cuando se desmembra. No hay más que cambio de vestuario y roles. En ese hacer y deshacer  una escena interminable la iluminación es rotunda. Los personajes miran hacia distintos puntos, inmóviles.

Día 0

El advenimiento. Las cosas se mueven, todos se mueven con las cosas. Cada espacio vacío conserva restos, emociones fósiles de su vida anterior. Después de la función alguien limpia el escenario. El público se dispersa. En el teatro de la intemperie no hay telones, esa función la asume la marea.



Silvia Dabul

Mayo 2012

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.