4.12.15

DOS POEMAS DE ZOILA CAPRISTÁN

VERSOS DE UN SOLDADO



Navego por los aires en un avión que transita tierras extrañas
marcho a luchar por mi patria y mi bandera
mis manos nunca se profanaron con sangre.

- Tras de sí, adormecen los miedos de su madre.

No dudé en incinerar la mezquita
el fuego desclavó la carne de mis enemigos
solo anduvo la nieve de sus caninos
sus alas rodean cuando juego la ruleta con sus esqueletos
eco de sigiloso quebranto ahogado con mi fusil.

- El silencio de su rezo acalla su conciencia.

Esta mañana en el espejo advertí un perfil velado
esa mirada inquisidora devastó el vuelo de mariposas que habitaban en mis ojos
el rictus de esos adustos labios desvaneció el reflejo de mi sonrisa
-Un niño, sonriendo, me entregó sus pupilas -
en mis manos aflora la tibieza de su sangre;
para disipar el aroma las lavo con agua bendita.

- La fetidez viene de su interior.

¡Que la luz de la luna no me descubra en el desierto!
ella logra destrabar sepulcros que se resumen en mi memoria
¡Que no germine la noche!
las pesadillas que se apoderan de mi sueño quebrantan como verdugos mi alma
empantanando en charcos las visiones

- ¡Todo se desploma en el abismo de las fosas!

Tupida niebla concurre en mí,
el llanto de los condenados que van desfilando al matadero
se instalan en confusión de imágenes que se acopian en mi recuerdo
mi alma es una catacumba donde van a penar los muertos.

- Las órdenes marcan de llagas leprosas los caminos.

Ayer maté a más de un niño 
-¡Mátalos, son enemigos!- me ordenaron
devastamos la escuela, vecina de mi memoria
donde correteaban los infantes que con su alegría me hacían olvidar
las balas del fusil con que maté a sus padres.

- Entonces cuando escuchaba sus risas, el tiempo se curvaba y se hacía infante, aquel que nunca soñó crecer y convertirse en verdugo, ¡Ay cuánta pureza en su quimera de niño!

El Pentágono ensombrece de insania
corrompido aliento flota en Palacio
el amanecer tirita triste y decae la rosa en su capullo
los poetas un verso marcial no me han enviado,
emerge del panteón una marcha fúnebre que cobija mi cuerpo vacío.

-Amanecer con el fusil en la sien y los buitres en espera.




 





Mi casa en fotografía

Mi casa estaba hecha de carrizos
Que crecieron cerca de un río
Mi padre tapio con barro todas las hendijas
No dejo ni una ventana
Mi casa solo tenía un portón
Que no permitía entrar  a nadie.

El sol entraba por los huecos oxidados de las calaminas
Me inmovilizaba frente a esa luz que parecía una estrella
El astro que florecía desde ese pequeño agujero
Calentaba la palma de mis manos
Descubría figuritas y arcos iris
Destellando dentro de ellas.

Mi casa tenía un árbol de espino
Que prodigaba espinas
Para vaciar la pus de mis heridas,
Nunca dio frutos
Pero era madre adoptiva
De los pájaros que allí hacían sus nidos
De los gallinazos que me visitaban por las tardes
Sin que nadie se percatara.

Recién transite por la casa de mi madre
Ella quiso limpiar mis huellas
Derribo las paredes de quincha donde inhume tormentos
Mi casa no existe
Mi casa solo está en mi memoria

En la fotografía

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