3.12.15

Poemas de “Bandera de herejes”, de Johnny Barbieri


 sucesos de Mons
tu cabellera muerta    tu cama incendiada   
tus ojos que me miraban para arrancarme el corazón   
para morderme con tus dientes de bestia 
Mi cuerpo a un lado de tu locura dando gritos   
pequeños gritos inaudibles que nadie quería oír   
sólo yo y el incendio total envolviéndome
Acaso me espera una bala al final del día   acaso me espera
el vacío tan oscuro como tus ojos   el piano en un rincón
enamorado de ti    mi cuerpo enamorado de ti    
mi voz rompiéndose por dentro    caballo mío   
empuñadura de pájaros rotos    
sangre derramada con ternura por esta pared
que languidece
tus manos nimias sobre mi cuello
tu voz que urge mi muerte para llegar a la perfección
El cenicero en un rincón en larga letanía
el vermut derramado sobre la alfombra    
los sorbos de esta locura
andando a nuestro alrededor    moviéndose lentamente
el mundo que precede a la rotación
este globo del ojo que da vueltas sin parar y que tú
quieres arrancar bestia infructuosa    
sólo tus dientes trascenderán
sólo tu rabia
sólo tu bala en mi corazón.








cometa de hierro
las horas pluviales sobre la grava
la mano que acaricia la herejía que nos muerde
aquella tez ordinaria que está distante se aleja mientras
sus ojos nos ven desde la otra margen de la acera
su mirada es una ruleta
sus senos lácteos arden en mis manos balbuceantes que
regresan a su infancia
su árbol podrido su caballo hueco su sol borrado a medias
sus dos vacíos llenándose de recuerdos
sentado sobre un tronco está un hombre viejo
-niño ayer-  de rostro cetrino mirando desde lejos con
sus ojos vacíos lejanos ojos transidos ojos del adiós
Péret tiene el cráneo vacío    el ojo que gira
la mano envenenando pájaros
marsupiales que huyen para no morir   cometas de hierro
las horas pluviales que no terminan   
la tierra mojada siempre     el pasto crecido desde lejos
ese horror Péret ese vacío en la vastedad ese sonido de
las vértebras que se quiebran a cada movimiento
esa muchacha sudamericana que te rompe los cristales
ese andar desatando pasos que morirán mañana.




                 mundo Nerval
una hoja Nerval caído de un árbol que retorna a ser semilla
un camino que bordea al gran mañana
existe un color Nerval tras la ventana
que se esconde de las miradas
existe un ojo Nerval bizco llorando ruidosamente
existe una mano Nerval asida a un grito de horror que
trepa al muerto hasta alcanzar la cima del adiós
Deifico una farola que alumbra tu cuerpo
cuando tu cuerpo está inhallable en el vacío
cuando tu cuerpo está colgado de un ave que despliega
sus alas incendiadas
cuando tu cuerpo está en el pasado caminando sin rumbo
buscando el hoy
Un canto Nerval enloquecido
un hálito Nerval que sale del interior de la muerte
para volver a morir
cúmulos de Nerval en la habitación dando vueltas con
su esquizofrenia en la mano
secreciones Nerval desparramadas por el suelo
salivas enardecidas lágrimas erróneas
un río de orín por en medio de la sala haciendo
un charco agonizante
La axila sobre la cama en un cosquilleo eterno 
ríes gritas lloras
un caballo Nerval que se va borrando lentamente en
su galopada final
un suicidio Nerval creciendo hasta alcanzar
la perfecta destrucción.



                 mapa perverso
un pequeño cadáver llamado René Daumal
reposa bajo una piedra hindú que reencarna siempre
atado sobre la tierra envejecida
mira las sombras que se aglomeran
candiles que alumbran los espacios
donde vagan los espectros
un largo cuerpo escondido llamado Aimé Cesaire feérico
como el humo del crematorio donde el muerto se eterniza
bajo la noche delineada con los dedos
noche empotrada en los rincones que nunca nos contendrán
noche de pulsos detenidos de ojos abultados
de cerraduras impenetrables de rincones
de leños que humean en las esperas
un extraño ausente llamado Emile Nelligan
hecho de retazos de telas profanados a los muertos
vestigios de desolladores
cuerda tensada
cuerpo que muere repetidas veces
enredadera de sombras que nos abrazan
un lánguido vahído llamado Phillippe Soupault
sonido incesante previo a la podredumbre de la carne
grito que se apaga cuando ya no hay más féretros
cuando la luz ilumina bajísimo
y los intersticios se hacen impenetrables
mellado de penumbra mapa de blasfemias
un escupitajo errático llamado Reiner María Rilke
cancerbero de bocacalles que no dan a ningún sitio
colmillo bajo los umbrales dispuesto a comerte la carne
aparejo atravesado por un puñal indómito
grito Södergran que se escucha al cruzar el camino

cuando todas las voces se han acallado cuando el agua
corre para atrás mientras la noche se hace día
cuando el humo de las chimeneas se acrecientan haciendo
figuras que no comprenderás jamás.
Cavafis decapitado muro deforme flores que gritan
por las noches cuando la lluvia cae y prorrumpe
como un fantasma los espacios vacíos
y la muerte se extiende
y cierra su mano con nuestros corazones dentro.
mapa perverso.

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