21.2.15

EN HONOR DE RITA CARRILLO


Estoy casi paralizado por la noticia. Hay amigas “amigos”; amigas, “cómplices”; amigas de barrio, amigas de estudio… amigas “madre”. De estas últimas fue para mí Rita. Consejos, recomendaciones, risas condescendientes, protecciones. Era fines de los años 90 cuando los conocí, junto a Gustavo, y nos pasábamos la noche discutiendo los límites de la ideología de entonces, los límites de la nocturnidad de entonces, los límites del exceso de entonces.

Ahora me avisan que se fue. Yo creo que en cualquier vuelta de esquina me la encontraré con su sonrisa abierta y franca, con sus ideas inquebrantables, con su cariño purísimo por los amigos y hermanos que sentía y pensaba de su lado. Siempre viva, viva para siempre.

 

 

ESTA VIDA POR LA POSIBLE UTOPÍA

 

“Hay ganas de volver,

de amar, de no ausentarse,

y  hay ganas de morir,

combatido por dos aguas

encontradas que jamás han

de itsmarse”

C. Vallejo

 

Gustavo Montoya.

  

En el actual tiempo de plagas que persiste en la republiqueta que habitamos, menos mal que abundan y emergen vidas ejemplares que condensan la posible utopía que se labra día a día. Ese heroísmo laico y radical que se funde en lo cotidiano y sin aspavientos; pues como sentenció el poeta, cada día trae su propio afán.  Una  vida   que  guardó una prudente distancia de los reflectores, los titulares y  las lentejuelas del espectáculo político. Una vida de ese calibre calza con la trayectoria de Rita Carrillo Montenegro. Para quienes la conocimos y los que la conocerán, la suya fue una performance radical que bordeaba con asombrosa seguridad esos abismos ideológicos que nos confronta.  Que nos recuerda la maldita hipocresía social que sigue haciendo de las suyas. Y no es que ésta sea autónoma. Tampoco aspiraba habitar con artificios. ¿Cómo nombrar una experiencia vital que lograba congregar en torno suyo a las más disimiles perspectivas de vida en un país y  una época profundamente escindida?

Cuando una biografía lograr resumir con dramatismo y fiesta a una época, entonces lo que sobreviene es impredecible.  Vivir en  estado permanente de peligro y colisión, justamente por las consecuencias que supone llevar  y practicar hasta los límites, determinadas convicciones – en verdad con unas pocas serían suficientes-  que la justicia radical exige. Empero la libertad y la felicidad siempre  acompañaron a esta menuda mujer que se atrevió a vivir  como quiso en el villorio que a veces parece ser esta ciudad chismosa, racista e intolerante.

Existe desasosiego ahí donde anida la incertidumbre sobre lo acontecido y   lo que ha de sobrevenir. Peor aun cuando esa tara existencial se ve acechada por la parca y cuando la memoria recicla la ausencia del bien que nunca se tuvo. No fue ese el caso del buen vivir en Rita, que amó el junco y el capulí, que amó en un hombre a todos los hombres, que supo entroparse con  todas las sangres y convertir el llanto en risa; pues esa  mujer existe en todos y cada uno de quienes conociéndola, asistimos una veces asombrados, y a veces pujando ante su militancia desafiante y temeraria. Por ejemplo su cerrada defensa de  la humanidad en esas mujeres enclaustradas y condenadas a la lepra social por la alcahuetería ideológica y aún la academia; con la que  mantuvo una relación conflictiva y tensa.

Vivir cinco décadas en estas tierras de cara al mundo y enrostrándole al poder, a todas las formas de poder,  que no se le teme y que por el contrario se está dispuesto a pecharlo entre risas y flores armadas; pues así se  va hilando – no como Penélope- con método esa fibra espiritual urgente que habrá de convertirse en el tocado ideal para lanzarse una vez más a la aventura de tocar el cielo con las manos. Musas inspiradoras. Si una sola vida da lugar a estas remembranzas entonces como perder la esperanza y no apostar por los buenos y frescos vientos que se avecinan. En realidad estos balbuceos intentan recoger una sensibilidad   ya instalada en la mente y el corazón de los indignados de todas las razas y clases sociales. ¿No era acaso en estos términos en que se expresaba Rita?

Con toda seguridad, estas notas habrían desatado sus iras por el inevitable tufillo de reivindicación y exaltación que posee. La conocí adolescente, nos distanciamos en el camino y nos reencontramos en silencio no hace mucho; hallé intactas y nutridas por la vida, esa feroz coherencia entre el pensar y el actuar; el domesticamiento no formaba parte de  su vocabulario, lo suyo era  comunicar lo complejo con sencillez y alegría en el corazón. Solía ufanarse de su linaje en las sobrias memorias de Adolfo Carrillo  y Manuela Montenegro, capaz de estallar en llanto ante la invocación de un mendigo. Como aquel que terminó como su cómplice a la misma hora y en el café de siempre. O como aquella pobre niña andina de enormes ojos avellanados, bañada en llanto,  que perdió sus caramelos y hubo de resarcir su inversión y los beneficios. Estas son imágenes comunes entre quienes la conocimos. Abundarán las evocaciones al compás de la nueva vida  y el cambio histórico que se avecina y del que hemos de ser testigos.

Me permitiré una infidencia más sobre el recogimiento y la intensidad con que experimentaba lo sagrado. Nació y se hizo madre en un hogar donde la solidaridad convivía con la justicia y ambas se nutrían de ese cristianismo primitivo y los ideales de la Teología de la liberación. Ahora ella podría suscribir la sentencia paulina de que “el conocimiento envanece mas el amor vivifica”. No obstante, sus intuiciones espirituales fueron moldeando el libre albedrio con que se conducía ante las más disimiles manifestaciones de lo sagrado.  Contemplativa con esas toscas erupciones del vulgar ateísmo convenido, fue edificando su castillo  interior para gozar a plenitud del misterio de la reconciliación. Un politeísmo reverente hecho con los retazos de un país cargado de epifanías.  Admitir sin eufemismos que para ingresar a los misterios de la fe, solo se requiere comprobar la finitud humana, la precariedad de la vida y la certeza que la muerte puede ser conjurada por una memoria sacralizada. Por ello, su existencia se prolonga en esta frase breve de su hijo: “la certeza de saberla en paz y eterna, y el amor que nunca me (nos) separara de ella, me han permitido sonreir a pesar de su ausencia y pensar alegre la vida que me sigue sin ella al tacto pero siempre en sentimiento”.

 

 

8.2.15

Una reseña de Pablo Salazar Calderón en Letras S5

Encuentro en Letras S5, la magnífica página de literatura latinoaméricana, una reseña sobre el libro de Eduardo Borjas que acabo de terminar de leer. Un libro difícil en varios sentidos, de los cuales eligiré dos: su nivel expresivo, exigente, aún no totalmente cuajado; su ambición y riesgo que superan de lejos a cualquier intento de sus congéneres. Creo que este poemario anuncia y promete casi con certeza nuevas brisas en una ya caldeada y cansina generación del 2000. La reseña.



Aproximaciones a TRENDELEMBURG
(Texto leído en la presentación del poemario Trendelemburg, de Eduardo Borjas Benites)

Por Pablo Salazar Calderón


Trendelemburg hace referencia, en primer término, a la posición médica del mismo nombre, en la cual, un cuerpo se recuesta boca arriba sobre una camilla inclinada, con las extremidades inferiores a mayor altura que las superiores, buscando que la sangre irrigue mejor la cabeza del paciente. Relacionada al campo de la medicina, me arriesgo a decir que esta posición asumida desde un punto de vista simbólico, visibiliza a un cuerpo en estado de infección/ contemplación terminal, que delira y visiona en una ciudad antes que esta desaparezca. La inclinación de la camilla en la posición trendelemburg, genera esa imagen, ese estado latente de caída inminente por parte de ese cuerpo.

Pues algo se pudre en Lima, por una calle, un pasaje, una avenida, en tránsito hacia el fin ¿cómo por “un largo camino hacia la desesperación”? me pregunto, parafraseando el libro de Carlos Oliva, poeta perteneciente al grupo Neón de la Generación de los Noventa, diría que no exactamente. Eduardo Borjas atraviesa la ciudad solo, con el grandísimo poder de su Yo, surfeando su “Mardelirio”. Avanza por esa ciudad desierta en escombros y como en el mito de Orfeo, encuentra en la muchacha que habita sus poemas a su propia Eurídice, a la cual necesita traer de vuelta aunque sea por breves momentos; su presencia es clave, para iluminar aquellos lugares de remembranza, de un espacio más amable que el que recorre el sujeto poético, como si lo abandonara.






6.2.15

RECONOCIMIENTOS A MI POEMARIO TVPR

Debo agradecer a la señora o señorita Diana Polack, digna sucesora del siempre recordado Adolfo Polack en la ya legendaria sección de CARETAS, El Misterio de la Poesía, por haber utilizado un poema mío para elaborar el crucigrama del reciente número de la revista. 

Muchas gracias también a los amigos del mejor semanario del Perú.






Eso no es todo. Mi humilde poemario, ninguneado por los recuentos del año locales, ha sido tomado en cuenta en la magnífica revista mexicana de literatura LUVINA, donde han publicado una reseña de Fernando Carrasco:


"La obra poética de Víctor Coral (Lima, 1968) está conformada por los poemarios Luz de limbo (2001, 2005),Cielo estrellado (2004), Parabellum (2008) y Poseía (2011). Recientemente, Coral ha publicado un quinto poemario: tvpr (Tres veces postergado retorno). Si en cada uno de sus trabajos poéticos anteriores se percibía el interés por desarrollar temas y estructuras diferentes, en este último libro el autor dialoga, sobre todo en el aspecto temático, con sus poemarios ya publicados.
     
La presentación rústica del texto anticipa el carácter lúdico e irreverente que se aprecia en muchos poemas. Este rasgo cobra fuerza con la manera como se han dispuesto los versos en la página en blanco, la ausencia de títulos y la supresión parcial de los signos de puntuación. Además, en cuanto al uso del lenguaje, notamos en este poemario un contacto con la poesía conversacional latinoamericana. Y en esta misma línea se advierte en tvpr una vinculación con la poética planteada por el Movimiento Hora Zero (cabe mencionar que el libro está dedicado al poeta Juan Ramírez Ruiz). 

Sin embargo, este poemario de Víctor Coral va más allá. El yo poético se muestra de pronto ante una serie de imágenes que lo vuelcan hacia el pasado, hacia los años de la infancia, ese paraíso perdido donde habitan personajes, escenarios y situaciones que tuvieron un rol decisivo en nuestra época de formación: «porque los astros los llevo cabeza dentro desde siempre / porque aluciné siempre cosas apagadas y tristes / pero una alegría pequeñita ha vuelto / y esa pavesa no la dejaré morir / hasta morir» (p. 16). (Sigue leyendo)




GOYTISOLO SOBRE GIL DE BIEDMA EN PERIÓDICO DE POESÍA (UNAM)

Notas sobre la poesía de Jaime Gil de Biedma


Juan Goytisolo

Tras dieciséis años de un mutismo poético interrumpido tan sólo por la inclusión de una docena de composiciones breves en la nueva impresión de Poemas póstumos integrada en la segunda y por ahora "definitiva" edición de sus poesías completas Las personas del verbo (Seix Barral, 1981), la figura y quehacer literario de Jaime Gil de Biedma ocupan un puesto privilegiado, en verdad casi único en el panorama español de estos tiempos. Su ascendiente confesado o indirecto en numerosos autores de las promociones inmediatamente posteriores (comparable en cierto modo al de Vicente Aleixandre en las primeras décadas de la posguerra), su inteligente operación de rescate pro domo sua de autores afines a su tesitura poética (constelación de estrellas menores con las que configuraría a la vez su tradición y linaje), su acción discreta, entre bastidores, en la vida cultural hispana (en ameno contraste con el afán de protagonismo y logorrea de algunos de sus coetáneos), unidos a otros factores e imponderables de muy distinto signo, han contribuido a potenciar su lentitud y parcidad creadoras elevándolas a veces al empíreo fabuloso del mito.
Una lectura de su escasa pero incitativa y densa obra poética puede prescindir difícilmente de este entorno y del consenso casi general que aquélla suscita. Nos guste o no, la mirada de los demás forma parte del conocimiento global de uno mismo —y la personalidad literaria de Gil de Biedma no es una excepción a la regla. Con todo, al acercarme a sus versos, procuraré ceñirme al corpus escrito de Las personas del verbo, limitándome a contraponerlo con algunas reflexiones del autor espigadas en su volumen de ensayos, El pie de la letra (Ed. Crítica, 1980). Dicho cotejo, sumamente iluminativo y revelador, abre en mi opinión nuevas y fecundas perspectivas al análisis y comprensión de la obra: teoría y práctica, poesía y crítica se hallan estrechamente vinculadas en un escritor juicioso y culto como Gil de Biedma y una lectura simultánea de ambas nos ayuda a cerner mejor la estrategia de sus desplazamientos sucesivos, el diestro manejo de sus aptitudes y talentos, su lidia difícil con unas limitaciones personales y estéticas responsables quizá de su prematura, y confiemos provisional, mudez poética.

El procedimiento de examinar a Gil con palabras de Biedma resulta menos arbitrario de lo que pudiera creerse si se tienen en cuenta las observaciones del propio autor tocante a sus finos y penetrantes ensayos acerca de Guillén, Eliot, Cernuda, Baudelaire o Espronceda: "A medias disfrazado de crítico y a medias de lector, estaba en realidad utilizando la poesía de otro para discurrir sobre la poesía que estaba yo haciendo, sobre lo que quería y no quería hacer... Incluso en el mejor de los casos, los poetas metidos a críticos de poesía nunca resultamos del todo convincentes, aunque a veces sí muy estimulantes, precisamente porque estamos hablando en secreto de nosotros mismos".


Periódico de poesía, núm. 11,
1989, 
UNAM/UAM, p. 48-50
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