31.12.15

MAURIZIO MEDO: DOS POEMAS DE SU POEMARIO "DIME NOVEL"

2.

Ted Mulligan(5), el chico aquel, parecía una morsa
que pugnaba por alargar el cuello Pero como este era
una breve extensión del lomo, se conformaba con mirar
la nuca de Suzanne en un primer plano, antes de despertar
del todo y alejarse tras el rastro de una luz invisible
Y ya lejos, Mulligan empezaba a soñar que él era el héroe
capaz de navegar contra la historia La nuca de Suzanne
aparecía como una confusa marisma de corales y,
poco después, en el símbolo de lo que el héroe
tuvo que haber dejado

La poesía era esa altamar

Ted veía abrirse el agua en miles de pequeñas
cisuras por donde brotaban manchas de flores
con tallos en forma de arlequines que podían
nadar como los peces, según el rumbo que les
destinara él, sin preocuparse más dónde dejó
las llaves de la casa (su esposa, el animal más
sumiso del Arca) lo esperaría

Era un deber


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5 Poeta nacido en Manhattan en 1968. Se graduó magna cum laude y Phi Beta Kappa de Cornell University y completó su trabajo de posgrado en Columbia, ganando un MA en el 2011 y un doctorado (con su disertación sobre Gerard Manley Hopkins) en el 2012. El autor de The classic charm, libro de culto para la sociedad académica estadounidense, y jefe del Programa Capstone del CIPA en Cornell, desposó a Suzanne Foster en el 2013. Actualmente Mulligan reside en Massachusets.


ESCENA 7: IN THIS DARKNESS (6)

In these times of darkness that besiege us
we see the corners of the concentric circles
So remote is the origin of poetics that some
go by bus toward Olympus The singing of the muses
is of few listeners and the river of Heraclitus
is always the same.
What of Avicenna, Plato, or Saint Anselm
What of the luminous poesis if Rumi
is confused with Osama,
For one dollar they decipher the Yi Xing,
And they say that they saw Propertius,
between the shadows,
eating a hamburger in McDonald's.
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6 Ted Mulligan





30.12.15

PROEMIO DE EDUARDO MILÁN AL NUEVO LIBRO DE MAURIZIO MEDO

CÓMO LO QUE NO SE PUEDE DECIR TOCA LO QUE SE PUEDE DECIR Y ANIQUILA LO QUE SE DEBE.

La característica residual se ha asentado como marca de la poesía de Maurizio Medo. No porque trabaja con lo que queda y con lo relegado. Porque nadie trabaja de esa manera esa sobra que, cuando actúa con la determinación poética de Medo, alcanza una altura de difícil emulación y el resto se transforma en sombra abajo, rastro de un vuelo.

Sobra 

Es inútil negar el carácter sobrante de la poesía en este estado civilizatorio y en la actual modulación del capitalismo post-industrial, financiero y saqueador. Sobrante refiere no a una ontología perdida que aparece de vez en cuando con dimensión espectral a recordar una falta. Hay algo de esa sombra cuando se lee con una cierta perspectiva histórica -retrospectiva o prospectivamente- poesía latinoamericana. Si algo hizo mi generación fue recordar el sitio otorgado a la poesía por ciertos movimientos capitales de lo poético en los siglos XIX y XX, el romanticismo -con su metamorfosis simbolista en Francia que ahonda de manera radical los postulados románticos- y las vanguardias estético-históricas, cuya inter-relación es un hecho conocido. Es un recuerdo que en realidad carea: poner frente al presente de un hecho las condiciones que hicieron que ese hecho se posicionara de una manera y no de otra. Desde el punto de vista del discurso poético hegeliano, de donde deviene la relación íntima romanticismo-vanguardia-quiebra del vínculodispersión de las formas-rescrituras, el resultado de ese devenir obliga a un constante replanteo de la posición poética. Fuera de ese discurso, no hay necesidad de tal cosa. Por una simple razón: el discurso hegeliano en su condición estéticoartística es esa manera crítico-negativa de abordar el tema del arte y de la poesía. Fuera del discurso hegeliano, de marcado tinte histórico, aquí no pasó nada. Y como no pasó nada, nada hay que reclamar. Todo está validado de antemano si se puede abolir la dimensión abismal que alcanza el arte en el siglo XIX a partir del movimiento romántico y su declinar a fines del siglo XX. El concepto de sobra en el sentido en que lo uso, como un resto y como un estar por encima de la razón catastrófica del presente artístico-poético, se puede tomar en cuenta desde la historicidad y no desde una homologación temporal de tinte eternista. Todos los tiempos están aquí, todas las formas están en el presente. Cierto. Depende cómo se usen.

Presente del pasado: el resto

Lo que no se averigua nunca en la poesía de hoy es qué relación tiene el trabajo del resto con el pasado, o, por qué la necesidad de una re-escritura -que es un r-esto, es decir, un presente desplazado del hecho presente- que puede, o no, ser re-escritura de unas obras o puede ser re-escritura de unas escrituras generales o puede ser reescrituras de precisos modos de ver canónicos de la escritura misma: escrituras de esplendores, Dante, Shakespeare. Lo que esplende rara vez lo hace con intensidad en su presente. Lo que alcanza esplendor resplandece por el tiempo -aunque el tiempo, como máxima de la fugacidad, se caracterice como marca de una noduración y el resplandor sea un instante. La preservación del instante y su proyección en el tiempo serían características del esplendor. Características que pueden ser actualizadas en el presente. Mi duda es: ¿en todo presente? ¿O en este presente que busca frenéticamente el esplendor perdido ante el simulacro norteamericano de esplendor continuo y la fábrica china de esplendor?

La poesía de Maurizio Medo constituye esto: una de las formas de esplendor del resto. Lo que la configura es la conciencia de una ausencia -lo que impone una negatividad: la búsqueda de límites, zonas no tocadas por la norma, no necesariamente por tradición a-normales como la locura, el lenguaje de ―segunda mano‖, cocoliche de boliche en manos de migrante- y la asunción de lo que queda, el resto mismo, como forma afirmativa, lo que enlaza con una historicidad poética de comienzos, donde la palabra actúa con una dirección de ontología dirigida: un esto es, sin duda ni cuestionamiento posible. Se crea un espacio donde todo afirma, desde el borde mismo del espacio hasta la pregunta por el lenguaje, lo que termina enroscando, caracol siempre continuo, una paradoja orgánica: la forma se hace por contraformalización. Lo crudo no es la ausencia de fuego: es lo que atrapa a la mirada cuando ya no puede destilar el límite de las cosas, cosas cocinadas, ese sabor que la traición del presente hizo con lo nuevo que ahora es repetición del nuevo anterior: un mundo -al que no escapa la poesía- que va de un nuevo a un nuevo que va a un nuevo, todos en pie de igualdad, numerados, sellados en su concha (Shell). Maurizio Medo des-vela ese mecanismo no desde la distancia sino desde la intimidad. El resultado es procesual, discontinuo, contradictorio, adverso a lo que era versura. ¿Una adherencia? Una característica, en todo caso, del sobrante. También se puede decir de la acción poética de Medo: re-construcción de una estela.

Eduardo Milán

26.12.15

BELLATIN Y EL ARTE DE PELAR UNA FRUTA PUTREFACTA

Por Víctor Coral.


Entrambas aguas del libro objeto y del libro artesanal, bajo el codiciado sello de Alfaguara, Mario Bellatin nos trae esta vez una engañosa historia de amor putrescente --perdonen el galicismo-- entre un enfermo de muerte y el sacerdote encargado de la extremaunción. Amor que de hecho se manifiesta en las postrimerías de la vida del enfermo, no sabemos incluso sin con plena conciencia de este:

"Parece que alcanzaron a besarse con pasión",

nos revela el narrador, poco comprometido con la estupefaciente pasión y abocado diría a esbozar algunas ideas que justifiquen comportamientos, y a develar otras que complementen lo que normalmente deberìa ser el poco creíble desarrollo de las acciones.

Estas, las acciones, están sagaz y pulcramente puestas en rol al final del libro, entre dibujos alusivos al amor mortis (expresión mía):

-Extremaunción

-Encuentro

-Premortajas

-Nace el amor

-Osadía corporal

-Roce de carnes

-Aparición de la muerte

-Caída

-Regreso al útero y nacimiento

-La presencia omnisciente de Benito Mussolini

-Peligro inminente que corren tanto el pezón como la materna leche





El énfasis dentro de una narratividad alucinatoria y lejanamente ceremonial, esta puesto en el momento en el que los cuerpos amadores se juntan y concretan una suerte de paliativo del acto carnal "natural". El elemento activo --solamente en el sentido de que tiene las fuerzas saludables para cumplir con su deseo-- se desenfrena de la misma manera en que alguien agobiado por la sed destajaría las partes putrefactas del una fruta para luego llevársela embarradoramente a los resecos labios.

El punto de quiebre de la narración, en mi entender, no aporta significativamente al entorno alucinatorio logrado, y más bien le baja la valla a la historia reduciéndola a una oscura historia familiar (pero lo familiar está ya presente en el título del libro)*.

Menos aún se entienden la omnipresencia de Mussolini que, como sabemos murió sumariamente fusilado y en el contexto de este relato acaso se convierte más bien en la opresividad presente a lo largo de la narración.

"Retrato de Mussolini con familia", dado lo expuesto, puede tanto ser lo que es concretamente; una extraña historia de amor premortal, o por otro la manera como el poder fáctico se inmiscuye en la vida y en los quehaceres más íntimos de los seres. Yo apostaría por lo primero, sin descuidar lo segundo.

*La tesis del eterno retorno de lo mismo parece afirmarse en la narración: el enfermo, a quien le falta un brazo, renace, digamos, con las mismas características y, acaso, bajo las mismas circunstancias familiares.

RESEÑA DE UNA NOVELA HISTÓRICA DE RUBEN ROBLES


LA CONSPIRACION DE LOS ESCOGIDOS: “Un pensamiento tan atroz”


Gustavo Montoya*

El 26 de Julio de 1805, el autoritario y  sagaz virrey Avilés, en carta reservada dirigida al rey de España, le informaba los detalles de la pesquisa en contra de la abortada conspiración de Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde, detectada en el Cuzco apenas unas semanas atrás. Aun cuando los principales líderes estaban bajo arresto, debido a la traición de uno de los complotados, ello no obstante, el Marqués de Avilés no dudó en expresar en esta comunicación oficiosa, el peligro latente de subvertir el sistema de dominio colonial, nada más y nada menos que en Cuzco. Entonces, como se verá más adelante, el recuerdo de la Gran Rebelión estaba intacto.  A ello se refería Avilés cuando señalaba que su propósito, como guardián del orden colonial era que: “se corte de raíz un pensamiento tan atroz”[1]. La expresión es fuerte y reveladora porque proviene de las entrañas del poder colonial.

Avilés al enfatizar como “atroz” el “pensamiento” que había conducido a los conspiradores imaginar un nuevo ordenamiento social con reverberaciones  de lo que se ha venido en nombrar como la utopía andina, en realidad lo que pone sobre el tapete es la textura de la sensibilidad del poder y la autoridad así instituida. Para el virrey, y con él, para los grupos sociales que se beneficiaban del sistema de dominio colonial tardío, los sueños de Gabriel Aguilar y los planes de Manuel Ubalde no fueron ningún disparate, ni tampoco una balandronada. Es preciso dejar sentado este aspecto de la represión, para entender las implicancias y posibles consecuencias de aquel “pensamiento tan atroz”  entre los diferentes grupos sociales de la región.





El grado de intolerancia que expresa la aseveración de Avilés sobre aquel “pensamiento tan atroz” es bastante sintomático de los niveles de paranoia existentes en dicha coyuntura con respecto de cualquier forma de recusación al ordenamiento social vigente. La figura del Inca entonces cobijaba filiaciones contrapuestas entre proyectos de sociedad antagónicos. Pero lo más sensible era que esta conspiración liderada por criollos, implicaba algo bastante delicado, la exigencia de la eliminación –no solo simbólica- del padre. En efecto, pues españoles fueron los padres de Gabriel Aguilar y Antonio Ubalde. Y para el cumplimiento de los objetivos de los rebeldes, criollos en su gran mayoría, eran necesarias dos condiciones suicidas. La expulsión de los españoles del virreinato peruano y la coronación de un descendiente de la realeza inca como nuevo gobernante. Era inevitable no rememorar los rescoldos de La Gran rebelión. Un esfuerzo por situar y encuadrar esta conspiración en su justo tiempo histórico, exige reconocer que esa conspiración fue el hilo de una extensa madeja ideológica, de un compacto ideológico peligrosamente urdido y pacientemente instalado en el zócalo histórico de las mentalidades plebeyas; justamente en ese sur andino que apenas una década después (1814 – 1815)  vio desfilar y trajinar a densas columnas de ejércitos plebeyos ya decididamente revolucionarios e independentistas. Y, por si fuera poco, que dos décadas atrás habían presenciado con espanto el polvo levantado de las masas indígenas enardecidas por los desvaríos y excesos de la Gran rebelión a partir de 1780[2].

Las ideas que siguen provienen justamente de la lectura de la novela histórica La conspiración de los escogidos, de Rúben Robles, un librepensador sanmarquino cuya formación histórica y literaria han confluido para ofrecernos un texto ágil y desenfadado, por las inquietantes figuras y alegorías  históricas que sugiere.
Uno de los mayores logros del relato es el propósito del autor de reconstruir un fresco social del imaginario y las mentalidades de los diferentes grupos sociales que habitaban la ciudad imperial en las postrimerías del siglo XVIII y el fatídico año 1805. La coyuntura  es crucial pues aún no se habían extinguido el recuerdo de las hogueras tupamaristas, un tiempo azuzado  por los ecos de la revolución francesa, y por si fuera poco, el espanto y la conmoción de la reciente revolución de esclavos negros en Haití y el terror que causó dicha insurrección en todo el continente. Un estado de conmoción latente, proclive a la sospecha, la delación y los rumores ciertos o imaginarios en torno a la amenaza que inspiraban justamente el populacho y castas míseras en las urbes,  las plebes indígena y mestiza en las áreas rurales.

La extrema sensibilidad hacia cualquier modalidad de disidencia, rebelión o conspiración real o imaginaria en el sur andino y que la novela logra representar, también puede advertirse por la densa memoria histórica existente entre la elite ilustrada de la ciudad. Como ya fue señalado, el tiempo de Aguilar y Ubalde fue un interregno entre dos crisis estructurales  que terminaron por afectar las bases del sistema de dominio colonial. La revolución tupamarista en 1780 y la rebelión de 1814 que anuncia ya las guerras por la independencia.

Esta memoria histórica sobre movimientos sociales armados autonomistas regionales, fue expresada con meridiana claridad el 5 de noviembre de 1821 por la Real audiencia del Cuzco, cuando invitaron al virrey La Serna a fin de que convierta  la capital de los incas  en la sede de su gobierno: “ Dígnese V.E. recordar que apenas Gonzalo Pizarro y Hernández Girón  antiguamente, y Túpac Amaru y los Angulo en los modernos tiempos, apenas los cuatro rebeldes lograron trastornar esta ciudad a sus partidos, cuando rápida y espontáneamente cundió la insurrección por muchos departamentos lejanos”[3]. No eran tremendistas estos comedidos criollos y españoles asentados en Cuzco pues sabían muy bien de lo que hablaban. Tanto así que pocos años atrás, durante la revolución del Cuzco en el año catorce, el Presbítero Mariano Becerra fue acusado junto con un grupo de insurgentes de realizar preparativos para  festejar: “con gusto las exequias solemnes que se habrían de celebrar por Túpac Amaru, Aguilar y Ubalde, cooperando con estos hechos y otros de igual naturaleza a la insurrección de esta provincia”[4] Ya se ve entonces cómo para el poder colonial en 1814, los vínculos entre Túpac Amaru II y Aguilar y Ubalde fueron más que evidentes. Aquí se pone el acento en el vínculo que se estableció entre Túpac Amaru y Aguilar y Ubalde por parte de criollos y españoles realistas cuzqueños que juzgaron a los rebeldes de 1814 -1815.
La Conspiración de los escogidos, se propone, insisto, representar a una época no solo compleja, sino límite por las consecuencias que se derivan en adelante, pues el narrador, el traidor Lechuga, rememora los eventos que rodearon a la gestación de la conspiración y el desarrollo de la misma hasta su desmantelamiento; y lo hace desde el tiempo de la independencia. Esta evocación del narrador posee un ángulo atractivo para ensayar la trayectoria del grupo social al que Lechuga representa. En realidad a una tendencia sobre la que se conoce muy poco, quizás por los escrúpulos que rodean una reflexión en esa dirección. Y no fueron pocos los que como Lechuga, se hallaban atrapados entre la fidelidad y la disidencia. Es inevitable no rememorar la figura de Vidaurre[5], por ejemplo, y no porque haya sido un traidor, sino por la incertidumbre con que vivió ese tiempo bruscamente jaloneado por cambios inesperados. La novela es una oportunidad para razonar un parte aguas histórico y a los actores colectivos que fueron marcados por la incertidumbre. Esa es la ventaja de la literatura histórica, ingresar a la subjetividad, las emociones, los sueños y pesadillas colectivas de una época concreta. Una duda metódica que también condujo al desgarramiento ideológico interno de personajes como Gamarra y Santa Cruz por ejemplo. Ambos futuros presidentes de la temprana República, militaban como Lechuga en el ejército realista y defendían las banderas del Rey.

Situar a estos personajes en su tiempo. Oficiales comedidos del ejército Nacional defendiendo las banderas del Rey en contra de los ejércitos revolucionarios  porteños en el Alto Perú, para luego a partir del año 1820, con San Martín en las playas de Pisco, cruzar una línea de no retorno y abrazar las banderas de la patria. ¿Una traición? Es una simpleza descomunal. ¿Podían estos personajes actuar de otra manera antes de 1820 teniendo en cuenta la derrota de Pumacahua, los Angulo y el cura Idelfonso Muñecas en 1815 y con la hegemonía militar absoluta de las banderas realistas en ese sur andino trajinado una y otra vez por Goyeneche, Pezuela, Ramirez, Tristán,  para no mencionar a La Serna y el círculo que lo rodeaba y que luego se hicieron del poder en Lima defenestrando a Pezuela en Aznapuquio  el año 1821?

Ese segmento criollo clase mediero insatisfecho con el tardío despotismo ilustrado borbónico sí, pero que tampoco logró hallar un asentamiento entre la plebe urbana chúcara, y mucho menos entre el resentimiento indígena latente, aspecto al que Robles le dedica pasajes un tanto maniqueos. Sobre la conducta del criollo traidor Lechuga se puede ensayar múltiples hipótesis siguiendo el hilo de la novela como también reconstruyendo al personaje histórico que fue. Desde esta perspectiva, la conspiración de Aguilar y Ubalde adquiere una trascendencia descomunal  poco advertida por la historiografía. Aún la severidad con que fueron castigados sus dos principales gestores, se explica justamente por la acumulación de expectativas reformistas y la circulación de rumores disidentes. Escarmentar en ambos conspiradores las veleidades insurgentes activas en una vasta red de cómplices que  difícilmente podrá conocerse en toda su magnitud; pero que los posteriores acontecimientos de 1814 en adelante no hacen sino confirmar justamente la existencia de esa sensibilidad subversiva y levantisca.

La pregunta que sigue rondando sobre la conspiración de 1805 es: ¿Cómo explicar que criollos del interior del virreinato peruano hayan concebido la posibilidad de coronar a un descendiente de la realeza inca como nuevo gobernante en un contexto de profundas mutaciones ideológicas con respecto de regímenes políticos internos y externos ya bajo el amplio espectro de la ilustración política atlántica? Los ejemplos de Francia y Norteamérica estaban ahí como tentación. Como decir que estos rebeldes imaginaron una revolución social convocando al pasado. No deja de sorprender el hecho que Gabriel Aguilar en ningún momento negó los propósitos que fluían de sus experiencias oníricas, y que quizás justamente debido a ello,  no le fue posible ni retractarse ni ensayar alguna modalidad de rehabilitación. Tomar por asalto el poder haciendo uso de la imaginación y los sueños fue en última instancia la consigna de los complotados. Quizás por ello, Alberto Flores Galindo, que le dedicó páginas de reflexión histórica ejemplares a esta conspiración, no haya tenido ningún escrúpulo para señalar: “La contraposición entre la búsqueda de una revolución  y el necesario respeto a la vida. Estos temas asediaron a un personaje que sentimos demasiado contemporáneo: el conspirador huanuqueño Gabriel Aguilar, un criollo que en 1805 pretendió coronar a un inca como Rey del Perú”[6]

La novela de Rubén Robles ha provocado estas breves notas sobre una coyuntura expectante, una suerte de bisagra histórica donde parece cancelarse ese temerario y peligroso horizonte utópico que se levantó con el rebelde de Tungasuca, para ingresar ya al ciclo independentista revolucionario continental apenas tres años después, cuando luego de la derrota de Trafalgar, las bayonetas imperiales de la Francia napoleónica, invadieron en  1808 a una España cuya casa gobernante no supo estar a la altura de un drama histórico, que muy pronto degeneró en una de las anomalías más vergonzantes en la memoria monárquica borbónica. Las consecuencias de toda índole que de ello se derivaron en Hispanoamérica, aún son objeto de severos debates tanto en la academia como en escenarios políticos y sociales.

·      Historiador UNMSM.







[1] Los interesados pueden consultar: Colección Documental de la Independencia del Perú, Tomo XXII, Vol. 1, p. 158
[2] Charles Walker, La rebelión de TUPAC AMARU, (2015)
[3] CDIP Tomo: XXII, Vol. 3, P. 59
[4] CDIP Tomo: III, Vol. 8, p. 563
[5] Vidaurre reivindicó  las figuras de Aguilar y Ubalde a propósito de las traiciones y delaciones  en la rebelión del Cuzco en el año 1814: “ están recientes los premios que se dieron por las inocentes vidas de Ubalde y Aguilar” en: CDIP Tomo: I, Vol. 6, p. 247
[6]  Alberto Flores Galindo,: “La utopía andina: Sueños y pesadillas”, en  Obras completas. Escritos 1983-1990,  Tomo VI, p. 185.

23.12.15

TREMENDO POEMA DEL MAESTRO JÓRGE NÁJAR EN EXCLUSIVA PARA LDL

EL FONDO DEL AIRE

1.
Debo mis horas amargas y mis horas de miel
A la pasión y al amor de estos campos

Desde su garganta de oro canta el gran jefe
Desde su testa emplumada implora serenidad
Retomar el combate limpiarse del miedo

Quitarse la espina de la impura herencia
Esfumar las desgracias y sobrevivir
En nuestra propia eternidad
En nuestra historia en nuestra leche

2.
Se prevén borrascas en la cornisa del sur
En el fondo de la tierra en el norte
El Este y el Oeste todo en contubernio
Ninguna muralla podrá contener
El avance de la única verdad
El telón multicolor de la mentira
Seguimos en la lucha mañana es domingo

3.
Llega la vejez el temblor de los días
Brotan de las cavernas más oscuras
Antiguos combatientes nadie sabe de qué combates
En auge el turbio movimiento se pone en marcha
Las bocas babeantes los rostros purulentos
En el fondo del aire revolotean las moscas
Nombres apellidos creencias

4.
También en los jóvenes perdura el mismo flujo
Los cielos nubosos y las flores del invierno
La gloria de nuestros hijos nuestra sangre
Y el ardor de pasiones muy antiguas
Por eso te odio por eso te quiero
Las ostras bien frescas y el cerdo bien curtido
Los vinos rubios de nuestras montañas
Y el resto al mar de nuestra salvación





5.
Te llevo en la sangre te llevo en la hiel
Antiguo combatiente de batallas perdidas
¡Alégrese nuestro corazón nuestro hígado
El Señor está con nosotros aquí en su reino!
Todo lo nuestro será siempre nuestro
En la trama del placer y del semen
Somos grandes somos fuertes


22.12.15

POEMAS DE CLARA MUSCCHIETTI


El paso se interrumpe
un camión descarga lácteos en un mercadito
los hombres hacen fuerza
el chino del mercado da instrucciones
yo pienso en la cadena,
en la cadena alimentaria de las cosas,
lo mejor que puede pasar es que se vendan todas las leches.

En qué franja del mundo estoy
en la que hace qué
en la que cree en qué
en la que jamás piensa en qué

qué soy exactamente

qué virtudes tengo
en qué franja de la bondad entro.

En el medio de la calle hay un auto dado vuelta
lo custodia una mujer policía
ya no hay personas
no hay accidentados
queda un auto dado vuelta
un auto que ya no sirve tanto
me preocupo por la vida de las personas que iban adentro
cuántos eran
si había niños, una mujer embarazada
un anciano o alguien feliz.

No tengo idea de mi coeficiente mental
cuánto es, que número tiene
en qué franja estoy

tengo una enfermedad crónica
me pregunto cuánta gente habrá
en la franja de los enfermos crónicos.

Mi vecina está recién operada de la garganta
tiene un hilito de voz
ella está en esa franja
su hija está en la franja de los niños con problemas de peso
yo estuve en la franja de los niños fóbicos
de las nenas a las que le comieron la lengua los ratones.

En qué franja cabe mi felicidad de hoy
en qué segmento va
no sé nadar
estoy en una franja que no me queda bien
a mí dejame en el agua que no me voy a morir
estoy en esa franja.

Nadie sabe en qué franja horaria está mi hermana
ese continente no está en esta franja
mi hermana está en la franja de las mujeres altas
yo estoy en la franja de las bajas
y la miro como cuando era chica
hay una franja que nos unirá siempre
la franja de los hijos de Mónica y de Ulises.

Se bifurcan las franjas de la identidad
tanto
que dan ganas de correr
hacia la preexistencia.

En el bebé diminuto que vi en el subte
iba la gracia
la vida
frágil
nueva
en la madre del bebé diminuto que vi en el subte
iba el miedo a lo inmanejable.

La franja de los recién nacidos
es la franja efímera.

Estoy en la franja de los que le deben al psiquiatra
de las chicas con mucho corazón
y muchos lunares
en la franja de los que a veces
duermen mal de noche.






De Karateka (El fin de la noche, 2009).

1

Ese caballo fracturado en el medio del campo, rodeado de otros caballos que perciben la imposibilidad de movimiento, pero no pueden hacer nada.

2

Un árbol que de tan grande no permite ver que hay detrás. Una imaginación demasiado poderosa.

3

Alguien que me consuele todo el tiempo, por lo que pasó, por lo que pudo pasar y por lo que va a pasar. Que me sostenga, lo más literalmente posible.

4

Un animal doméstico muy enojado me mostró los dientes, no le había hecho nada. Menos mal que no tengo cuatro años y sé, dentro de todo, separar las cosas.

5

El último paseo familiar, con la familia ya quebrada, una mancha enorme, en todo lo que implique algo de cariño.

6

Un puente que separa lo mejor de la vida de lo peor. Cruzarlo sin sentir nada. Una anestesia generalizada en cada vena.

7

El caballo ya no puede arrastrarse, está tranquilo, los otros caballos no comen y fingen dormir.

8

Una madre a veces, una madre a veces, una madre a veces.

9

La casa en obra. El baño y la cocina sin artefactos, sin pisos. Dos agujeros grises. Hay personas que no nacimos para ver el proceso de las cosas.

10

La nostalgia puede ser eso que no sabías que necesitabas. También el monstruo del lago Ness.

11

Un cajón que no se abre es un cajón que no se abre. El resto corre por mi cuenta.

12

Van a tirar la casa abajo Van a tirar la casa abajo Van a tirar la casa abajo. Nosotros quedamos.

13

Adonde estaba la casa va a haber un edificio con muchos departamentos chiquitos. Mucha gente que no va a tener nada que ver entre sí. Como una familia disfuncional.

14

Cuando algo importante se cae, se vuelve a caer todo lo importante que se cayó en el pasado.




---De Podría llevar cierto tiempo, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2015
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