22.1.16

El poeta de la República de Badiou



No puedo negar que me he divertido y aprendido mucho leyendo este ejercicio de lo que Genette llamaba “literatura de segundo grado”. Si se me permite, solo flaquea en la parte en que se refiere a la poesía.

Badiou equipara al poeta con el pintor –no recuerdo muy bien pero algo muy parecido hace Platón—y arroja de su sociedad ideal a los poetas por miméticos:

Afirmo, sin tergiversar más, que los poemas marcados en exceso por el sello de la mimesis causan estragos considerables en la inteligencia formal de sus auditores si éstos no disponen del contraveneno, en especial, el saber de lo que esos poemas son realmente, en su ser.

Hasta allí estamos de acuerdo. El propósito del poema es proliferar sentidos, no imitar la realidad. Pero no todos los poetas son miméticos. Es más, los mejores, no lo son. Expulsar a todos por una deficiencia de algunos es una injusticia. Pero si esa arbitrariedad era comprensible en Platón, en Badiou es ridícula:

¿Alguien recuerda una guerra de la que Homero haya salido victorioso, ya sea como general en jefe, ya como principal consejero y estratega del estado mayor? ¿Se pone a Homero en el rango de aquellos que ilustran sus realizaciones materiales? ¿Se pueden citar las invenciones técnicas sutiles y numerosas de Homero, sea cual fuere el orden de actividad, como se lo hace en el caso de Sóstrato de Cnido, el constructor del faro de Alejandría, o en el de Papin de Francia, que hizo rodar un carro accionado por vapor de agua? Y si Homero no hizo nada en nombre del Estado, ¿tra bajó al menos para particulares? ¿Se transmiten los recuerdos de un solo individuo cuya educación haya dirigido durante toda la vida? ¿Uno solo al que le haya gustado frecuentarlo todos los días, y que haya legado a las generaciones siguientes una orientación de la existencia que pueda llamarse "homérica"?

Yorgos Seféris, el gran poeta griego, responde a esta afrenta contra los buenos poetas en “El sentimiento de la eternidad”:

el poeta es quien siente la necesidad de transmitir a los demás el estado poético y consigue hacerlo. Pero para alcanzar ese resultado debe valerse de medios humanos y relativos, que no podemos definir ni desde afuera ni a priori porque continuamente se mueven y cambian. (cursivas mías)


Badiou, filósofo valioso y maestro del pensar, parece no entender que la poesía cambia con el tiempo, como todo. Y que la concepción platónica si discutible hace más de 2000 años, hoy es anacrónica.

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