21.4.16

ALONSO CUETO: " EL ABURRIMIENTO TIENE MUCHO PRESTIGIO"


En una entrevista cedida para Buensalvaje número 15, encuentro estas declaraciones de Alonso Cueto:
"Usted establece una diferencia entre ser un escritor y ser un contador de historias. Lo primero –afirma– se refiere al dominio del lenguaje, y lo segundo a la narración propiamente dicha. ¿Por qué plantea que el lenguaje debe estar ante todo al servicio de una historia y no considera que debe haber un equilibro entre ambos aspectos?
Hay muchas opciones cuando uno es escritor. Uno puede privilegiar el uso del lenguaje, uno puede ser un escritor que cree un sistema de resonancias y de tonos musicales con el lenguaje sin argumentos, sin historias, sin personajes y sin conflictos. Es posible, es una actitud muy respetable. Incluso para mí hay algunos libros importantes que tienen esas características. Sin embargo, por temperamento, instinto o tal vez porque vivo en esta sociedad me siento inclinado por ser un contador de historias. Me parece que contar y escribir una buena historia es extraordinariamente difícil. No hay nada más difícil que estructurar una intriga, dosificar los puntos de conflicto, detallar la evolución de un personaje, definir sus búsquedas, equilibrar todo eso con una exploración de su mundo interior y de los personajes que lo rodean. Por otro lado, una obra tiene que ser compleja, interesante, debe ser una exploración de los límites de nuestra conducta. Pero también una novela tiene que ser entretenida. A mí no me parece que una novela deba ser aburrida. El aburrimiento tiene demasiado prestigio.
¿Esto podríamos resumirlo en que es más importante el «qué se cuenta» que el «cómo se cuenta»?
No, no es más importante. La forma es algo fundamental. La razón por la que un escritor es un escritor es por su forma. Es decir, la razón por la que Borges es Borges, o Joyce o Rulfo, no es por sus ideas o por sus puntos de vista o por sus visiones del mundo, sino por la forma que le han dado a sus obsesiones personales y sociales. Este es un asunto que se olvida con mucha frecuencia: un escritor es considerado como tal por la forma personal que le ha dado a sus historias. En esta ecuación, la forma es inseparable de las historias y afín a todas".
Esto confirma lo que yo afirmaba hace algún tiempo en un debate en las redes sociales. La historia en una novela --obviamente no hablamos de cuento ni menos de poesía-- no es tan importante como la forma, aunque ambos son indisolubles. El gran ejemplo de esto lo cita precisamente Cueto en la segunda respuesta citada: James Joyce.
Si nos fijamos bien, la historia de Ulises es pueril: 24 horas en la vida de un ciudadano común, demasiado común: Leopoldo Bloom. Si algo sostiene Ulises y lo lleva al siglo XXI como un referente ineludible para la novela, es la forma en que Joyce ha contado su historia. La exhaustiva inspección estilística que hace a lo largo de toda su novela, reflejando todas las etapas de la literatura inglesa en sus capítulos. Recordemos además que diversas estructuras discursivas se dan cita en este libro: diálogo teatral, narración impersonal, monólogo interior, etcétera.
Asumiendo un papel de consejero, es muy peligroso que un novelista joven asuma que lo más importante en su trabajo es lo interesante u original que pueda se la historia que cuenta. Ello solamente equivale a las buenas intenciones en la vida real. Si se quiere ir más allá de ese aspecto ideal, se tiene que hacer énfasis en la forma y la estructura.

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