22.4.16

Encuentro con "El idiota"




Gracias a la colección Penguin Clásicos, tengo la oportunidad de leer la única novela que me faltaba de Dostoievski: El Idiota, en traducción de José Lain Entralgo y Augusto Vidal. Voy por la mitad y me queda claro que, a diferencia de Los Hermanos Karamazov y las demás grandes novelas del ruso, el papel de los diálogos no es tan importante, aunque entra dentro los ejemplos propuestos por Bajtin para su concepción de la poética del escritor ruso. Me apresuro a citar lo dicho por el crítico en su Poéticas de Dostievski:

En las novelas de Dostoievski todo se reduce al diálogo, a la contraposición dialógica en tanto que centro. Todo es tan solo recurso, el diálogo es la finalidad propia. Una sola voz no concluye ni resuelve nada. Dos voces es un mínimo de la vida, un mínimo del ser. En la concepción de Dostoievski, la infinitud potencial del diálogo ya de por sí resuelve el problema acerca de que esta no puede tener argumento, en el sentido estricto de la palabra, puesto que el diálogo argumental tiende a su conclusión tan necesariamente como el mismo suceso argumental cuyo momento representa de hecho el diálogo.

Lo que me ha interesado más hasta ahora en esta novela es la caracterización minuciosa y precisa que hace el narrador de cada personaje. Así, cuando empieza la narración, hay una descripción aguzada de los personajes que se encuentran en un vagón de tercera del ferrocarril. Esta descripción no solo incluye los rasgos físicos de las personas, pero también la ropa que llevan, la actitud corporal y aun alguna percepción subjetiva colegida de estos rasgos descritos. En un solo párrafo, uno de los personajes más importantes de El Iidiota, Nastasia Filipoppvna, queda prácticamente inmortalizada:

Se trataba de una mujer de belleza realmente extraordinaria. Había sido fotografiada con un traje de seda negra, muy sencillo y elegante; los cabellos, al parecer castaños, estaban recogidos con sencillez, con un peinado de andar por casa; los ojos eran oscuros y profundos; la frente, pensativa; la expresión del rostro era apasionada y un tanto altiva. Era un semblante algo delgado y acaso pálido...





En estos tiempos de novelas escritas a la velocidad del fast food, con personajes tan rápida como olvidablemente caracterizados, resulta de algún modo sabroso hojear novelas como esta, que me llevan a pensar que las grandes creaciones narrativas de fines del diecinueve y principios del veinte resultan hitos insuperables en este y otros aspectos.

1 comentario:

  1. a mí me parece de sus grandes novelas, la he leído varias veces ,creo que es una cumbre del siglo XIX..sé feliz si te dejan..

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