21.4.16

RESEÑA DE "ALLÍ DONDE BROTA LA LUZ"



Nájar: palabra que arde en las sombras


Publicado por primera vez en Colombia en el 2007, Allí donde brota la luz (Éditions Folle Avoine, 2015), con traducción al francés de Michèle Laforet, es la entrega más reciente del poeta de origen horazeriano Jorge Nájar (Perú, 1946).

El volumen tiene una división tripartita cuyo cuerpo principal --más o menos el 70% de todo el poemario—lo constituye la sección titulada “Linderos”. El discurso poético está signado por la fatiga existencial, el sentimiento de frustración y de inutilidad, las visiones, o más bien falta de visiones, del nihilismo, sumado a una imaginería de viaje y búsqueda de la verdad casi siempre elusiva
.
Un solo poema, breve, grafica alguno de estos aspectos, el énfasis es mío:


ÁRBOL DE ORO
A la sombra del Árbol de Oro los dioses duermen
Tramando sueños debajo de una oscura piel,
tejiendo los hilos de una memoria secular.
A su sombra, el vellón de finas hojas.
Y ahí mismo yo vivo de noche en una oscura madriguera.
Escondo palabras extrañas en la oscuridad.
Dibujo flores en el vacío. Observo los astros.
Un diluvio de flechas hacia mi oscuro destino.
Y no me conformo sino cuando el tiempo
es arrancado de su inmovilidad. Y todo arde.
Los dioses, sus hijos y el árbol.
Todo se esfuma en el polvo del camino.


Si bien el poemario se estructura como un viaje por tierras extrañas, con episodios donde el contrabando y el encuentro con tierras de oriente se erigen como locus recurrentes, casi siempre el yo poético retorna a la inmovilidad y el vacío, a la carencia de certezas y a la inutilidad de todo esfuerzo por zafarse del agobio vital: “bajar por las laderas cantando mulizas,/ pasacalles, huaynos al borde de los precipicios/ en pos de nada, encontrando nada”. “A un lado humea el camino férreo. Y al otro, las huellas de los hombres./ Entre ellos avanzamos, ¿en pos de qué?”.

En el poema “Canción del sepulturero” podemos leer: “Aquí nada permanece. Ni los muertos.” (…) “y todos nos hundiremos en la nada” (…) “el sudor y las lágrimas de nada sirven.” “Por eso, cuando mi hora llegue solo deseo arder”.

Parece obvio, entonces, que la angustia existencial y la necesidad del viaje como una fuga frustrada ante la anomia del yo poético, se expresan a lo largo del libro en escenarios diversos. Es de resaltar la forma en que se asume perspectivas diversas en el discurso, por medio de la interpolación de la primera y la segunda persona. En ocasiones el yo poético parece dirigirse a sí mismo, en un acto de habla autorreflexivo. Un solitario pero contundente rasgo de contextualización social encontramos en Allí donde brota la luz: “por el camino oscuro ladran los perros/ y entre las peñas crujen los huesos/ de quiénes no aguantaron el mundo/ masacrados por las leyes del mercado”.

La última sección del volumen, titulado “Resurrección”, ofrece al lector un cambio de registro. Al menos en lo formal. De poemas mayoritariamente breves y versos en cierta forma medidos, pasamos a largos versículos ornados suntuosamente con elementos e imágenes de la naturaleza. El mood oscuro apenas ha menguado (“Está cayendo la noche y aquí estás con la imaginación extraviada en quién sabe qué coordenadas. O en qué otros paralelos”). Mas el poeta, finalmente, parece haber aprendido a “vivir y amar en el desorden, en el caos, en el llanto”, como se afirma en el verso que cierra el libro.

Como hemos visto por solo algunas de muchas citas que se podrían hacer, lo existencial y el nihilismo predominan en el volumen. Sin embargo, el título se justifica en la medida en que la búsqueda de la iluminación constituye para el poeta un norte irrenunciable. Aun el fracaso de su viaje y el incesante sentimiento de no pertenencia –reflejos lejanos del simbolismo y malditismo franceses, y de cierto surrealismo-- no están exentos de ese bello fulgor de las palabras que arden acechadas por las sombras.     
 



  

1 comentario:

  1. Anónimo23.4.16

    gracias. buscaré este poemario.
    John D

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