28.7.16

CINCO POEMAS DEL POETA COLOMBIANO DIDIER CASTRO




Cuarto

La luz entra desde la ventana
Suspendida en el aire
Atraviesa todo el cuarto
Un balón está sobre el piso de madera
El cuarto está pintado de blanco, tiene el techo muy bajo
Hay una botella con agua detrás de un gran cajón de madera

La cama tiene un colchón duro
Junto a ella hay una caja llena de libros
Un maletín lleno de ropa

Hace frío, un ratón cruza desde al gran cajón de madera
Hasta el balón y cruza de allí hasta la caja de libros
El sol se va con la tarde
El frío aumenta.
Las paredes se vuelven grises


3am
Me acosté a las 3 am borracho, sonriendo a carcajadas
Vino mi hermano y me dijo que me calmara
Me quitó la ropa y me acomodó en la cama
Puso la cobija sobre mí, arropándome
Diciéndome que descansara
Y yo reía
Reía tanto.



Esto es todo lo que debo hacer

puedo decirme hey, olvídalo
pero la oración quedaría allí
invadida por el silencio.

no hay forma de escapar

y no quisiera estar escribiendo esto ahora,
no de esta forma

probablemente al terminar lo publique en facebook o
blogger
y estaré pendiente de las notificaciones
y del número de visitas

comiéndome las uñas esperando la aprobación de alguien

esto es todo lo debo olvidar y no puedo




Llevo 2 horas hablando por skype con rut

Llevo 2 horas hablando por skype con rut
En realidad no hablamos, leo poemas que voy encontrando en internet
Le he leído poemas de jordan castro y ha dicho que le gustan
Leo un relato de roberto bolaño
Leo a bukowski a paul eluard a szymborska
Ella me escucha, en silencio
Cada vez que termino de leer ella aplaude
Sonríe

Esta es de las pocas conversaciones no sexuales que tengo por skype
Aunque decir conversación es una exageración porque
He hablado todo el tiempo mientras rut ha estado en silencio
Sin decir nada
Es idiota sólo leer y no plantear ningún
Tema que pueda acercarme a ella para entablar
Algo más que una amistad
rut escucha asintiendo con la cabeza
Debe estarse preguntando por qué este tipo
Extraño de otra ciudad lee sin descanso todo lo que se le atraviesa
Para ella será extraño que no le pida que se desnude
Si han hablado tanto de eso en el pasado

Antes no importaba tanto estar en internet
Porque de hecho internet sólo ha sido importante
Desde que descubrí que podía ser otra persona en él,
Otro avatar con otro nombre

Tengo muchas pestañas abiertas en mi navegador
Hago muchas cosas al mismo tiempo
Luego de colgar la llamada pienso en desaparecer



Tres Semanas

Vamos a irnos y desaparecer.
Tomaremos un avión con el dinero que tengamos e iremos y tendremos sexo como lo tuvimos en el baño del bus que nos llevó de Cali a Bogotá, nos esconderemos luego bajo las mantas para dormir y soñar y despertar de nuevo para encender nuestros ordenadores y tuitear y tener conversaciones largas con nuestros amigos en facebook. Luego nos desnudaremos y nos tomaremos fotos que subiremos a snapchat tocándonos de forma anodina porque estamos cansados, nuestra mirada está agotada en nosotros. No queremos vernos. Lo haremos una y otra vez y luego beberemos café y ron y estaremos por ahí en la noche buscando qué comer, pidiéndole a los meseros platos que no hemos probado antes.
Reiremos aunque luego estemos de nuevo tristes porque la tristeza es así. Porque te la pasas mal y yo me la paso mal y nuestra vida se ha ido al traste y así nos hemos encontrado. Me chupas la polla mientras en la televisión pasan los simpson y te como el coño mientras en la radio suena chet faker, y permanecemos así, encerrados en un piso que te han dejado a cuidar unos amigos que se fueron de viaje.
Nos reventaremos.
Nos desquitamos de la vida porque no hay ningún lugar al cual podamos ir. Las drogas y el sueño y la noche amplia y larga que nos cubre, el cuerpo unido al otro en desesperanza y ritmo monótono que no produce ninguna sensación más que la del vacío.
La del olvido.
Hay que sentir algo y cada vez vamos más fuerte y al bajar del avión nos encerramos en un hotel barato, no salimos en dos días. Bogotá es fría pero la ira contra la vida nos calienta. Saludamos a los extraños en las calles y en un bar nos vamos con otra chica que tendrá un nombre que le inventamos porque nos hemos inventado nombres distintos a nosotros también. Estamos hechos un agujero negro en el que la frustración gime y llora.
Estamos así.
Todo el tiempo.
Así.
No queremos nada más. Pero la vida nos devuelve cada uno a su lugar sin  tener ni puta idea de cómo seguir y nos drogamos de nuevo juntos buscando excusas en la noche. Cali es así, cálida, y la vida se siente como el pinchazo de una aguja que entra y saca algo de ti pero que no es nada más. No es mayor cosa.
Los autos y las motocicletas.
Los árboles y el césped en el que nos tiramos a ver la luna y las estrellas, a contarnos sobre la vez que los vimos con otras personas, cuando pensamos que la vida iba realmente bien cuando iba realmente mal.
Cómo ahora mismo va y se encamina.
Nos besamos, luego nos golpeamos, nos escupimos, nos llenamos de ira, nos gritamos, nos separamos y tomamos caminos diferentes. En un bar dos horas después nos encontramos, me la chupas en el baño y dices que es porque estás borracha. Permanezco callado, preguntas por qué y todo es así.
La puta desesperación.
Lloras, me ves a los ojos. “Es justo así… todo”, dices. “Siempre me pasa esto”, dices. Lloras, y yo lloro, y te abrazo. Digo que siempre soy igual. Que mi vida va mal por mi mala actitud, nos abrazamos y en casa nos desnudamos, nos quedamos desnudos frente a la cámara mientras desconocidos nos ven.
Ya no somos de nosotros mismos, somos nada y para nadie. Sólo queremos hacernos fuertes y resistentes de nuevo. Una pastilla y otra y el beso y el sueño.
A la mañana salgo sin despedirme, o quizá lo hagas tú, no lo recordaremos con precisión pero nos sentiremos igualmente solos y separados. Nos cruzaremos en la calle y estarás con alguien más y yo estaré sentado riendo con una chica que conocí en una charla de un escritor que por lo demás estuvo patética.
No sucederá nada más.
Será como si nunca nos hubiéramos encontrado ni tenido ni conocido ni hablado.
Es así como siempre sucede.
Irnos y desaparecer.  



21.7.16

DOS POEMAS DE WILLNI DÁVALOS (CUSCO 1988)



DULCE NERÓNICO


Mi dulce Nerón, alimaña bebe, dorado embrión de muralla china,
                                         e s p i g a

¿Qué haces despierto a estas horas, en qué subgénero de tiempo te arrastras?

El ordinario parloteo de los esclavos
ha logrado extraerte
del rijoso sueño apenas comprensible por tu pueril mente.

Vuelve a ellos, semilla de rey, duerme otra vez
envuelto en seda
bebe de láudano en vaso
un sólo vaso que estrague tu dolor.

Mi dictador de pies planos,
rojizo enano,
no llames a tu madre.
Divirtiéndose está en la sala de juegos junto a cuatro viejos generales
Su hiena carcajada, el rumor de su éxtasis, no te pertenece.



Fantasmas no son. En palacio no se muere, mi Nerón.





II

Obsenato maneja la espada.
No hay objeto más dócil en sus garras,
ésta recibe el electroshock vital de sus falanges.


Su Padre, el amo nuestro, le ha enseñado.

Él mismo le dijo:

Ves, hijo, hay objetos que la muerte ha ideado.
Hunde el filo en el pecho y brotará el gas del alma
que no te importe. El dolor ha de purificarlos.

Obsenato renuncia a la vergüenza,
degüella ancianos, lanza niños desde lo alto de su yo.

Su madre lo mira con ternura, ya es todo un hombre:

“embriáguenlo y cuando no pueda hilvanar ideas coherentes
mándelo a mi habitación”

Así sucede.
La reina devora la fruitiva pulpa del inconsciente.
Por todo el reino se coligen los chismes.
Ya es un hombre, un hombre magro, afirma la ensalada de voces.
Y el hombre despierta abotagado de resaca.
Voz de mujer sagaz y dulce le dice que la noche lo ha trasformado
y que está listo para fecundar,
que es fértil
-por el sabor del esperma ella lo sabe-

Tendrás tu propia humanidad con ese falo y ese germen.
Sólo busca un vientre coyote, una cernícala hembra que no envenene
tu gélido bulbo.



III



Obsenato es despertado un vez más.
Los sueños lo expulsan de sus cavidades.
Lo irreal no es para él.
Deja al poeta mentir, al músico gozar, al actor imitar.

Él, arte.

Él, aire.

Él res/inspiración.
Suena melódica la súplica.

Él tiene orejas sólo para él.
Las hieródulas le susurran telepáticamente: “Es hora, despierta”

“Mucho ha costado, poco fácil ha sido
pero aquí están, como quisiste
trece vírgenes maniatadas.
Para ti y para los tuyos, esos artistas epifitos”



Obsenato, bálano de fuego, patrocinador de placer,
obliterador de culpa, se eleva sobre sus piernas y grita:

Que todos nieguen esta noche porque será imposible olvidarla,
aplasten al insecto culpa,
la sobredosis de endorfina está cerca.
Deléitense, abusen.
Lo tienen todo, yo mismo se los doy.
Por aquí, el buffet de vírgenes, hagan lo que la bestia pida.
Por allá, la química depravada, hagan lo que la inconciencia ordene.
Los manjares exóticos, el arte prostituto.
Hagan lo que hagan,
háganlo por mí
que esta noche me elevo, que esta noche resuelvo
el enigma de la existencia.

Bullen los cómplices. Gritan:                                             ¡bravo, rey!
Alzan los brazos, van a las vírgenes,
inhalan agachados, fuman, beben y ríen;
comen despacio, devuelven lo lento, comen gustando,
defecan y siguen comiendo.

Ilimitado, suprarreal paroxismo.


Y, sin embargo, sólo un hombre queda quieto
ese hombre apresura la cicuta a su boca
y un minuto después se acomoda en la litera
a morir.




CRÓNICA DE UN DELIRIO CRÓNICO

Pude sentir el rumor del grupo desintegrándose
en aisladas células por toda la pequeña plaza del pueblo
PAUKARTAMPU,
como un baúl de esculturas coloniales,
a 2.906 metros
sobre la pequeña célula que llamamos Mar.
Mi hogar congelado a la distancia, mi cama naufragaba inerte
y mi cuerpo de mecánica ilusoria cojeaba
con la pata de botella
sobre las calles empedradas     ciego de metanol.

Vine con veinte céntimos y no me alcanza
para un cigarro, para un choclo,
para un pedazo de tierra con techo.
Sin alternativa le robé cigarros en cajetilla a una vieja dormida
y vagué alocado ofreciendo fallos a extraños y extrañas
hasta que mi nombre fue pronunciado entre el furor de miles
ebrios de música y fuego.
Mis amigos me tomaron entre sus brazos.
“ ¡Viniste! ¡Viniste! ¡Has venido!”
y de pronto mis ojos sanaron, mi cabeza
estable de nuevo y sonreí bailando al compás de
La Banda De Músicos Menos Pretenciosos del Mundo Entero.
De Los Auténticos Manipuladores del Clima
y qué mierda es el frío sino unas cuantas terminaciones nerviosas sin mucho que hacer.


La masa y yo moviéndonos pares, la masa me arroja una chica que coge mis manos
y giramos gritando por vez milésima ¡HE VISITADO PAWQARTAMPU!

Luego un hermano mío cae boca arriba – Trompeta tarola saxo punzaron me la espalda
Mi hermano empachado de nubes         –  He girado a ver la palmera colosal:

Movimientos antiperistálticos agitan su cuerpo bajo la palmera

Él se está ahogando
con su propio vómito que comienza a salir por sus fosas nasales
y se agita
hasta que es puesto en posición adecuada por fuerzas privativas de este poema
(De quebrada prosa-de carácter veleidoso- de ritmo pesado y castrada voz ofuscada)
y deja la estampa de su felicidad sobre la botella de ron con cola ,
sobre sus zapatillas
y por consiguiente, sobre todo el marchito escenario donde se realiza anualmente
esta fiesta que no es otra superflua excusa
para comprar, consumir y vomitar.


Baúl de esculturas coloniales:
chacras y ganado y gente de campo sustentando
en la espalda a un puñado de familias de poder
que alimentan al extraño que soy yo, a los foráneos que soy yo.
Sopa, segundo, cerveza, todo gratis, sentado rodeado de gente maciza,
de ancianos bigotudos con nietas sensuales sobre el regazo
y nietos altaneros mirándonos a los anónimos con desdén y lejanía.



Al amanecer
he despertado en el templo donde se celebra
la eucaristía en quechua
y se vela, también en quechua,
con fervor quechua
a una pequeña estatuilla antropomorfa de rasgos castellanos
apodada por todos como Mamacha, Madre Virgen del Carmen.
Y mi estómago que piensa mejor que yo, me coge de las piernas arrastrándome
hasta el mercado, al arroz con huevo y encebollado
hasta que la voz  pronuncia mi nombre;
el hombre es alto y dice conocerme. Me lleva consigo ante su grupo.
Bailarines con la Idea del Clan Privado Primitivo incrustada en sus mentes de
prestigiosos amos, de dueños de tierras y alimentos que no permiten a extraños
en sus entrañas, si no sentados a su mesa pero no en su mesa. 
Me echan y otra vez, sin culpa, con alevosía
robo una botella de trago esta vez mirándoles a la cara
y susurrando para mí:

“Hago todo lo que quiero,
obtengo todo lo que merezco”.

Y merezco la insania.

Un foco reventándome en la cara y desfigurándome para siempre.


Consiguiendo de aire y tierra el combustible                mi telaraña vibra
y la mosca blanca respira trémula, acepta el vaso de licor envenenado
y se lo bebe. Asiéndola a mi gusto, tomo su mano y la llevo a la oscuridad.
Todos alrededor miran la nada e imaginan formas agradables y creen estar felices
pero la ilusión es traicionera y antes de sonreír ya están despertando en el futuro
pero yo no me ilusiono, yo alucino tener otra historia y llamarme Abel o Gilgamesh,
usar sombrero, poseer ganado trabajo humano y ella, simpática mosca de nalgas suaves
y caderas marcadas por la juventud de sus 18 años, era, en mi demencia, una buscona
a la que tendía que desgraciar, y le dije, avalado por la impunidad irracional:

  “Te haré un hijo antes de esfumarme.
Te mancharé con carca y saliva
mientras disuelvo tu cuerpo en ácidos gástricos
segregados por mi hocico
para luego engullirte   
l e n t a m e n t e…”

Amanece.

En mi cabeza el peso de litros y litros de licor amargo
hacen que me sorprenda del Sol indetenible.
En mi brazos la flor manzana recostada y tibia.
Le beso la frente y pienso en la noche
cuando no pensé. 
Se despierta, vemos el pueblo a lo lejos.
Estamos en el cerro granate, estamos cansados de extraviarnos entre nosotros.
La dejo en el Templo y vemos a los miles sobrios devotos y Sol
llevar en andas, nobles y serios como los asnos, a la Matrona de yeso.




No es necesario estar loco para seguir oyendo
a los demonios susurrar a nuestras espaldas
ideas de plata que nos enceguecen
con su brillo de fatídica ficción.

7.7.16

NARRATIVA Y LUGARES COMUNES

En una implacable reseña de José Carlos Yrigoyen al reciente libro de Jennifer Thorndike (ver la reseña completa aquí), encuentro este párrafo especialmente interesante para mí:


Una de las principales causas por las que Esa muerte existe es un libro fallido es la gran cantidad de lugares comunes que lo pueblan. Abandonando toda pretensión de originalidad, el abuelo sádico y lascivo es nombrado como el Monstruo; otro de los personajes es bautizado con el unidimensional mote de Basura, y así por el estilo. No hay ninguna sutileza, claroscuro o ambigüedad que rescate de lo obvio o del estereotipo a las acciones o actores de esta exacerbada tragedia. Hay exquisitos retratos del mal y de la pesadilla que se emparentan con el que ha intentado dibujar Thorndike, como es el caso de ciertas novelas de Jelinek o de los cuentos de Kobo Abe, de quien incluso se ha utilizado una frase para epigrafiar esta novela. De esos modelos Thorndike solo ha aprendido lo más efectista y epidérmico. Se alude continuamente al sufrimiento, la desolación o la vergüenza, pero no existe la menor profundidad psicológica en sus personajes que los avale, por lo que todo queda en lo meramente enunciativo. A todo esto debe sumarse un muy mal uso de la narración en segunda persona.




Me interesa especialmente lo que se ha llamado lugar común. Esta caracterización tal vez sea una de las más seguras para reconocer la falta de maduración en un relato o en una novela. Normalmente los lugares comunes florecen como hongos cuando la escritura permanece demasiado tiempo en la dimensión enunciativa. 

En la ausencia de simbolismos, de alusiones, de multiplicidad de sentidos, lo más desconcertante, atrevido, resquebrajante que puede dar el autor (y que tal vez este percibe como deseables) no pasan de ser elementos chatos, sin relieve, como dice el crítico: efectismos.

Nada sorprendente en nuestro medio, lamentablemente. Nuestra joven literatura no está a la altura de las editoriales que los acogen. Esto porque razones extraliterarias intervienen en la elección de los textos a ser publicados. Más pesan el amiguismo, lo mediático del autor y la capacidad de la editorial para explotar la imagen del escritor.

Mientras esto siga así, no nos sorprenderá que nuestra nueva literatura (sic) abunde en lugares comunes, denotatividades y efectos nada especiales. Espero las excepciones.



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