3.2.18

ANTONIO ORTUÑO: UN RESCATE NECESARIO


Por Víctor Coral.






Los mejores estudiosos de la literatura juvenil establecen ciertos tópicos que debe cumplir un libro para entrar dentro de ese predio literario (por no llamarlo con esa horrible palabra "subgénero"). Léxico generoso, personajes jóvenes, amores y desamores, aventuras, dolor, violencia, búsquedas, aventuras, pero sobre todo mucho entretenimiento. Ya lo dijo el mismo autor en una entrevista: "Si una novela aburre, fracasa".

Y vaya que que no aburre El Rescate (FCE, 2016). Plagada de brincos (el verbo es ortuñano) temporales y espaciales, de personajes medio ariscos y medio entrañables, de acciones atrevidas y aventuras impensables, imaginamos que la novela no deja respiro a su joven lector, aunque tampoco a quien se arriesgue a mandar al traste las divisiones genéricas y esté dispuesto a disfrutar de una novela que tiene mucho de un policial, de una parábola política y de un necesario sarcasmo social que surge desde la adjetivación corrosiva que administra sabiamente el narrador a lo largo de todo el libro, para avanzar hacia las situaciones límite en que se ven envueltos los personajes principales de la novela.

Si bien la impronta de Fonseca e Ibargüengoitia son claras en la forma de asumir la escritura de Ortuño, hay acaso influencias más lejanas y "prestigiosas", que pueden pasar por Swift, el Tristam Shandy o algunas novelas de Bulgákov. Me atrevo a proponer que su efectiva sintaxis narrativa tiene que ver con el mejor MVLL.

Pero Ortuño tiene lo suyo y nadie se lo quita. Una suerte de feminismo soft de sus narradores, donde las mujeres siempre son o más listas o más dominantes o más inteligentes o más determinantes o más... Y esta novela no es ninguna excepción. De alguna manera es también una retorcida historia de (des)amor, además, por supuesto, de ser un singular datzibao de desapariciones y búsquedas frustradas. Dicho esto, acaso uno de los grandes logros del autor es sostener las varias riendas diegéticas del libro y llevar el todo hacia una resolución de cada uno de los conflictos que se han ido planteando a lo largo de la historia.

El libro, por cierto y por supuesto, no es perfecto. Porque ninguno lo es. Se excede, por secuencias, en adjetivaciones excesivas. Cae en algunas frases hiperbólicas, y sobre todo pone en juego demasiados personajes para tan pocas páginas, lo que impide al narrador desarrollar como se merecen toda la gama de personalidades puestas en juego. Si tomamos El rescate como una novela corta, el maestro del género, Arthur Schnitzler, recomienda centrarse en los personajes principales, profundizar en la caracterización de estos, y trabajar como a pinceladas breves pero profundas los personajes secundarios.

Más allá de estos detalles producto de la problemática que plantea el género juvenil per se, y de la zona de no lugar en que nos deja una novela que no termina de abandonar los parámetros de la novela corta, la novela de Ortuño resulta una típica novela de su producción, con todos los ingredientes narrativos propios de sus otros libros. Así que la recomendación se hace inevitable, sobre todo en nuestro país, donde la novela juvenil peca de ingenuidad y hasta de cierta pacatería.

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